Juan-manuel-toroEl desempleo sitúa a Pereira en un deshonroso primer lugar en el país, lo que transforma al dinero llegado del exterior en el principal apoyo monetario de los pereiranos.

Por: Juan Manuel Toro Monsalve

La crisis económica mundial estalló y con ella no hubo espera por complicaciones. Desde 2008 el mundo se sacudió, en especial las potencias que lucieron impávidas frente a un problema que acrecentó como bola de nieve. Uno por uno fueron cayendo: Grecia, Irlanda, Portugal y España han sentido los rigores de una economía y un modelo que terminó por devorárselos a sí mismos.

No siendo ajeno a ese panorama, Colombia y en especial Pereira, sufren las consecuencias del zarandeo económico europeo, en particular el español. Las remesas, principal sustento de 140 mil pereiranos, se han resentido. La crisis tocó esa porción de colombianos oriundos de tierras cafeteras que llegó al viejo continente en busca de un mejor porvenir.

Y los de acá, aferrados a un sustento gracias al dinero proveniente del otro lado, asumieron de manera forzosa esa dificultad que aumentó los problemas que de por sí ya poseían al ser dependientes de lo enviado por sus familiares. Del mismo modo, ese desempleo sitúa a Pereira en un deshonroso primer lugar en el país, lo que transforma al dinero llegado del exterior en el principal apoyo monetario de los pereiranos.

Dadas esas circunstancias, las personas que migraron al exterior han tenido que voltear cola de nuevo hacia Colombia pues el desempleo y la necesidad de conseguir dinero prenden alarmas gracias a una crisis que tocó al principal destino de los coterráneos. Ante eso, los retornados no han sido tomados en serio, la administración municipal aún no se da cuenta que la ciudad se inunda con gente que está restableciéndose de nuevo en la región porque los buenos horizontes a los que marcharon son hoy día un asunto del pasado.

No existe un programa o un mecanismo que permita actuar frente a un problema que se volvió espinoso para el gobierno local. El Municipio carece de un plan de choque, un programa especial o un procedimiento a corto plazo que por lo menos intente mitigar ese nuevo fenómeno. Ni siquiera desde la Alcaldía se han sentado a indagar: ¿Qué hacer con los retornados? Otra vez Pereira se está llenando de población “nueva”, ya no es la ciudad de paso por excelencia; se convirtió en estancia permanente para esa porción de habitantes que regresó a su viejo hogar.

Peor aún, el regreso de esas personas incrementa la desocupación ya existente y las dificultades que eso conlleva. Los recursos provenientes por remesas han disminuido cerca de un 15 por ciento desde el momento que estalló la crisis, acrecentando un problema en una ciudad que lo tiene todo para ser próspera, pero donde a sus dirigentes se les hace difícil explicar y sobre todo actuar lo que pasa en la Perla del Otún.

Así mismo, los privilegios de la capital risaraldense no se evidencian en hechos tangibles: aeropuerto, zona franca además de un empuje comercial y empresarial hacen sonar paradójica la situación por la que pasa actualmente. Estudios ubican a Pereira en el sector productivo con cerca de 20.000 empresas de las cuales el 52 por ciento son comerciales, 30 por ciento de servicios y 15 por ciento industriales. 

Por esa razón, se hace más evidente que el asunto migratorio en la ciudad sea de tomar con pinzas y hoy día se asumen las consecuencias de cuando estalló la crisis en el mundo. Lo grave es que los dirigentes de ese entonces no la tomaron en serio y los de hoy, ni cuenta se han dado del significado de recibir desempleados de otras latitudes. Aesco lo advirtió, no se crearon políticas públicas para el asunto migratorio en la ciudad y por eso el temor a recibir los “retornados” es notorio.

De ese modo, Pereira y su gobierno local deben atender con suma prioridad el asunto de los retornados. El boyante desempleo en la región se traduce en consecuencias nefastas en los social y lo económico. Así pues, el llamado de atención está hecho para que los dirigentes locales enfrenten ese panorama. Les figuró actuar por cuenta propia porque si esperan que desde el gobierno central les llegue una mano, hasta el día de elecciones rumbo a 2014 se deberán aguantar; Pereira no puede esperar más.