A estos grandes ejecutivos, vestidos y acicalados con Calvin Klein, Salvatore Ferragamo y Rolex, vacaciones en Europa, fines de semana en Miami o Nueva York, entre otras excentricidades inaceptables, francamente vergonzosas y antiestéticas…

 

ADRIANAGONZALEZCOLUMNAPor: Adriana González

Hace unos cuantos días, haciendo una tarea que pocas veces hago en mi vida: la de buscar sin sosiego algún canal de televisión para ver algo entretenido, me encontré con la banda sonora de “El Padrino”, razón por la que decidí quedarme pegada a la película y verla por segunda o tercera vez en la vida.

Se trataba de “El Padrino 2”, la cinta que narra la sucesión familiar en Michael Corleone –interpretado por Al Pacino–, hijo sobreviviente de Vito Corleone (Marlon Brando) y en quien –a raíz de la muerte de su padre– se establece el mandato de esta estructura mafiosa asentada en Estados Unidos en el siglo XX. Sin duda, Vito muestra una gran frialdad para imponerse a sangre y fuego entre familiares, amigos y enemigos, razón por la cual termina siendo el jefe máximo de la bandola.

Todo pareciera quedarse en el cine de Hollywood y que la historia terminara allí. Sin embargo, cuando se prende la radio en la mañanas uno termina comprendiendo una vez más que cualquier parecido con la realidad… no es mera coincidencia.

El último anuncio del Superintendente de Industria y Comercio, Pablo Felipe Robledo, nos devuelve rápidamente a esta trilogía fílmica y permite concluir que en Colombia se ha ido enquistando poco a poco un terreno abonado para la cartelización y construcción de estructuras mafiosas que ahora no solo deambulan por los pasillos del narcotráfico, sino peor aún, por lo corredores impolutos de las grandes compañías colombianas y empresas multinacionales de gran prestigio.

El azúcar, los pañales, el papel higiénico y los útiles escolares, son entre otros los sectores económicos sancionados con fuertes sumas de dinero por la Superintendencia, por la utilización de prácticas mafiosas o constitución de verdaderos carteles que afectan directamente la economía de los ya empobrecidos hogares colombianos.

Toda una empresa o asociación criminal –dirían los penalistas–, rodea a estas importantes industrias. A estos grandes ejecutivos, vestidos y acicalados con Calvin Klein, Salvatore Ferragamo y Rolex, vacaciones en Europa, fines de semana en Miami o Nueva York, entre otras excentricidades inaceptables, francamente vergonzosas y antiestéticas –como hubiera dicho el maestro Carlos Gaviria retomando a Wittgenstein– para un país del tercer mundo como Colombia, les siguen unas actuaciones privadas y oscuras prácticas que demuestran la crudeza y descomposición ética y, por qué no “económica”, a la que llegan sin sonrojo alguno los grandes representantes del capital local y transnacional.

Pueblan las páginas sociales de periódicos y revistas locales, posan y son tenidos socialmente como los grandes señores, pero sus actuaciones privadas no dejan de estar al mejor estilo de la producción “El Padrino”, auténticos mafiosos. No se untan de narcotráfico –al parecer–, pero sí les toca acudir al paramilitarismo para limpiar de campesinos pobres los terrenos que requieren para adelantar sus proyectos, no titubean para dar la orden, así lo confesó el paramilitar “H.H.” ante una Corte de los Estados Unidos, y no está por demás recordar la condena que un juez de Washington D.C. hizo a la multinacional bananera Chiquita Brands por financiación a grupos paramilitares en Colombia (ver noticia en El País de España).

Así que no es de extrañar las severas sanciones que el Superintendente de Industria y Comercio ha venido realizando en los últimos años. Lo que sí extraña es que la sociedad colombiana vea como parte natural del paisaje la cartelización o prácticas mafiosas de la comercialización de elementos que hacen parte de la canasta familiar; extraña que la sociedad colombiana no efectúe ningún tipo de sanción moral y/o de consumidor contra estas grandes compañías que para mantener sus carteras llenas atentan sin vergüenza contra la economía familiar de un país terriblemente empobrecido por el sistema económico y que, peor aún, sigan sus grandes ejecutivos y cabezas visibles posando como los grandes patriarcas en una sociedad que los mira sin reproche y con reverencia, tan reprochable como Vito Corleone lava su dinero haciendo grandes donaciones a la Iglesia Católica.

Pd: La banda sonora del Padrino es una pieza digna de guardar y escuchar en nuestra radiola.