Agradecer es tan difícil y más en una sociedad en la que abundan las malas noticias y el cinismo. No obstante, pese a todo, siempre hay una historia, un salto, un triunfo o un ojo que recordar. 

 

Por: Christian Camilo Galeano Benjumea

Mientras escribo esta columna algunos vecinos continúan con sus equipos de sonido encendidos, alcoholizados y en un estado festivo que se resiste a tener un fin. La alegría de finalizar un año y la esperanza de comenzar uno nuevo es una de las actitudes más comunes por estos días; ¡borrón y cuenta nueva! Es el lema en cada brindis o encuentro.

Detrás de esta afirmación del presente se haya aquel prejuicio sobre el pasado: olvidarlo todo y continuar la vida. Es una actitud un tanto ingrata; lanzar el pasado al cesto de la basura y no reconocer que, en los triunfos, las derrotas, los amores conquistados o perdidos… se haya parte de los que somos y seremos.

De ahí la necesidad de hacer una columna para darle las gracias a ese 2018 que alimentó esta tragicomedia que vivimos los colombianos. Agradecer para no olvidar y recordar, por lo menos, un poco más aquellas personas y hechos que dieron aliento.

Cómo no iniciar con aquella sonrisa que conquista los escenarios del atletismo y que en el 2018 arrasó con todas las competencias de salto triple; todos reconocemos esas piernas que por un instante parece que fueran a alzar vuelo, las piernas de Catherine Ibargüen.

Los colombianos nos sentimos cómodos con el triunfo, las victorias inflan el pecho de orgullo y cambian el semblante. Sin embargo, pocos saben aceptar las derrotas, enfrentar la adversidad y asumir un proceso. Por este motivo hay que darle las gracias a Catherine Ibargüen, porque su historia no solo está colmada de medallas, en algún momento pensó en dejar el atletismo, la depresión la inundó por no clasificar a unas olimpiadas, pero supo reponerse. Catherine, simplemente, gracias por continuar.

El 2018 también fue un año icónico para el fútbol nacional. Las chicas del Atlético Huila se coronaron campeonas de la Copa Libertadores. Sin los bombos y la euforia colectiva de las multitudes, aquellas mujeres avanzaron ronda tras ronda hasta alcanzar el título. En un país por tradición machista y futbolero, estas mujeres dieron una lección de humildad y esfuerzo.

A pesar del menosprecio de directivos, periodistas y gente del común que rechazan ver a unas mujeres jugando fútbol, porque ese es un deporte solo de hombres, fue grato ver alzar el trofeo al equipo femenino. Porque quizá, sin saberlo, esas mujeres rompieron un hito inconsciente de la cultura nacional, demostraron que pueden triunfar donde los hombres también lo hacen.

Al tiempo revelaron la ingratitud que en términos generales tienen los medios y la sociedad colombiana sobre ciertos logros femeninos, porque sin el despliegue mediático y la idealización en que suelen caer los noticieros cuando juega la selección masculina de fútbol, esas mujeres jugaron, sufrieron en silencio y ganaron. Gracias jugadoras del Atlético Huila.

También es necesario dar las gracias a los estudiantes universitarios. Porque con sus protestas nos recordaron a los colombianos que la educación superior es un derecho, no una mercancía o una limosna. Esas protestas, unas más útiles que otras, inundaron las calles sabiendo que la educación es problema de todos y no de unos cuantos burócratas que definen el presupuesto. Romper con la idea de que solo “los expertos” del gobierno pueden dar las soluciones fue una victoria del estudiantado.

Estos jóvenes cumplieron la función de oxigenar esta democracia roída por la corrupción y el escepticismo. Son pocos los que pueden defender la democracia colombiana; ser el abogado del diablo exige el cinismo que solo algunos políticos poseen.

Sin embargo, los estudiantes supieron dar valor a la protesta social como herramienta democrática. En términos generales las protestas fueron pacíficas, no faltó el tropel, la estigmatización, la corrida por las calles y la pérdida de un ojo.  Pese a todo, los estudiantes le recordaron al presidente Iván Duque que la sociedad que dirige no es una sociedad del todo indiferente y apática, existen sectores que pese a la estigmatización de la protesta social están dispuestos a alzar la voz, afortunadamente. Por eso y otros motivos, gracias estudiantes.

Agradecer es tan difícil y más en una sociedad en la que abundan las malas noticias y el cinismo. No obstante, pese a todo. siempre hay una historia, un salto, un triunfo o un ojo que recordar.

Twitter: @christian1090