CARLOS A. CROSTHWAITEPero como no hay inversión pública donde la mano de la politiquería y la corruptela no meta sus manos, son varias las denuncias elevadas por veedores locales sobre los malos manejos y la mala calidad de estos trabajos, ejecutados por la Carder y la Gobernación, y, adjudicados muchos de ellos, al combo de “Flabio y sus bambam”, con las consecuencias ya descritas.

 Por Carlos Alfredo Crosthwaite

La situación de pobreza, atraso, desempleo y marginalidad de los habitantes de La Virginia no mejora, no obstante los recursos que se invierten año tras años, gobierno tras gobierno. Y mucho menos, en los últimos dos años, con los miles de millones invertidos en los diques, redes de alcantarillado, obras del acueducto y atención de damnificados. Agreguemos a esto que el sector agrícola y agropecuario atraviesa por una severa crisis, sectores que proveen la base económica para el sustento de sus habitantes.

La Virginia, al igual que centenares municipios del país, sufre periódicamente por inundaciones en gran parte de su área urbana, situación esta que se repite año tras año, sin que se hayan diseñado y construido, al día de hoy, de manera eficiente, obras que mitiguen los daños en salud y en el patrimonio de sus gentes.

Sin embargo, actualmente se adelantan obras financiadas con recursos de Colombia Humanitaria, concedidas con ocasión de los siniestros invernales de finales del 2010 por el fenómeno de La Niña. Pero como no hay inversión pública donde la mano de la politiquería y la corruptela no meta sus manos, son varias las denuncias elevadas por veedores locales sobre los malos manejos y la mala calidad de estos trabajos, ejecutados por la Carder y la Gobernación, y, adjudicados muchos de ellos, al combo de “Flabio y sus bambam”, con las consecuencias ya descritas.

Actualmente está en ejecución el Contrato No 1585 de diciembre 14 de 2011 para “rehabilitar el sistema de Acueducto del Municipio de La Virginia en sus componentes Bocatoma- Aducción- Tanque de Sedimentación” por un valor inicial de 5.111,6 millones de pesos, adjudicado al ingeniero José Fernando Suárez, uno de los apadrinados de María Irma Noreña en Aguas y Aguas, con un plazo de ejecución de seis meses, o sea, debía entregado en el mes de mayo de 2012.

Sin embargo, a menos de un mes de iniciado, el 15 de diciembre de 2011, se suspende su ejecución y se reinicia el 28 de febrero de 2012 con nueva terminación en agosto 28 de 2012. Pero el día 3 de agosto de 2012 se prorroga el plazo de entrega por tres meses más hasta el 28 de noviembre del mismo año.

El 29 de noviembre de 2012 se adiciona el valor del contrato en $2.500 millones de pesos, con anticipo de $1.000 millones de pesos y se prorroga nuevamente su entrega hasta el 31 de diciembre de 2012. La adición del contrato se hizo para ampliar el objeto del contrato a la “construcción de la nueva línea de conducción del acueducto ubicado entre las abscisas K 0+945 y K 3+850”. El 24 de diciembre de 2012 se suspende nuevamente la ejecución del contrato, motivada esta suspensión por la necesidad de “ajustar el diseño actual del trazado de tal manera que se garantice una óptima operación de todo el sistema de acueducto en su componente de conducción”, hasta el 20 de agosto de 2013, en esta fecha se reinician las obras y la Interventoría solicita nueva prórroga hasta el 24 de noviembre de 2013.

Estas múltiples prórrogas y adiciones en su valor se convierten en actos abiertamente ilegales, pues según se observa en las justificaciones, no existían estudios confiables, toda vez que mientras se iban ajustando sus plazos, se terminaban o ajustaban los estudios, y solo hasta el pasado 18 de julio de este año, o sea ocho meses después de la adición, se suscribió el Contrato de Constitución de Servidumbres con los propietarios de los predios a ocupar con la nueva línea y el trámite ante Invías para la autorización del cruce de la vía nacional.

Como vemos, estamos ante otro ilegal contrato, en el cual pudo más el interés de adjudicar, mediante pliegos de sastre y de manera urgente, no obstante la ausencia de estudios pertinentes, permisos ambientales y de ocupación y paso por predios ajenos.

Y mientras tanto la gente de La Virginia sigue sumida en la pobreza y observa impotente cómo con los dineros destinados para mejorar en algo su nivel de vida se destinan a los negocios de la corrupción.