Y no sería raro que los actos juveniles fundados en ideologías propias de la juventud no sean vistos como actos políticos sino como actos vandálicos, de eso se trata la política tradicional, de implantar una ideología y no dar cabida al pluralismo.

Por: Leandro Toro Valencia

Para nadie es un secreto que los temas políticos en nuestro país son otro lenguaje completamente diferente al que manejamos los jóvenes. Un tema completamente alejado de nuestro ser y hacer diario, un lenguaje que no se habla en nuestra cotidianidad. Y es que se nos ha hecho pensar que participar en política es convertirse como un político más, esos seres que se les ve con recelo, a quienes se respeta por imposición pero que no representan más que desprecio y apatía por parte de la juventud quienes soñamos con otros ideales y vemos la vida con otros ojos. Se nos ha hecho pensar que hacer parte del juego político se trata de volverse diestro en asuntos legales e ilegales, de buscar y encontrar la forma de escabullirse entre las leyes, de hacer todas aquellas prácticas ilegales a las que estamos acostumbrados a escuchar en nuestro país o volvernos todos unos “encorbatados” con maletín que andan de arriba abajo buscando apoyos a punta de palmaditas en el pecho.

En la actualidad hay un desencanto de los jóvenes por los temas políticos. Pero no se trata de entender el tema tan superficialmente y limitar los temas políticos a la burocracia electoral y los partidos políticos. Estos temas no están en el ideario de los jóvenes de nuestro tiempo, son tópicos que se salen de su visión de mundo y no se sienten identificados con ellos. Pero debemos ser más amplios y entender el tema político más allá de esas triquiñuelas de algunos cuantos “encorbatados”.

Pero entonces ¿de que SÍ se trata la política en la cual los jóvenes no deben de desinteresarse? Bueno, es un tema más simple y sencillo de lo que parece, y muchos dirían que se trata de lógica. Hay costumbres y acciones que los jóvenes debemos de preservar y promover, actitudes que mejoran la convivencia, prácticas que nos hacen crecer como seres humanos. La política se trata de las relaciones entre los humanos y desde este concepto no se nos puede limitar la política exclusivamente a las prácticas que se hacen desde los partidos políticos.

¿Quién me dice que hacer una campaña para reforestar una quebrada en mi barrio no es política? ¿Quién me dice que resolviendo un problema con mi compañero de clase dialogando no es política? ¿Quién me niega que pintar un mural no es un acto político? ¿Promover mi pensamiento y procurar el pensamiento en otros no es político? ¿Componer música no es político? ¿Quién me dice que liderar un proceso de movilización juvenil no es política? Sinceramente si quienes critican la juventud y critican esa apatía de los jóvenes por la política de partidos me dicen que esto no es política, sinceramente no se que más es política. Y no sería raro que los actos juveniles fundados en ideologías propias de la juventud no sean vistos como actos políticos sino como actos vandálicos, de eso se trata la política tradicional, de implantar una ideología y no dar cabida al pluralismo. Todos los actos que se salen de ese formalismo y protocolo de las acciones políticas tradicionales no son vistos como acciones válidas, sin examinar que son la voz de un sector del pueblo.

Hoy hablar de jóvenes y política no tiene porque volverse un tabú. Hoy los jóvenes no podemos alejarnos de los temas políticos, los verdaderamente políticos, sólo porque los confundamos con las prácticas que hacen los partidos políticos y los políticos de corbata con maletín. Involucrarnos en nuestra sociedad, propender por la ayuda del otro, resolver conflictos de manera civilizada y no violenta, procurar la conciencia crítica en mi forma de pensar y en la del otro, creo que deberían ser las banderas de la política juvenil, un política desde las calles, el barrio, el colegio o la universidad.