La colombianada política

HUGO ANDRÉS ARÉVALO G columnaNo necesariamente los que estudian ciencias políticas o derecho son los más apropiados para dirigir un país, sino aquellos que conocen o conocieron de frente sus necesidades y que tienen la firme convicción y flexibilidad del trabajo con las comunidades.

Por: Hugo Andrés Arévalo González

Como si no bastara con los integrantes uribistas retrógrados, con los santistas morrongos y con los godos conservadores, se les suman a la particular “propuesta política” colombiana, las figuras reconocidas del deporte y la televisión: El Pibe Valderrama, El cuenta Huesos y Don Jediondo.

Como ya lo mencioné en mi columna anterior ‘Juventudes políticas’, el ejercicio de la política no solo se da en el Congreso, también en la casa, el colegio, la calle; también en la relación de la propia persona con sus semejantes, es decir: con todos los seres humanos y en todos los espacios de la vida. Por otro lado es claro que cada quien es libre de hacer sus intervenciones en los lugares que quiera sin perjudicar a terceros. Al fin y al cabo la libertad es uno de nuestros derechos, al menos en teoría. Y sin embargo, resulta contradictorio que éstas personas que son retratos de la fama nacional y aparentemente tienen intervenciones sociales para ayudar a niños, por ejemplo, ‘El Pibe’, que tiene su propia fundación en Barranquilla donde ofrece un espacio de ejercicio y prácticas físicas para niños y jóvenes, y que así, puedan salir de las drogas; no pueda o no quiera ver que en un partido como el de la U, no podría cumplir efectivamente su sueño de ayudar a estos infantes, porque éste partido es uno de los creados para la lagartería oficial y que, por lo tanto, está muy lejos de comprometerse con el tema social y eso se evidencia en el aval que han tenido personas de la clase de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos para la ejecución de sus políticas perjudiciales al país en general.

A su vez, el “humorista” Juan Ricardo Lozano, más conocido como el Cuenta Huesos, y escribo entre comillas porque sus comentarios son pésimos, manifestó el peor chiste de su carrera televisiva, que  ha sido naturalmente, demostrar su interés por la política (ver noticia). Y aunque parezca, prejuicio, no faltaba más, para ponerle la firma, intenta unirse al Partido Conservador. El partido de apoyo estructural a los gobiernos aburridos y dañinos de siempre, que como el del Pibe y sus integrantes vendidos, le hacen auto-goles a la salud, a la justicia, a las necesidades de las comunidades LGBTI, etc.

Y por último, Pedro González, más conocido como ‘Don Jediondo’, analiza la posibilidad de aspirar también a la política por medio del Partido Liberal (ver noticia). Todos sabemos quiénes han pasado por éste Partido y cómo lo han utilizado a lo largo de su sufrida vida para impulsarse como los verdaderos camaleones que han sido Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, entre muchos otros.

Todos los intentos de estas personas por aspirar a la política, dejan el olor a podredumbre que se cocina en las aspiraciones de los candidatos al Congreso. No hay sino que ver a quienes pretende posicionar el ex presidente Álvaro Uribe con su nuevo partido Uribe Centro Democrático: reconocidos y aguerridos analistas y periodistas fervientes neoliberales a rajatabla de los lemas de ‘a sangre y fuego’, familiares de grupos empresariales y de la política actual con grandes vínculos sociales y apropiaciones indebidas… en fin, si muchas veces hubo comparaciones del Congreso de la República con un zoológico, es ésta la oportunidad donde se van a ver todas las especies con sus características naturales. Sin embargo, éste hecho también permite ver la oportunidad que tienen las personas comunes y corrientes, fuera de los mismos de siempre: abogados, economistas y politólogos, de alcanzar alguna representación pública, donde la política sería lo que siempre ha debido ser: una cercanía entre la ciudadanía y los caminos de gobernabilidad colectiva.

Aquí en Colombia, a semejanza de las familias que van  de turistas a Miami o las ciudades de exposición de delfines u otros animales que son atrapados ilegalmente para su exhibición legal; pagamos también cada cierto tiempo la permanencia personas con sus shows en el Congreso. Si nuestra idiosincrasia y nuestro afán de entretenimiento superficial, permiten que gente como ésta llegue a un cargo público, tal vez el show se vuelva más entretenido pero no cambie mucho. O a lo mejor y se vuelva peor. O tal vez se pueda trabajar en necesidades puntuales y con mayor fuerza de lo que se podría haber hecho antes. No necesariamente los que estudian ciencias políticas o derecho son los más apropiados para dirigir un país, sino aquellos que conocen o conocieron de frente sus necesidades y que tienen la firme convicción y flexibilidad del trabajo con las comunidades. De todas maneras resulta extraño ver el salto de la pantalla al Congreso; pareciera ser incoherente. Pero al final, sólo queda la sensación de que parece extraño porque estamos acostumbrados a lo mismo. Lo revelador de todo esto, es que pase lo pase, si es que llegan al Congreso estas figuras del entretenimiento y el deporte, ellos, o podrán seguir construyendo su buena imagen y trabajarán ciertamente por lo que pudieran proponer para el beneficio colectivo o, finalmente, acabarán destruyendo los altares que les han construido los medios y las personas. Y al contrario de los delfines y sus saltos que entretienen a las familias en Islas del Rosario o Miami, somos nosotros los delfines que con nuestros votos y complicidad podríamos entretenerlos, no solo a los nuevos aspirantes, sino  a los mismos de siempre, por muchos años más en el poder político.