LEANDRO TOROHemos naturalizado que quedarse callado es también asumir una posición, pero no hay nada más contradictorio en una democracia participativa que abstenerse de participar cuando los canales están dispuestos.

Por: Leandro Toro Valencia

La abstención electoral en estas elecciones presidenciales de primera vuelta fue dramática. Votó el 40.07% del potencial de electores que eran casi 33 millones, es decir 6 de cada 10 colombianos habilitados para ejercer el derecho-deber al voto prefirieron quedarse en casa. Ante este panorama y teniendo en cuenta que es la abstención electoral más alta en 20 años, se debe estudiar la posibilidad de la obligatoriedad del voto como mecanismo para que esta democracia sea efectivamente sólida y no un juego de unos cuantos votos amarrados.

En América Latina el voto es obligatorio, a excepción de Nicaragua y Colombia donde no se ha estudiado esa posibilidad. Países como Argentina, Ecuador, Uruguay, entre otros, tienen esta figura y hemos visto como los ciudadanos se movilizan y se sienten más identificados con la oposición en malos gobiernos en los cuales ellos ejercieron su derecho-deber.

El voto obligatorio aumentaría un caudal electoral considerable y esto afectaría el clientelismo y la corrupción que se da en épocas electorales. No bastaría con comprar unos cuantos votos sino que se tendría que convencer al 60% restante de los votantes que están conformados de gente inconforme, mayoritariamente, que ven en la abstención una forma de protestar. Ahora votar sería la mejor manera de demostrar el descontento y figuras como el voto en blanco serían reivindicadas.

Hemos naturalizado que quedarse callado es también asumir una posición, pero no hay nada más contradictorio en una democracia participativa que abstenerse de participar cuando los canales están dispuestos. La oposición es necesaria pero no tiene que traducirse en abstenerse y dejar que los mismos con las mismas hagan de las elecciones un trámite para apoderarse de las instituciones públicas y del poder que, legalmente, es del pueblo.

Cada caso es distinto y Colombia merece especial atención, y mucho más estas elecciones donde los ciudadanos cobraron caro la poca atención del gobierno en época de paros. A los ciudadanos debe instruírseles sobre estas figuras, sobre la participación, sobre el voto en blanco, sobre el derecho-deber de votar.

No hay nadie más en contra de estas figuras que el statu quo reinante en el que estamos desde el 2002, fecha desde la cual las elecciones se mueven más por pasiones que por razones, más por clientelismo que por opinión fundamentada. La obligatoriedad del voto puede llevarnos a hacer las cosas distintas; estoy de acuerdo en que debe estudiarse más, que no es tan escueto como proponerlo y aprobarlo.