Carta abierta a Jorge Mario Bergoglio

Y si decide ir, no se reúna con los arzobispos, menos con Darío. No. Vaya directamente a la parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria, allá, en el barrio Alfonso Bonilla Aragón, visite a los afectados, comprométase a pagar la reparación con arcas de su institución,  condene vehementemente el episcopado colombiano, destituya cabezas superiores, alcahuetas; aproveche la venida para menos bombos y platillos, y más oportunidades reales, no hipócritas, desde la Sixtina, de reivindicar los despojos de su decadente institución. Adelántesele a Ordóñez, no queremos en Colombia un Pontifex Maximus presidenciable.

 

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Pereira/ Colombia, año 2017

Señor

Jorge Mario Bergoglio

Jefe de Estado del Vaticano

Cínicamente.

 

En medio del fervor que anuncia su visita a Colombia (no el mío, por supuesto) y desde el ateísmo profesado por mí desde mis tempranos 18 años; el cual no me obliga a tratarle con su falso nombre (como todo en su institución) de FRANCISCO I, como si de una saga cinematográfica se tratara,  me he sentado esta tarde a escribirle.

Quiero empezar diciéndole que este país ya cuenta con Pontifex Maximus  en cabeza de un señor gordito, de tirantas, sonrisa aterida entre los dientes, racista, machista, homofóbico, misógino,  todo lo que su institución religiosa es, celebrador y pagador de misas tridentinas en latín y de espaldas al público, vendedor de bulas, perseguidor de ideas, quemador de libros, censurador de liberalidades. Este competidor suyo, nuestro propio papa, se llama Alejandro Ordóñez. Le sugiero tenga cuidado, destituye a todo aquel que por ejemplo declare a favor de los gays; corre usted señor Jorge Mario, el riesgo de regresar a Roma sin papado y que el de la papada le corra la silla.

Ha anunciado usted su visita a Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena. Se le quedó por fuera Cali, debería darse un paseíto por la Sultana del Valle, allá sí que hay cosas por resolver atinentes a su institución, uno más de los que en el mundo católico son el pan de cada día: pederastia.  No le quite el cuerpo a la visita a esta ciudad,  demuestre, no a mí –lo que usted diga o deje de decir no me hará creyente– demuestre que está interesado en verdaderamente renovar los preceptos medievales de su institución, que está dispuesto a jugarse el puesto por poner tras las rejas y restar su potestad sacerdotal a estos abusadores de niños, por primera vez en la historia de la Iglesia Católica; demuestre su “infalibilidad”

Y si decide ir, no se reúna con los arzobispos, menos con Darío. No. Vaya directamente a la parroquia de nuestra señora de la Candelaria, allá en el barrio Alfonso Bonilla Aragón, visite a los afectados, comprométase a pagar la reparación con arcas de su institución, condene vehementemente el episcopado colombiano,  destituya cabezas superiores, alcahuetas; aproveche la venida para menos bombos y platillos, y más oportunidades reales, no hipócritas, desde la Sixtina, de reivindicar los despojos de su decadente institución.  Adelántesele a Ordóñez, no queremos en Colombia un Pontifex Maximus presidenciable.

¿Señor Bergoglio, usted es consciente a qué país vendrá el próximo 6 de septiembre? No es la Arcadia de Paz prometida por Santos, ni es solo ciudades como Bogotá o Medellín, aquí los violadores portan camándulas a pecho abierto, los mafiosos como en Sicilia y México le rezan a sus santos, los procuradores legislan con la biblia en la mano, las libertades intelectuales son opacadas por los sectarismos religiosos. En Colombia, proliferan las iglesias cristianas de todo tipo, igual de crapulosas a la suya…

Pero todo esto sería tener demasiada Fe y estás alturas  eso  no sirve de nada.

@rubio_miguel