Incentivar la diversidad

Se dan casos en los que el profesional cuando trabaja se siente incómodo y no ve la hora de terminar su labor, contando los años que tiene que pasar laborando para lograr un beneficio económico el cual pueda disfrutar y, cuando no trabaja, se siente a gusto y libre; su trabajo es forzado no voluntario.

 

JULIETA SANTAMARIA VALENCIAPor: Julieta Santamaría Valencia

Durante mucho tiempo se ha pensado que todos los seres humanos son iguales y poseen las mismas capacidades. No obstante, la diversidad entre los alumnos quizá sea la más notoria ya que se pueden ver casos en los que hay algunos con capacidades y habilidades distintas a los demás. Esto es una realidad que se vive entre ellos y más aún cuando son profesionales.

En la actualidad los sistemas educativos ponen en práctica un ritmo que hay que seguir a cabalidad y que tiene como fin lograr masas, seres dependientes de una sociedad nociva y no se enfocan en incentivar seres individuales y cooperativos los unos con los otros; logran alumnos y profesionales cada vez más egoístas y apáticos.

Por lo tanto, cuando se aplica una educación basada en ver a los estudiantes como personas idénticas, se logran profesionales frustrados los cuales realizan labores en las que no se sienten a gusto y de las que no se apropian; por ende, no se comprometen con lo que están haciendo. Se dan casos en los que el profesional cuando trabaja se siente incómodo y no ve la hora de terminar su labor, contando los años que tiene que pasar laborando para lograr un beneficio económico el cual pueda disfrutar y, cuando no trabaja, se siente a gusto y libre; su trabajo es forzado no voluntario.

Esto también se ve en las universidades. Existen estudiantes que realizan una carrera solo por un beneficio económico y esto lleva a un rendimiento deficiente, a que se sientan fuera de contexto en el salón de clase, a que se consideren inútiles por no cumplir con las expectativas educativas, también puede ocasionar errores de graves consecuencias para ellos.

El estudiante posee dentro de sí unas capacidades innatas las cuales hay que dejar que se desarrollen libremente, teniendo así una persona que es capaz de formar su propia personalidad y su potencial interior.

Las diferentes capacidades de cada alumno se reconocen como un valor que hay que pulir, incentivar, respetar y, por parte del docente, sugiere una comprensión y un cambio en su forma y sus métodos de educar. Con estos cambios se pueden llegar a reducir e incluso a erradicar las desigualdades que se ven tanto entre estudiantes como entre profesionales, ofreciendo por ejemplo técnicas en las cuales se den a entender y conocer diferencias de los distintos grupos humanos, rasgos físicos, culturales, signos de identidad entre otros; no basta solo con aceptar estas diversidades sino de reconocer el valor que tiene cada una.

Enfocándose en estas diferencias individuales la educación debe asumir un cambio en su proceso de enseñanza y centrándose en varios aspectos de cada alumno, tales como el social, el personal, cultural, psicológico, modelos de aprendizaje previos, formas de comunicación, etc.

La metodología para lograr este objetivo debe ser fomentando el diálogo individual, proponer una relación de comprensión docente-estudiante, incentivando una interacción entre ambos, valorar las capacidades de los seres humanos, enseñando la dedicación y disciplina para explotar las diversas habilidades e identificando los talentos individuales, para estimular el desarrollo de estos talentos en vez de exigir nuevos e involucrar al estudiante para que sea más activo en clase, conocer los estilos de aprendizaje de cada alumno y enseñar el respeto por sí mismo y por los otros.

Hay que ver esto como una educación personalizada, enfocada en reconocer a la persona como un ser individual y distinto de los otros, único, autónomo y por lo tanto original y creativo, con capacidad de dar respuestas y actuar libremente. En últimas, ayudar al alumno a que encuentre el sentido y el camino de su vida.