Juan manuel toroJeques, petroleros y magnates de otras latitudes llegan a ligas poderosas, compran equipos modestos e intentando destronar el dominio de esos grandes, procuran sobresalir.

Por: Juan Manuel Toro Monsalve             

La esencia del fútbol permanece intacta. Aún perduran los destellos de grandes figuras en los mejores equipos y selecciones. A eso se suma que las principales escuadras del orbe no bajan la guardia en la búsqueda de la gloria cada temporada. Al empuje económico le es abonada la tradición futbolística que todavía se impone: Real Madrid, Bayer Múnich, Milán, Barcelona o Manchester United hacen ostentación de su historia; de su poderío, y es demostrado año tras año. Su hegemonía es incuestionable.

A ese selecto grupo de históricos del balompié han querido colarse de tiempo para acá una serie de equipos inflados por una riqueza que les llegó como premio de lotería. Jeques, petroleros y magnates de otras latitudes llegan a ligas poderosas, compran equipos modestos e intentando destronar el dominio de esos grandes, procuran sobresalir.

Pero de pronto intentado asumir un prestigio de la noche a la mañana, no lo consiguen. Con poder económico y un boom publicitario se sienten impulsados por algunas estrellas adquiridas, que arrastran a esos “hinchas” ubicados por fuera de las fronteras europeas a terminar rendidos ante esa nueva ola de equipos llenos de petrodólares.

Chelsea, Manchester City, Paris Saint Germain y Málaga son ejemplo de clubes de media tabla hace algunos años, pero que hoy dicen presente en el paladar de los aficionados y medios de comunicación. Emergieron gracias a una chequera gruesa que los apadrina. Eran equipos del montón en sus respectivas ligas pero en el presente son puestos como grandes e históricos cuando su tradición se resume a una moda de la actualidad.

La gloria y el prestigio son ganados con el pasar de años. Entre caídas y levantadas; vueltas olímpicas y descensos; por un patrimonio o una quiebra institucional, la historia de un grande es forjada, no impuesta a la brava. Ante eso hoy están por fuera de la baraja Liverpool, Juventus o Ajax. Recientemente por su rendimiento deportivo se encuentran alejados del favoritismo de otrora en la búsqueda de alzarse con la orejona, ese anhelo de cada institución del viejo continente pero sin duda, con más mérito que aquellos sonajeros del presente.

No cabe discusión que hoy la redonda gira a la par de un mundo globalizado. Los clubes se benefician y es curioso que la crisis económica mundial no los haya tocado con fuerza. Sin embargo, los proyectos a base de chequera no son sinónimo de éxito deportivo. A nivel local basta con ver al Atlético Nacional, club respaldado por su propietario Ardilla Lulle y con una historia respetable, no es capaz de mandar en una liga tan pobre y hecha a la medida para cabalgar.

En fin, el talonario no lo es todo. Por mucho dinero que tengan están a años luz de la cumbre de grandes del mundo. Incluso han logrado uno que otro título, pero no es suficiente para llenar sus vitrinas. Puede que en 50 años alcancen esa cúspide pero no se debe caer en el error del presente de considerarlos clubes grandes y dominantes.

El arraigo no se impone, se consigue y en eso, Chelsea o Manchester City, considerados erróneamente como grandes por algunos periodistas, les falta bastante para conseguirlo. El legado y el estilo se construyen; bien por aquellos que con el paso de los años no lo han dejado esfumar.