Sólo en el ámbito de la justicia internacional podrá saberse la verdad, y eso si el imperio lo desecha, como ya ocurrió con Noriega y otros tiranuelos que cayeron en desgracia en el pasado. ¿Uribe desechable por los gringos?

 

Por: Carlos Victoria

La tangente es el nombre que en Colombia adquiere el cinismo y la hipocresía. Máxime si esta se traza en las altas esferas políticas y gubernamentales. El caso Santoyo lo prueba una vez más. No fueron suficientes las actuaciones criminales de Noguera, ni de otros allegados a la Casa de Nariño. El jefe de los implicados siempre se ha salido por esa línea delgada pero efectiva, a la hora de responder ante la opinión.

La tangente delineada va desde eludir la responsabilidad política hasta propagar cortinas de humo que distraen y legitiman las actuaciones de los acusados. Todo con el fin de confundir, distraer y, finalmente, desconcertar. Se trata de varias y múltiples jugadas que le llevan, en el caso del expresidente Uribe,  a recibir un remoquete en las redes sociales que va como anillo al dedo: “El Cínico”.

Salirse por la tangente es propio de una cultura mafiosa con un fuerte arraigo en la mentira, el silencio y el engaño. Estas reglas del juego, sumados a otros atributos delincuenciales, se han tornado en auténticas instituciones sobre las cuales descansa en buena parte el ejercicio de gobernar en sociedades aupadas por el crimen organizado, en suma por el narco paramilitarismo, como lo demuestran los fallos judiciales.

Hoy Uribe se aferra a esa línea delgada, la cual se desplaza por una curva sin frenos, tras las múltiples investigaciones y condenas a miembros de su círculo más cercano. El entorno criminal que rodea al expresidente parece más bien un infierno mientras trata de sofocar las llamas, pidiendo auxilio y hasta haciendo de bombero: “me siento ofendido por su apoyo a las AUC”, dijo al referirse al ex General encarcelado e imputado en EU.

¿La tangente tiene fin? Lo que es un problema geométrico se torna un desastre en el campo político y judicial. Todo dependerá de la velocidad y las características de las esferas que roce. Hoy su ex jefe de seguridad estaría dispuesto a decir toda la verdad en EU., a cambio de prebendas. No ha habido otro momento más excepcional que este para que se sepa cuál, al final de cuentas, ha sido el intríngulis de una conspiración que cobró miles de vidas humanas.

La esfera que toca la tangente de Uribe no está completamente bajo su control, y depende de las jugadas que el aparato judicial gringo acometa. En vísperas de elecciones presidenciales allá vale preguntarse cuál sería el papel del Departamento de Estado y de Justicia frente a este caso en particular que pareciera adquirir una dimensión cada vez más inusitada. Leyendo a Estulin, las ilusiones se desvanecen: el jefe del Puro Centro es una ficha en el rompecabezas geopolítico regional.

Las tangentes de Uribe parecen no tener fin. Ahora acaba de inventar la tesis según la cual algunos generales de las FF.AA. obran como  negociadores de paz, y por tanto hacen parte de la esfera terrorista. Esta  versión es una especie de túnel metacarpiano para contra atacar y deslegitimar cualquier acción del gobierno en ese campo. Sin el apoyo  de EU y  sus aliados en nuestro país en la lucha contra la subversión, las tangentes del expresidente serían efímeras y endebles. Los enroques del Tío Sam con buena parte del empresariado criollo aún no le fallan.

Sólo en el ámbito de la justicia internacional podrá saberse la verdad, y eso si el imperio lo desecha, como ya ocurrió con Noriega y otros tiranuelos que cayeron en desgracia en el pasado. ¿Uribe desechable por los gringos? El problema para su tangente es que su capacidad de control sobre las esferas es cada vez más débil, máxime si Santos corona un nuevo periodo. Sin embargo, y por lo pronto en El Ubérrimo, pese a la voz de los opositores, no hay nada que ponga intranquilo a su  dueño: Santoyo no lo implicará, así los abogados de este digan que la política judicial norteamericana viene por el entorno político, económico y militar en el que se han sustentado las Auc.

No obstante, las últimas horas han sido aciagas para el líder de la seguridad democrática, quien tan solo es parte de los círculos de poder que hoy se mimetizan y disimulan entre el olvido, la impunidad y la injusticia. La condena a 27 años de prisión al general Rito Alejo del Río, El Pacificador del Urabá, corrobora que tampoco está lejano el día en que el Sol de la verdad y la justicia ilumine el camino de los colombianos. Entre tanto, el miedo seguirá acechando, y con este el encubrimiento institucional a los crímenes de lesa de humanidad.