La disculpa que nunca llegó

Al día de hoy me sigue faltando la disculpa de ese periodismo que se dedica a todo, menos al periodismo. Ese periodismo que encontró otra forma de hacer, según ellos, periodismo: los periodistas no van a la noticia, la noticia va a los periodistas.

 

JUAN ALEJANDRO ECHEVERRI

Por: Juan Alejandro Echeverri

Aunque un profesor de mi Universidad lo repita hasta el cansancio, me niego a creer que el periodismo sea un negocio. Tal vez baste ejercerlo (que no es tan fácil como parece) para entender que el mal llamado negocio, en realidad es un voluntariado puesto al servicio de la sociedad— hecho para personas con sueños de acero. Por supuesto que algunos se aventuran a pisar las fangosas tierras del periodismo buscando lucro o reconocimiento, pero esos son empresarios o cualquier otra cosa menos periodistas.

No descubro nada nuevo afirmando que el periodismo se encuentra en cuidados intensivos. La patología  depende de quien haga el diagnóstico: para los empresarios la calidad no es importante, sus dictámenes están basados en el número de clics, dicen que el “negocio” no es rentable.

Pero hay otra versión del estado de las cosas. La versión de una periodista que se toma el trabajo de hurgar una, dos, las veces que sea necesario. La versión de una periodista de verdad como Leila Guerriero, su dictamen, plasmado en zona de obras,  es el siguiente: “Son tiempos raros. Los medios buscan la manera de enfrentarse al mundo digital, a las exigencias de velocidad y a la caída de las ventas y, como una forma de solución a esos –y otros– problemas, los periodistas deben salir a la calle a hacer diez artículos por día munidos de grabadora, tablet, teléfono móvil y cámara de fotos (aun cuando es obvio que nadie puede tener una estupenda prosa y, además, sacar estupendas fotos y, además, escribir estupendas frases de ciento cuarenta caracteres y, además, tener un estupendo blog) mientras, al mismo tiempo, se promueve la idea del periodismo ciudadano, que consiste en decirle a todo el mundo que eso que los periodistas hacen lo puede hacer cualquiera”.

Tal cual. Los periodistas son –somos– el cáncer del periodismo. Los medios caminan por la cornisa como si no se dieran cuenta de lo que hacen, parecen suicidas. Los tiempos han cambiado tanto, tantísimo, que ahora todos podemos ser periodistas. Como si todo fuera periodismo, lo que es y lo que no también. Llegamos a la anarquía total, todo se vale, todo se puede.

El profanado periodismo quedó al desnudo en los recientes Juegos Olímpicos.

El 14 de agosto, durante el décimo día de competencia, se publicó por todos los  medios el asalto a cuatro nadadores estadounidenses en Rio. Ryan Lotche, 12 veces medallista olímpico, estaba entre los asaltados. Según las palabras del deportista –materia prima de la notica– tipos armados que usaban el distintivo de la policía interceptaron el taxi que los transportaba a él y a sus compañeros  en la madrugada. Los hombres vestidos de policías, dijo Lotche, les robaron el dinero y algunas pertenencias.

El Comité Olímpico Internacional dio una lección de periodismo evitando dar declaraciones sin antes comprobar la veracidad del hecho.

A los cuatro días Lotche volvió a ser noticia mundial. Basadas en una grabación, las autoridades brasileñas demostraron que el supuesto robo nunca existió. El nadador utilizó los medios para encubrir los destrozos que él y sus compañeros ocasionaron en una estación de gasolina. El pastorcito mentiroso fue señalado y apedreado en la plaza pública (hoy llamada internet) cual María Magdalena o ratero de época medieval. Algunos de los que asistieron al juicio juzgaban por su condición, eran igual o más mentirosos que él. Lotche perdió el patrocinio de Speedo, Ralph Lauren, Airweave y Gentle Hair Removal; debió donar 11.000 dólares a causas benéficas en Brasil; aceptó su error y se disculpó.

Al día de hoy me sigue faltando la disculpa de ese periodismo que se dedica a todo, menos al periodismo. Ese periodismo que encontró otra forma de hacer, según ellos, periodismo: los periodistas no van a la noticia, la noticia va a los periodistas. Ese periodismo que hace lo que cualquiera puede hacer: desgrabar una entrevista o decir que alguien hizo lo que otro dijo que él había hecho. ¿Contrastar? ¿Dudar? ¿Buscar la verdad? Eso pasó de moda, “los tiempos han cambiado”.

Los periodistas son los únicos capaces de salvar el periodismo. Por eso sueño con ser grande, para demostrar que periodista, aunque parezca, no se le puede decir a cualquiera.