Falcao, el gran ídolo

No existe delantero en el mundo que cause mayor impresión en mí que el ‘Tigre’ de Santa Marta, lo sigo desde River Plate, y pese a su infortunado momento estoy convencido que no hay otro como él.

 

carlos marinPor: Carlos A. Marín

En buena parte escribir acerca del deporte rey me hace sentir que el peso de no llegar al fútbol profesional se hace más liviano. Fueron 10 años de mi vida que dediqué al fútbol, para finalmente entender que el destino de manera singular tenía otros planes, no el campo de juego, sino como observador participante de la disciplina que más pasiones despierta en el mundo.

Inicié jugando como marcador izquierdo, luego por la ambición que me generaba ganar partidos escalé hasta la zona delantera y nadie me movió de allí en años. Empecé a vivir los mejores momentos de mi juventud, noche tras noche acumulé minutos de juego, zapatos rotos, rodillas peladas, y el motivo de mi afición, los goles.

Las ‘recochas’ de barrio sumaron experiencia; pero no me quedé ahí, a nivel formativo vestí la camiseta del Deportivo Cali de la mano del profesor  Juan Muentes, exjugador profesional del cuadro azucarero y quien es hoy una importante figura en las escuelas deportivas de Risaralda. También y cómo no hacerlo, sudé la camiseta de la escuadra rojiamarilla; el siempre criticado, nunca olvidado Deportivo Pereira, me sacó lágrimas extradeportivas, cuando apenas tenía 16 años, pues fue en esos años donde el exceso de indisciplina y la inasistencia a los entrenamientos me sacaron del perfil competitivo para dejarme para siempre rezagado en el fútbol aficionado.

Dicen que el conocimiento te da autoridad para hablar de diversas situaciones; sin embargo yo creo que la experiencia aún más. Bajo este argumento respeto las opiniones de quienes ha dedicado toda su vida al oficio del periodismo deportivo, con foco futbolístico; pero decir que Falcao García es un jugador del común, que tuvo su cuarto de hora,  es  un despropósito monumental, tan monumental como el estadio donde el colombiano le mostró al mundo su capacidad e instinto goleador.

Quienes no han tenido la ocasión de tocar la pelota dentro del terreno de juego pese a la extensa trayectoria en el área deportivo, les queda fácil restar atributos a las condiciones que llevaron a Falcao a la cúspide del fútbol mundial, entendiéndose la práctica de pegarle a la pelota como carrera y no como una simple actividad física.

Los expertos historiadores recordarán a jugadores como Gerd Müller, el alemán cuyo olfato goleador lo deja en el libro de los deportistas más versátiles en esta área. O para el fútbol reciente, los amantes del regate, la magia y la pintura; el mismo Ronaldo Luis Nazário de Lima, un atleta con virtudes extraordinarias.

Las anteriores referencias no son más que ejemplos de éxitos en la relación área-gol; aún es necesaria su comparación porque el balompié local cuenta con una figura de cualidades similares, de no ser por la lesión que le alejó mental y físicamente de su imagen de figura histórica para el fútbol nuestro.

Quienes han dedicado años a perfeccionarse en el área delantera saben que Falcao no es un jugador del común, tampoco vistoso en sus jugadas, cumple con la función para la que se preparó toda su vida, marcar. Pero marcar no es tan sencillo como muchos creen. El área es la zona donde finalmente el trabajo colectivo se representa, y eso el ‘Trigre’ lo tiene claro. La responsabilidad del ‘9’ de área es esa. Por eso un delantero ‘9’ debe tener la agilidad de recibir el balón en la mejor postura posible, dentro del cuadro mejor ubicado para estar frente a la red. Las condiciones técnicas son necesarias en la zona, pero no más que la interpretación de los movimientos del rival. Medir milimétricamente hacia dónde dirigir los esfuerzos para después desenfundar el balón sin tener la visión plena de que allá es donde está el arco.

Radamel no es el jugador cuyas jugadas provocan aplausos como tal vez Cristiano Ronaldo (Portugal), Neymar (Brasil), Lionel Messi (Argentina), todos ejemplos cuyas posiciones distan de la misma en la que Falcao demuestra su talento; pero que sirven de modelo para distanciar a los jugadores de espectáculo, a los jugadores de trabajo.

Es pues, este Falcao, el gran ídolo al que mi generación conoció cuando estaba en el Porto (2010, Portugal); que pese a las lesiones y limitaciones mentales a las que se ha debido enfrentar, está en un proceso de resurgimiento. La confianza que se le brinde desde diferentes frentes será fundamental en esta etapa donde con seguridad, afirmo, no será el mismo, pero que puede dar lo mejor de sus esfuerzos para quienes en algún momento lo seguimos como asiduos fanáticos, para así tener de nuevo la mejor versión del felino de Santa Marta.

Los números no importan, son apenas 25 goles en 64 partidos con la Selección Colombia que lo tienen como el máximo artillero de la tricolor; lo que importa ahora es la confianza, que para un jugador de su magnitud siempre tiene otro significado más allá de la fama, incluso que el dinero.