CARLOS VICTORIA“El talón de Aquiles en la relación sociedad de agricultores y gobierno residió en acuerdos y disputas sobre de decisiones que permitiesen incentivar y proteger la producción agrícola nacional, en medio de la avalancha de capitales extranjeros”

Por: Carlos Victoria

En Economía y poder un gremio para la exportación(1904-1927), Jesús Bejarano se propuso demostrar la capacidad de injerencia que tuvieron los gremios de la producción en ese periodo, y en particular los vinculados al sector primario en materia arancelaria, fiscal y desarrollo de infraestructuras que permitiesen a la incipiente economía nacional abrirse paso en los mercados internacionales, a comienzos del siglo pasado tras los estragos dejados por las guerras  civiles.

Un primer aspecto que revisa el autor consiste en caracterizar las nuevas dimensiones del Estado en medio de la debilidad institucional propia de la sucesión de conflictos que desangraron, además, el tesoro nacional y a los propios productores, sobre los cuales recayó en buena parte la financiación de las guerras a través de gravámenes de sus exportaciones. Las nuevas reglas de juego involucraron al naciente poder gremial con una fuerte influencia en políticas que les beneficiaran.

En esa perspectiva, subraya el Bejarano,  para el gobierno era urgente propiciar las condiciones de estabilidad política como requisito hacia un tipo de consolidación económica articulado a los buenos precios internacionales del café, que incentivaron un auge capaz de “producir una transformación en la vida política colombiana”. De la mano del café, gobierno y productores avanzaron hacia la reconstrucción nacional. Así, también, lo fue determinando la coyuntura económica internacional.

Por esta vía “la estabilidad política se vuelve una necesidad económica”, y es desde esa lógica que  se comenzaron a tejer los embriones de un bipartidismo de carácter pragmático alrededor de los negocios y en función de una modernización  plasmada en la promoción del desarrollo, desde la racionalidad de los procesos de acumulación capitalista. La debilidad del Estado contrastaba con el empuje económico de la época. En algunas regiones hacendados agroexportadores eran el Estado en sí mismo.

La agenda del presidente Reyes (1904), quien  invocó a “empuñar los instrumentos de trabajo” en lugar de las armas,  se basó en la reconstrucción de la economía nacional, la estabilización de la moneda; el fortalecimiento de la red ferroviarias, la apertura al capital extranjero, el otorgamiento de incentivos al desarrollo agrícola y protección a la industria nacional. Más tarde las externalidades generadas por el modelo pusieron en aprietos la política fiscal, sumado a su autoritarismo que lo llevó a huir del país.

Es en este contexto que surgió la primera Sociedad de Agricultores como un  interlocutor de las políticas proteccionistas, decretadas por el gobierno en medio del librecambismo, el cual puso en riesgo la rentabilidad de algunos renglones de la producción agrícola. Un primer logro que reflejó el poder de los cafeteros fue que sus ingresos independizaron la política arancelaria de la política fiscal. En 1909 se constituía ya como cuerpo consultivo del gobierno. De ahí adelante gobierno y Federación fueron uno solo, como un bicéfalo.

La defensa de los aranceles y otras iniciativas en beneficio de sus propios intereses se constituyeron en el crisol sobre el cual se comenzó a construir el tejido gremial, con una diferencia notable al pasado belicoso entre las élites: fortalecer la organización por fuera de las pujas partidistas y doctrinarias. La bisagra de este arreglo sería la caficultura, por las condiciones en el frente externo ya anotadas.

Para 1915 el café significaba el 25% de la producción agrícola nacional, sustentado en  la pequeña  y  mediana propiedad. Durante este periodo surgieron  las condiciones para la expansión del desarrollo industrial; la exportación cafetera, por su parte, determinó el flujo de importaciones de bienes de capital, al tiempo que se abría  un modelo de ingresos dependiente  y sensible a las fluctuaciones de su cotización externa. Las crisis no fueron la excepción.

El talón de Aquiles en la relación sociedad de agricultores y gobierno residió en acuerdos y disputas sobre de decisiones que permitiesen incentivar y proteger la producción agrícola nacional, en medio de la avalancha de capitales extranjeros, el desarrollo de las obras publicas  y el  auge en la actividad económica en su conjunto, derivando  en el aumento de las emisiones del Banco de la República, al compás  de una mayor  demanda de alimentos, contrastando con la baja oferta de estos y el alza de sus precios.  En medio de este berenjenal  institucional surgió la Ley de emergencia que suprimió  los derechos de aduana para la introducción de víveres, lo que se tradujo en la importación de alimentos.

Los resultados de la Ley de emergencia al interior de la Sociedad Agricultora de Colombia generó enfrentamientos entre los diferentes sectores que la conformaban,  en particular  los agricultores  no cafeteros con el sector  dedicado al cultivo del grano que estaba a favor de la reducción de aranceles. Finalmente la S.A.C. asumió la posición de los grandes propietarios  no cafeteros  con el argumento de los efectos negativos que la importación generaba sobre la producción nacional y el consumo.

El rasgo más sobresaliente  del periodo analizado por Bejarano en cuanto al papel de la sociedad de agricultores es su“presión permanente alrededor de las orientaciones la política agrícola”, desde el 17 de noviembre de 1904  cuando se crea la Sociedad de Productores de Café, con el objetivo de crear un espacio para discutir temas relacionados con  el cultivo, beneficio, exportación y fomento de la industria del café. En 1906 cambia su nombre a Sociedad de Agricultores de Colombia ocupándose de todos los problemas relacionados con  la agricultura.

La combinación del poder gremial, el poder político y los intereses económicos expresaba  la posición de los agricultores que se veían traducidas, en las decisiones estatales que estaban orientadas por las políticas de la S.A.C., Un ejemplo de su enorme influencia consistió en la creación del Ministerio de Agricultura, en 1914, como producto del Congreso de Agricultura  celebrado tres años atrás. Hoy esto ni más ni más lo calificaría el profesor Garay como “captura de políticas públicas”, y en otros tiempos  concertación entre el sector público y privado.

En general, durante el periodo que abarca la creación de la Sociedad de Productores de Café hasta la aplicación de la Ley  de  Emergencia, no se manifestaron tensiones significativas en el contexto  rural,  pues la acción del estado proteccionista unificaba los intereses y  no se generaban conflictos trascendentales sobre la propiedad de la tierra. Empero a  partir de 1930 se expresan grandes agitaciones campesinas producto de un nuevo  distanciamiento  entre ambos partidos políticos. La S.A.C. entra en el campo de las luchas sociales, asumiendo con ahínco la defensa de la propiedad privada, como se constata entre 1927 y 1950.

La trayectoria política de este gremio se ha caracterizado porque su alta burocracia ha estado en manos de élites económicas de origen liberal y conservador. La democracia cafetera ha sido un espejismo o cuando no una falacia. La comisión para una “constituyente cafetera” puede resultar otro tiro al aire: comenzó mal porque se reclama así misma como “independiente”, cuando los hechos históricos demuestran que gobierno y Federación hacen parte del mismo tamal, al tiempo que quien disfrutó en Londres del sudor de los cafeteros ordenaba reprimir ayer sangrientamente la protesta de productores y campesinos en las carreteras de Colombia.