HUGO ANDRÉS ARÉVALO G columnaLas famosas marcas colombianas que uno podría considerar “buenas” y que merecerían ser compradas por ser nacionales y por lo tanto que favorecen la economía de los productores locales, están cayendo en el mismo papel despojador de humanidad que las grandes marcas.

Por: Hugo Andrés Arévalo González

El sufrido empate 3 -3 que sentenció la Selección Colombiana de Fútbol ante Chile, marcan un momento histórico contradictorio: el país gana su viaje  para ir al Mundial de Brasil 2014, luego de 16 años de ausencia,  pero pierde el mundo su humanidad. Y se pierde la humanidad del mundo, porque las millonarias ventas que dejan esta victoria en materia comercial y deportiva, implican una millonaria pérdida de condiciones humanas decentes para las miles de familias en el mundo que son contratadas en las maquilas, en las cuales las grandes marcas deportivas como Puma, Nike, Adidas y otras, pagan salarios miserables a niños, hombres y mujeres, quienes son los encargados de hacer todos los elementos deportivos que se compran por la histeria consumista del mundo: camisetas, pantalones, guayos, medias, zapatillas, etc. Las producciones de esas grandes marcas se hacen en espacios que ni siquiera están lo suficientemente adecuados para elaborar sus productos.

Un ejemplo de esta problemática, se puede evidenciar con un hecho ocurrido en Dacca, Bangladesh, dado a mediados del 2013, donde en una fábrica de ésas del primer mundo que tienen sus sedes en países pobres como Bangladesh, instalan sus sucursales para producir más con la ayuda de mano de obra barata. La mano de obra de Bangladesh es más abundante y barata que la China. El derrumbe de la fábrica implicó mucho más que la caída de un edificio: el conocimiento de las condiciones de vida laborales infrahumanas que tienen los trabajadores en ese tipo de lugares donde trabajan más de 12 horas diarias y sus salarios son mucho menos de 10 dólares al día (ver noticia completa).

Seguramente habrá muchas personas que se sentirán indignadas con esta denuncia. Su derecho a indignarse es  tan legítimo como que somos y tenemos derecho a ser diferentes. Pero no por esto podemos dejar confundirnos por una práctica que genera una profunda e infinita desigualdad si la seguimos legitimando a costa de nuestro entretenimiento, de la alegría apasionada fugaz y del darle la espalda a hechos como éste.

Los que justifican la tauromaquia y la crueldad contra los toros, dicen que no se puede eliminar ésa práctica porque es “arte, tradición”, etc. Detrás de ésas justificaciones es innegable lo enraizada que está la cultura en las formas de dominación y sometimiento de este modelo capitalista salvaje. El deporte no se salva al modelo. Nada se salva al modelo: ni el amor, ni la amistad, ni la familia. Y en un país construido a partir de una emotividad casi religiosa como Colombia, muchas personas somos conscientes de eso.

El deporte, entonces, es otra práctica humana que ahora pertenece al ámbito comercial: en otras palabras, se comercializa el derecho a la salud, la recreación y se legitima una estructura de competencias donde se premia los y las mejores en uno y otro deporte, cuando el deporte debería ser una iniciativa individual voluntaria que se ejerce por salud o recreación; y que también debería ser facilitada en espacios adecuados, con alimentación adecuada y descansos adecuados por la intervención política y económica del gobierno y el Estado.

 Otro ejemplo de explotación de personas para la producción textil, se evidencia con la reconocida marca de ropa Zara. A mediados de marzo, en Argentina, la Fundación Alameda, se encargó de denunciar la situación precaria en la que estaban los trabajadores de la empresa textil española en el país argentino: lograron grabar un video con cámaras ocultas (ver video), donde se ven claramente las pésimas condiciones de espacio y trabajo en las que son obligadas a trabajar las personas: la gente come, duerme y trabaja en el mismo espacio atiborrado de prendas que tienen que producir desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche (más de 16 horas diarias).

No solo marcas como Nike, Adidas y Zara (entre muchas otras), favorecen la explotación infantil y pagan salarios bajos en países asiáticos. El caricaturista colombiano Vladimir Flórez, más conocido como Vladdo, comenta que las marcas colombianas como Gef, Armi, Totto, Tennis y Arturo Calle, también lo están haciendo. Las famosas marcas colombianas que uno podría considerar “buenas” y que merecerían ser compradas por ser nacionales y por lo tanto que favorecen la economía de los productores locales, están cayendo en el mismo papel despojador de humanidad que las grandes marcas. No es grato encontrarse en estas marcas colombianas las frases: “Hecho en Vietnam, hecho en Bangladesh” (Ver fotografías y artículo de Vladdo al respecto).

Es tanto el poder y la incidencia de estas grandes marcas deportivas en el mundo, que en el 2009, Nike y Adidas le pedían al gobierno de Estados Unidos que apoyara a Manuel Zelaya porque en el declarado Estado de Sitio surgido en Honduras tras el Golpe de Estado por parte de Roberto Micheletti y 10 de las familias más ricas de Honduras para derrocar al presidente de derecho; y es que detrás de la petición de las grandes multinacionales de textiles deportivas, siempre está el gran interés: “Las multinacionales firmantes son los principales clientes de las maquilas centroamericanas. Contratan a más de 60.000 trabajadores en la región y facturan alrededor de 3 mil millones de dólares anuales, según un informe de Oxfam. Por ese motivo, tienen una gran influencia en el tejido empresarial hondureño y sus acciones sin duda debilitarán el apoyo, hasta ahora unánime, de la industria a los golpistas”, decía en ese momento el diario digital Público.es (ver noticia). Es evidente el gran negocio que hay detrás de esta práctica aparentemente inocente como la venta de ropa deportiva. Como también es evidente de la profunda influencia que pueden tener en decisiones políticas los grupos económicos.

Esa incidencia fuerte de los grupos económicos en la política es tan real y peligrosa, que realizadores audiovisuales, decidieron hacer un documental sobre la problemática. El documental se llama ‘La Corporación: ¿instituciones o psicópatas?’. En el trabajo audiovisual se evidencia el proceso histórico que tuvieron las corporaciones para llegar al gran poderío que tienen hoy. Pasaron de ser simples personas jurídicas reguladas por el Estado, a grandes instituciones financieras activas en las decisiones del libre mercado. Una de las grandes problemáticas que se tratan en el documental y que competen a este artículo, son el de las maquilas. En el trabajo, unos investigadores exponen: “Nos pasamos por un vertedero de basura en República Dominicana para escarbar… un día nos encontramos un montón de documentos de Nike sobre precios… Nike asigna un plazo de tiempos para cada operación… y ¿saben de qué tipo de operación hablan? Hablan de minutos: dividen el plazo de tiempo en diez milésimas de segundo y, cuando llegas al final de las operaciones, los trabajadores (de las maquilas) cuentan con 6.6 minutos para hacer una camiseta. En República Dominicana, pagan 70 céntimos la hora… por lo que 6.6 minutos es igual a 8 céntimos… esta es la realidad, la ciencia de la explotación” (ver documental).

A mí también me gusta el fútbol: he sido ferviente seguidor del Real Madrid y del Manchester United y así como me gusta ver jugar a Colombia y otros países, tendré que ser consecuente con mis ideales y la realidad; no puedo pensar que aunque no vaya al estadio, puedo ver tranquilamente los partidos de televisión, porque toda la estrategia comercial que mantiene esta desigualdad deportiva y humana está ligada: los grandes equipos son patrocinados por estas grandes marcas deportivas. Los medios les hacen publicidad a las marcas y a los equipos. Las personas pagan para ir a ver esa unión de planes de destrucción a los estadios o en los televisores. La gente paga con dinero, diversión, expiación, catarsis, sublimación, placer –como quieran llamarlo-; y lo que reciben a cambio es quizás olvidarse de los problemas; de los suyos solamente.

 El solo hecho de comprar una camiseta o ver un partido por televisión va a seguir legitimando esta terrible realidad y  por eso a estas alturas donde he alcanzado cierta madurez personal, me considero afortunado por no haber comprado nunca una camiseta de un equipo de fútbol; pero sí que compré zapatillas, una chaqueta y otras vainas. Mi propuesta personal es dejar de consumir todos estos elementos desde ya. Saldré a averiguar cuáles son las producciones nacionales que menos atenten contra el país y sus ciudadanos, y compraré allí. 

En cuanto al fútbol, dejaré de verlo después de que acabe el Mundial de Brasil 2014. Y como mi cambio poco contribuye a cambiar la situación, propongo algo que sí pueden hacer los líderes de opinión, los ciudadanos activamente políticos y los pocos políticos comprometidos con su causa: hacerles lobby a estas empresas. Que se les aumenten los impuestos para que tengan menos ventas.Y sí que funciona: la empresa Zara instalada en Brasil, fue multada en el año 2011 con “1,4 millón de euros (ver noticia)” por toda la situación de ilegalidad y desigualdad generada a sus trabajadores. Que aprendan de eso donde más les duele: en el bolsillo. Esa estrategia se puede hacer mientras se busca esa utopía que deseamos muchos que es un cambio estructural global para ser más equitativos: redistribuir más justamente los recursos de este inmenso planeta.