Si ellos (las Farc, Eln, etc) fueron los guerrilleros, nosotros seremos los verdaderos pacificadores, ya que el desarme no es tanto dejación de armas, como deconstruir el espíritu violento y revanchista que aqueja nuestra cultura.

DIEGO FIRMIANO

 

Por: Diego Firmiano

En la larga e histórica “noche colombiana” ya se ve amanecer. Pero no se trata de una noche limpia con bellas estrellas como puños, sino de la orgía de sangre que ha traído la guerra y de la cual, la paz, representa ese bello amanecer. Así pues, abordando la parte pragmática de un posible fin del conflicto, es honesto preguntar ¿A quién realmente beneficia esta paz? ¿al sector petrolero? ¿a la industria privada? ¿al turismo? Ya que con guerra o sin ella seguimos trabajando, soñando, escribiendo poesía, viajando y, lo más importante, subsistiendo con uno o dos salarios mínimos.

Con esto no se quiere decir que haya apatía frente a los diálogos bilaterales, la forma de ejecución de penas en la justicia transicional, los acuerdos sobre la víctimas y secuestrados, la oportunidad de que los actores armados (ya desarmados) puedan participar de las funciones políticas, sino que la paz, una vez lograda debe servir para algo, y si no sirve para nada (hablando en términos de beneficios) entonces debemos procurar que se convierta en un status, porque la guerra ya lo fue durante mucho tiempo.

Y sinceramente, la responsabilidad de mantener este status recae directamente en los ciudadanos.  Si ellos (las Farc, Eln, etc) fueron los guerrilleros, nosotros seremos los  verdaderos pacificadores, ya que el desarme no es tanto dejación de armas, como deconstruir el espíritu violento y revanchista que aqueja nuestra cultura. La paz es de todos, igual que la guerra lo fue, porque nuestro grito o nuestro silencio nos hizo partícipe de ella. Hay que desterrar de una vez la violencia como discurso, ya que las mismas razones que quizá llevaron a las Farc a reñir con el gobierno, nos pueden llevar a reñir con el vecino.

¿A quién beneficia la paz?, resuena como eco sin respuesta. Aunque por el momento los beneficiarios de la paz parecen ser los noticieros a la caza de primicias, entrevista a guerrilleros, mesas de debate en torno a la problemática de una paz con o sin impunidad, confesiones paramilitares, secuelas del terrorismo, etc.  Además del rifirrafe político de la derecha y la izquierda política por querer, unos borrar de un plumazo todo intento de paz, y otros firmar con esa misma pluma la paz para quedar en la historia nacional como pacificistas.

Siendo claros, el fin del conflicto será el fin de la historia en Colombia. ¿Qué se podrá compilar cronológicamente como histórico después de esto? Pocas cosas. Ver desaparecer una guerrilla tan vieja como fuerte, aunque patrióticamente incorrecta, es algo que debe quedar en los anales del recuerdo.  Al final en Colombia se dirá junto con Francis Fukuyama: La historia ha llegado a su fin.