Uribe es un gran soldado, es casi tan valiente como Rambo. No le da nada sacar su mayor arma y disparar a sus enemigos sin estribos. Siempre y cuando tenga un celular al alcance y la batería llena, disparará sus trinos siempre apuntando a la cabeza.
Por: Miguel Ángel López
Según información donada por los colegas de Razón Pública, Álvaro Uribe Vélez interrumpió una entrevista de televisión para trinar desde su celular. Uribe le dice a la periodista: “¡Espere le pongo otro twitterazo!” y con esas palabras manda otro de sus controversiales trinos.
Primero, ¿qué es un twitterazo? ¿Acaso la nueva bomba atómica? A parte de la guerra interna que vive el país, entre políticos se libra una guerra fría, que llegando al caso sería más bien tibia, o como dicen en el país: al clima. Son evidentes los ataques del exmandatario al presidente Santos, y viceversa.
Uribe es un gran soldado, es casi tan valiente como Rambo. No le da nada sacar su mayor arma y disparar a sus enemigos sin estribos. Siempre y cuando tenga un celular al alcance y la batería llena, disparará sus trinos siempre apuntando a la cabeza.
Y segundo y más importante, ¿qué pasaba en la cabeza de Uribe cuando decidió que interrumpir una entrevista para trinar era una buena idea? Partamos del hecho que interrumpir cualquier conversación para trinar o chatear es el mejor ejemplo de descortesía de nuestros días. A parte de las extensas y constantes conversaciones vía chat que se viven hoy por hoy, la obsesión de muchos por trinar constantemente llega a sus límites.
Uribe cuenta con 1.276.039 seguidores en el momento en que escribo este artículo y hasta entonces ha mandado 9.719 trinos. En ellos, él se encarga de retweettear todo lo que alguien diga a su favor, criticar el gobierno y de ratos se cree periodista.
¿Qué pasaba antes que Uribe no consideraba pasar horas y horas echándole a cabeza a qué decir, cuándo decirlo y cómo decirlo, como el resto de los twitteros? Nada pasaba, sencillamente ahora las prioridades de la gente han cambiado. Actualizar el Facebook y responder en el pin de BlackBerry es la única forma de no perderse de los amigos, pero eso ya es historia China. El problema ahora recae en el pajarito azul y los huevitos (n o democráticos) que incubó en nuestra mente.
El daño que Twitter nos ha hecho a los escritores es claro como el agua. Las ideas y las palabras las reducimos a 140 caracteres, en vez de sentarnos a escribir una novela completa. Sin embargo, los estragos se ven en todo lado, la gente publica su vida, comenta la ajena y se roba palabras constantemente, lo preocupante ahora es que los políticos entren al pozo sin fondo que representa esta red social.

