El cuerpo es de cada quien, y cada quien verá lo que hace con él, cada ser humano es un individuo diferente, pero, ante todo, es persona y todos merecemos ser tratados como tal. Lo único que nos diferencia es que unos tenemos pene y otros vagina, cosa que no nos condiciona.

 

Por Valeria Guerrero

Hablemos de feminismo. Pero el de los orígenes, el que surgió motivado por la inconformidad femenina debido a los múltiples casos de desigualdad respecto a los hombres. No quiero desprestigiar el movimiento que se ha formado desde la academia, lo valoro porque ratifica que más que un capricho hay razones de peso históricas para que las mujeres, aún en el siglo XXI, luchemos por tener los mismos derechos que el género masculino, pero antes de llegar allí ocurrieron muchas cosas.

Hace algunos días escuché a un grupo de mujeres pronunciarse sobre el tema. Amas de casa, madres cabeza de hogar, mujeres que día a día se rebuscan la forma de salir adelante. Ellas, que en este caso particular que comparto, no han entrado a una universidad ni han leído a grandes teóricas del feminismo, son un ejemplo de este. Su experiencia les ha hecho reconocerse como menos que los hombres, como las que están al cuidado del hogar, los hijos y mantener la comida caliente para el marido; las que no pueden trabajar si el hombre no se los permite o las que solas deben salir adelante con sus familias. Las mismas que cansadas de ser pordebajeadas por el sexo opuesto hoy han decidido alzar la voz en contra de una injusticia histórica que no comprenden, porque, como dicen las abuelas, “es el precio que pagamos por haber nacido de mujeres”, pero que por más que se lo hayan repetido sus antecesoras, no le encuentran lógica ni validez.

Ahí se origina el feminismo, en las mujeres de a pie que no entienden –como yo- en qué comento se creó la división entre lo que podemos hacer y lo que no. ¿Quién les dio el derecho a los hombres de huir de la responsabilidad de ser padres?, ¿quién les dijo que pueden decirnos lo que les pasa por la mente en cualquier espacio que compartamos con ellos?, ¿quién les asignó el deber de enseñarnos cómo vestirnos, comportarnos y ser mujeres?

A veces uno cree que dada la época en la que estamos, las desigualdades entre géneros es casi nula, pero entonces, ¿por qué estas mujeres de diferentes estratos sociales se reúnen en busca del apoyo que no han recibido de sus padres, amigos, esposos?, porque las brechas que dividen ambos sexos aún son abismales y más allá de las cifras o los estudios son ellas las que lo confirman. Ellas, quienes trabajan todo el día y les pagan menos que a los hombres; ellas, las que están a cargo de los niños porque hay padres que aún no quieren involucrarse en su cuidado; ellas, las que son acosadas en las calles y violadas en sus casas. Mujeres hartas de vivir expuestas a un sinfín de situaciones que los hombres no alcanzan a entender.

Pero antes de que digan que soy una “feminazi” que quiere erradicar a los hombres de la tierra, les diré que ellos también padecen el machismo. Desde esa noción social de que el hombre no puede llorar, hasta la desconfianza para que sea padre cabeza de hogar. Desde la responsabilidad de ser el sustento económico del hogar como principal función familiar, hasta la de no poder denunciar si es acosado, maltratado y hasta violado porque sería motivo de burla.

¿Qué quiere el feminismo?, igualdad. Así de simple. Que le paguen lo mismo a hombres y mujeres por el mismo trabajo, que ambos tengamos derecho a la misma asistencia judicial, que tengamos las mismas responsabilidades en el hogar y en la familia, pero, principalmente, que dejemos de ser enjuiciados por lo que llevamos entre las piernas.

El cuerpo es de cada quien, y cada quien verá lo que hace con él, cada ser humano es un individuo diferente, pero, ante todo, es persona y todos merecemos ser tratados como tal. Lo único que nos diferencia es que unos tenemos pene y otros vagina, y eso ni si quiera condiciona nuestra personalidad, lo hace la sociedad y si a la sociedad la componemos nosotros, debemos cambiar para cambiar el mundo.