El que mucho abarca…

Las acciones de unos pocos no deben de ser la imagen central de la institución, pero si hay que echarle toda la responsabilidad a la institución por permitir que estos desequilibrados mentales ingresen sin más ni más a ejercer una de las labores más indispensables en cualquier sociedad democrática.

Por: Leandro Toro Valencia

Es indiscutible que esta semana, y a lo largo de toda su historia, la policía nacional se ha visto seriamente afectada en su imagen debido a algunas actuaciones de algunos de sus miembros que dejan mucho que desear de alguien a quien se supone está para protegernos. Incontables videos que muestran la brutalidad de estos individuos, testimonios de personas que alertan sobre estos accionares y la realidad latente que uno ve en la calle cuando un policía indolente no se estremece frente a las realidades.

Si bien catalogar a toda la institución de que son unos bárbaros, asesinos, indolentes, sádicos, antisociales, peligrosos, egoístas, desconsiderados, abusivos, represivos, cobardes o aprovechados es desconocer que hay miembros muy humanitarios y acordes a su labor, si podemos perfectamente aplicarle estos calificativos a quienes no tienen el menor reparo por atentar contra la vida de seres vivos y la dignidad humana.

Las acciones de unos pocos no deben de ser la imagen central de la institución, pero sí hay que echarle toda la responsabilidad a la institución por permitir que estos desequilibrados mentales ingresen sin más ni más a ejercer una de las labores más indispensables en cualquier sociedad democrática, como lo es la garantía de los derechos de los ciudadanos. ¿Qué pasa con los controles para el ingreso de personal a esta institución? ¿Qué formación humana se les está brindando a estos jóvenes?

En este sentido entonces la responsabilidad directa de que éstos sádicos tengan un arma en las manos o se crean los todopoderosos por tener un uniforme sí recae directamente en la institución que solo se preocupa por llenar ciudades de efectivos policiales y no se da a la tarea por asegurar la calidad en ese servicio que estos hombres prestan.

¿Y quién se encarga de que la institución si haga efectiva esa premisa de calidad sobre cantidad? Es indiscutible que por razones funcionales y económicas la institución debe de cubrir y cubrir las áreas urbanas y rurales de las ciudades como sea, pero ese detrimento de la calidad de su labor ha llevado a que se presenten estos hechos, que no son aislados y son una forma de actuar y hacerse ver la policía, consecuencias de querer abarcar mucho pero de las peores formas.

Somos nosotros los ciudadanos, contribuyentes y los directos afectados por las acciones positivas o negativas de la policía, los llamados a exigir a la institución que prepare humanamente a estos efectivos policiales, que se les llene la cabeza de algo más que de egoísmos y de sed de poder para que la labor policías de garantizarnos nuestros derechos se cumpla de la mejor manera. ¿Y cómo lo hacemos? Bueno, pensarlo es nuestra tarea.