CARLOS MARÍNLa producción audiovisual colombiana se ha vuelto la ventana para exponer las realidades sociales del país, series, novelas, películas que producidas en esta industria pretenden contar lo qué es Colombia desde sus entrañas. La novela “Allá te espero”, galardonada en los vergonzosos Premios India Catalina, es una prueba fehaciente.

Por: Carlos Marín

Así como en el cine, la televisión se las arregla para adaptar obras literarias que con base en la ficción y la realidad exponen los comportamientos de mayor trascendencia a nivel nacional. Esta novela, que aborda el famoso ‘sueño americano’, llega en una época en la que  los colombianos miran al país con otros ojos o por lo menos eso parece.

No nos vamos a decir mentiras, a Colombia le faltan décadas para alcanzar el nivel de funcionalidad estatal de otros países, las oportunidades educativas y uno que otro comportamiento en cuanto a lo que llamamos cultura ciudadana; pero es necesario que los jóvenes entiendan que migrar a otras latitudes no sólo es renunciar al problema, es mantenerlo, nutrirlo en sus vastas condiciones.

Es claro que en esto no quiero referirme en términos de desarrollo, porque como la pobreza, el subdesarrollo también es una enfermedad mental del Estado, que creyéndose superior al pueblo decide jugar sucio para mantenerlo en la inferioridad.

Espero la telenovela haya gozado de amena recepción por los amoríos que allí se viven, elemento fundamental del género; mas no por la identificación de la audiencia con la misma. No somos de la generación que se marchó para no volver, somos de la generación que si se marcha, será para capacitarse y regresar.

El ‘sueño americano’ será entonces parte de la historia en un par de décadas, cuando las nuevas generaciones despierten de la sumisa herencia dejada por nuestro pasado, por quienes sin hacerle frente a la avasalladora realidad, abandonaron y se fueron a ser recolonizados, a ser engañados por espejos, falsas comodidades e ideales de mejor futuro.

Allá te espero es el nombre de la novela, a la postre lo cambiaría por ‘aquí te espero’, aludiendo a los connacionales que esperan que las generaciones que se marcharon por la violencia, la economía y la miseria, decidan retornar, devolverle a su país los días perdidos, a sus familias los momentos que no serán.

El futuro está en Colombia, en Estados Unidos, en España, en Francia; el futuro está donde estemos, si queremos estar, pues no es lo mismo hacer presencia que estar presente.

Así pues, la industria del entretenimiento sigue impartiendo a las audiencias que las historias bonitas hay que contarlas, que los ejemplos de esfuerzo hay que volverlos producto y que las generaciones que se fueron lo hicieron por temor u abandono.

Hoy, el temor sigue, el abandono también; con la única diferencia que nacimos en generaciones diferentes, con perspectivas distintas.