Reitero mi apoyo a Scaf porque la decisión del organismo judicial no solamente lo beneficia a él, sino que es un ejemplo para tener persistencia y de que sí se puede hacer justicia, que no hay que temerle a empezar un pleito jurídico si se tienen los argumentos, por más poderosa que sea la contraparte.

 

Por: Juan Carlos Zamora

El avance jurídico en favor del presentador y actor Agmeth Scaf, en su pleito con Caracol, a todas luces es una positiva noticia de lo que muchos sabemos, pero que pocos se atreven a denunciar porque infortunadamente la mayoría de medios de comunicación, no todos, tienen un manto para ser protegidos o por lo menos gozan de una complicidad. Muchas personas no saben que las empresas en mención vulneran derechos laborales, a través de sus formas de contrato o simplemente con el ambiente laboral.

En el caso de Scaf algunos dirán que busca reencaucharse, otros opinarán que quién lo manda a firmar y que para eso gana lo suficiente, que no llore; que salió resentido porque lo sacaron. Pero lo cierto es que, como pocos, se atrevió a adelantar un proceso judicial en contra de una de las grandes empresas de comunicaciones.

Para quienes hemos trabajado en varios medios de comunicación sabemos que muy pocos contratos son a término indefinido, más bien la mayoría son por prestación de servicios, freelance, anuales o por obra labor, que es uno de los más abyectos para los intereses laborales.

Infortunadamente, y nos pasa a la mayoría de periodistas, como en mi caso, o a los comunicadores, en otros, que caemos en la trampa de los egos, nos dejamos llevar por tener un efímero momento de fama o de reconocimiento en medios de comunicación, firmamos contratos de diferentes tipos, algunos por ignorancia, otros por necesidad y demás razones que en un país con altas cifras de desempleo son valederas.

En el caso de Scaf, tuvo paciencia para adelantar el proceso jurídico, cerca de siete años, eso es meritorio, porque en esta nación la demora para un fallo y las implicaciones que tiene mientras sale son las que llevan a muchos a desistir porque resulta desgastante, eso sin contar que algunas empresas hacen el trabajo sucio de acabar con la reputación del periodista o del comunicador para dejarlo cesante por mucho tiempo.

Y es que a muchos nos ha pasado, que por exigir derechos laborales, somos tildados de conflictivos, sindicalistas y hasta de locos.

 

Acoso laboral

Por otro lado, está lo relacionado con el acoso laboral, que varios tuvimos que padecer y otros lo estarán viviendo. Y es que en los medios de comunicación es recurrente que hostiguen al trabajador con la excusa de que está empezando, que hay que exigirle para que aprenda, sin contar aquellos “jefes” que al aire ponen en ridículo al periodista o al operario de emisión, por errores humanos. Estoy de acuerdo con la exigencia, con aprender, pero cuando ya se pasa al insulto, a la agresión y a menoscabar la dignidad de una persona, eso ya es diferente.

Ah, y para completar, otros que acosan a las mujeres “nuevas” para que accedan a favores sexuales a cambio de una meteórica carrera en X o Y medio.

Por lo anterior, no se me hizo raro lo ocurrido hace algunos meses entre una periodista y el dueño de una revista especializada en información del Congreso, quien en el video que rodó por redes sociales claramente agredió a una colaboradora.

Reitero mi apoyo a Scaf porque la decisión del organismo judicial no solamente lo beneficia a él, sino que es un ejemplo para tener persistencia y de que sí se puede hacer justicia, que no hay que temerle a empezar un pleito jurídico si se tienen los argumentos, por más poderosa que sea la contraparte. Es todo un aporte para denunciar los cientos de abusos que se cometen contra periodistas, comunicadores y equipo técnico que están en las “organizaciones”.

Esos mismos empresarios que van con cabeza erguida a cocteles, los tratan de doctores, de hombres de bien, que le están haciendo un aporte al país al generar empleo, pero a sus empleados los tienen en las peores condiciones.