En territorio venezolano, millones de colombianos hallaron consuelo, vivienda, salud, amparo –porque también tenemos refugiados– y, sobre todo, hallaron la no discriminación, el respeto, el cariño y el sustento que por años enviaban en remesas desde Venezuela para sus familias.

 

Por / Ramaris Vásquez*

No es casualidad que Bolívar agonizara pidiendo la unión en la Gran Colombia y luchando contra la “malparidez” santanderiana. Siglos más tarde, las reminiscencias de la tozudez de esta clase oligárquica colombiana que sigue exigiendo un certificado de “limpieza de sangre”, como en los tiempos de la colonia, para condicionar la consideración humana, da muestras de sus sentimientos.

Esta estigmatización histórica se expresa incluso desde sectores de la capital bogotana, donde hay colombianos que se creen de una clase social a la que no pertenecen y ejercen esta mala estirpe ante la cuarentena por el coronavirus, echando a la calle a hombres, mujeres, niños y ancianos venezolanos, violando sus derechos humanos ante los ojos de las autoridades de este país, que, ante este hecho, da vergüenza llamar “hermano”.

Más de 150 venezolanos y otros colombianos, según reportan los medios de comunicación del país vecino, fueron corridos del barrio Santa Fe en la capital colombiana por no tener cómo pagar el arriendo de sus habitaciones ante la cuarentena que ha dejado sin el sustento a miles de personas que viven de lo que producen a diario. Estas personas durmieron a la intemperie y amanecieron con sus pertenencias en la calle.

Es la ingratitud más enconada que estos venezolanos pueden padecer, cuando el Estado venezolano y su pueblo han cargado históricamente con más de 5 millones de colombianos a los que, constitucional y socialmente, se les han garantizado en este territorio todos sus derechos.

En territorio venezolano, millones de colombianos hallaron consuelo, vivienda, salud, amparo –porque también tenemos refugiados– y, sobre todo, hallaron la no discriminación, el respeto, el cariño y el sustento que por años enviaban en remesas desde Venezuela para sus familias.

Somos un pueblo noble y acogedor. Aquí vinieron miles de europeos, huyendo de la guerra y se les recibió y regularizó. Aquí vinieron latinoamericanos huyendo de férreas dictaduras y todos fueron acogidos; con todo ellos nos hemos mezclado y compartimos sin mezquindad nuestra bonanza y mejores sentimientos. A todos los migrantes y refugiados que llegaron a Venezuela se les brindó asilo, protección social y especialmente amor del bueno.

Esa falta de humanidad no puede venir si no de gente que ha sido mal parida, de mala entraña, nacida de la inconsciencia que no proviene del hambre sino de la miseria humana, de la maldad. ¿Estas personas no se conforman con el estigma de “venequearnos”, con el ejemplo de ciertos políticos rastreros, sino que encima aprovechan la ocasión para hace gala de su sentido de “fraternidad”?

Esta es una buena oportunidad para que esos –que tengo la confianza que son la mayoría, de este o del otro lado de “La Raya” y de cualquier lugar del planeta– que sí tienen cordura, que sí son humanos, que sí tienen en su interior sentido de hermandad, o al menos, sentido humano, hagan algo ante semejante maldad.

Si usted es colombiano o venezolano, o de cualquier nacionalidad del mundo, si usted es un ser humano, si tiene familia, si tiene hijos, si le duele la condición de minusvalía de cualquier persona, alce su voz, en persona, por las redes, por los medios, o por donde sea, pero levante su voz.

Si usted forma parte de una ONG, si usted defiende los derechos humanos, hable por estos compatriotas venezolanos, por favor. Si usted no es un ingrato ni un “malparido”, por favor, hable, indígnese, exprésese ante lo que le están haciendo en Colombia a estos venezolanos.

Ante semejante abuso, las opciones son muy claras: O ponerse del lado de quienes corrieron a estas personas de manera artera, cobarde e inhumana, sin siquiera negociar, hablar o pedir ayuda; o ponerse del lado de la humanidad, del sentido común, del lado de los buenos sentimientos y de la hermandad que de los dos lados se ha cacareado históricamente. Usted decide.

#NoALaMalparidez

* Periodista venezolana. CNP. 10.680.