El fútbol es la posibilidad de encuentro en un país dividido, sin embargo, para el colombiano es la excusa para perderse y cerrarse sobre sí mismo, una excusa para embriagarse y explotar.

 

Por: Christian Camilo Galeano Benjumea

Para aquellos que disfrutan y sufren un buen partido de fútbol es inevitable sentir ira, rabia, esperanza, alegría; padecer mientras rueda un balón. Por esto y en medio del sentimiento de derrota por la eliminación de la selección Colombia del Mundial, ya sin la pasión puesta en el campo, sino en la escritura, cabe hacerse una pregunta coloquial: ¿por qué nos matamos los colombianos tras un partido de fútbol?

Qué sucede en el inconsciente colectivo ante una alegría futbolera, pues es común después de un partido que brote la  violencia, el desenfreno y, en muchas ocasiones, la muerte. Cada tanto, en los periódicos se observan las noticias de hombres que murieron en medio de riñas o en accidentes provocados por la fiesta y el jolgorio futbolero.

Nadie puede negar que el fútbol congrega y permite crear una identidad alrededor de un equipo. Freud, en su texto Psicología de las masas y del yo, describe como hay ciertas instituciones o situaciones que llevan al individuo a entrar en una colectividad, reduciendo sus características particulares para que su ingreso sea válido.

Este grupo ofrece muchas ventajas a los sujetos. Éstos no padecen la angustia de colocar bajo la lupa de la duda muchas de sus creencias ya que el grupo al cual pertenecen les ofrece respuestas permanentes y “válidas”. Freud destaca, utilizando el ejemplo del ejército y las iglesias, cómo estas instituciones generan las condiciones para que sus miembros acepten los designios de los superiores, líderes o figuras emblemáticas.

De esta manera las personas pueden tener una tranquilidad garantizada al interior de un grupo y cierta cantidad de beneficios que esto trae consigo. No es extraño que muchos piensen que lo único que logra crear una identidad en Colombia, hasta el momento, sea fútbol. Porque permite crear la ilusión de un equipo y comunidad unidos contra un adversario, un otro con escudo y color de camisa diferente.

Por otra parte, Octavio Paz en su ensayo El laberinto de la soledad, además de escrutar la esencia de la soledad mexicana, analiza el fenómeno de la fiesta. Allí observa cómo la fiesta es la posibilidad de retorno, de digresión que tiene el individuo y de disolverse con los otros; Sin embargo, el mexicano en la fiesta no se abre, se cierra sobre sí mismo y ésta es la antesala que permite muchas veces que las fiestas terminen en estallido y violencia.

Al leer a Paz pareciera que se leyera la realidad del colombiano, en el cual toda fiesta puede terminar en llanto, reproche y un puñal ensangrentado. No es extraño que uno de los días más violentos del país sea el día de la madre (tema interesante para analizar en otra columna). Al tiempo que muchos temen lo que pueda pasar en un día de fiesta mundialista.

El fútbol es la posibilidad de encuentro en un país dividido; sin embargo, para el colombiano es la excusa para perderse y cerrarse sobre sí mismo, una excusa para embriagarse y explotar. Ya que la sociedad no ofrece otros medios en los cuales pueda expresar su inconformismo, sus angustias, sus esperanzas, la vida pasa en el silencio de las tragedias cotidianas y el tedio provocado por el sobrevivir.

El colombiano cerrado sobre sí mismo vive la pasión del fútbol como la posibilidad de salir de sí y por fin encontrarse con el otro; no obstante, esto no sucede. En lugar de ello surge la violencia, el accidente, la sangre y, en últimas, la muerte.

No voy a negar que causa malestar el no haber continuado en el Mundial, la derrota deja un sinsabor. Pero pienso que con aquella derrota de la selección se preservaron unas cuantas vidas.

Como diría el filósofo del fútbol colombiano: perder es ganar un poco.

Cuña: Rechazo total a los asesinatos de los líderes sociales en todo el país, el llamado para toda la población es no dejarse vencer por el miedo. Los ciudadanos debemos afrontar esta situación preocupante y salir a las calles a manifestarnos, opinar y construir un país donde todas las opiniones tengan lugar. Oposición, resistencia y nuevas ciudadanías es la tarea.

ccgaleano@utp.edu.co