Muchos hemos llegado a creer que al ser los principales voceros de lo que pasa en el mundo su deber informativo está por encima de sus intereses. Yo lo he creído, me he construido esa utopía mucho antes de estudiar periodismo y luché con todas las teorías, los especialistas y colegas que quisieron “matarme la ilusión”…

 

Por: Valeria Guerrero Osorio

En un momento tan cargado de tensión y polarización como en el que está el país ahora, con desilusión y vergüenza reconozco que la mayor pérdida de estas elecciones es la objetividad.

Hace un par de días la periodista Mabel Lara citó en Twitter un comentario que afirmaba: “No importa quién gane las elecciones. Ya perdió el periodismo del país”, sobre lo cual pidió la opinión de sus seguidores. La mayoría –por no asegurar que todos– estuvieron de acuerdo.

No me extrañan las respuestas, hace mucho tiempo que el mundo entero sabe que los medios de comunicación tienen intereses. Todos. Algunos dependen de sus dueños, otros de su línea editorial, causa y/o ideología sobre la que se cimentaron, porque estos también son empresas. Pero a veces lo hemos olvidado.

Muchos hemos llegado a creer que al ser los principales voceros de lo que pasa en el mundo su deber informativo está por encima de sus intereses. Yo lo he creído, me he construido esa utopía mucho antes de estudiar periodismo y luché con todas las teorías, los especialistas y colegas que quisieron “matarme la ilusión”, porque si bien reconozco que la imparcialidad no existe, creo que la objetividad es una meta que no debe dejar de perseguirse, incluso si, como el horizonte, nunca se alcanza, porque el verdadero compromiso del periodista está con el pueblo, con la gente que no tiene voz y con los que no tienen cómo escuchar las de otros.

Pero así como los cientos de comentarios que recibió Lara en su tuit, en este momento me estoy estrellando con una gran desesperanza, porque la gente ha dejado de creer en los medios y, peor aún, los mismos periodistas también.

No es casualidad el inmenso número de noticias falsas que se están colando en las redes sociales y por más campañas que los medios hagan en contra de estas, ¿cómo podemos creerles cuando ellos mismos las fabrican? Porque hay que preguntarse otra cosa: ¿sólo son falsas las noticias que inventan información o también las que la manipulan?

Para nadie es un secreto que durante estas elecciones los medios nacionales han adoptado una posición muy clara y la misma Lara lo justifica diciendo “creo que ganó la democracia al conocer de frente las posturas de los medios y los periodistas con los candidatos”.

El periodista es un ser humano que posee ideas independientes y eso debe respetarse, pero en la universidad me enseñaron que los medios de comunicación están en la obligación de mostrar todas las caras de la moneda o, por lo menos, la mayor cantidad que se pueda y dejar a criterio de quien la consume elegir un lado.

Pero, claro, debe ser un error de la academia porque lo que he evidenciado en Colombia, en México, Venezuela, España, países en los que también están en temporada de elecciones, es que los medios solo son la voz de sus dueños, no de los líderes y defensores de derechos humanos asesinados o de lo que merece conocer verazmente el consumidor, porque el cuarto poder, como le llaman, solo lo tienen los que pueden comprarlo y que quieren seguir engañando al pueblo para llenar sus bolsillos mientras mueren de hambre.

Quizá lo mejor, entonces, es que corrijan eso en las aulas de clase y así dejen de graduar profesionales ilusas como yo que en épocas difíciles como esta no toleran sentir desilusión y vergüenza por la profesión que eligieron.