Es por eso que la ética en el periodismo es rentable, como lo sustentó Javier Darío Restrepo en el reciente Premio y Festival Gabriel García Márquez de Periodismo. Entonces ahora, ¿qué vendemos?, la ética o la falta de ética. Dependerá de la habilidad de su comercial para transmitir que todavía se hace periodismo de calidad.

 

Por Carlos Marín

Titulo con la frase más potente que ha enmarcado en estos tiempos la labor de Javier Darío Restrepo, justo cuando se da un surgimiento desenfrenado de nuevas apuestas periodísticas en entornos digitales.

¿Cómo vender desde el área comercial la ética? Un valor intangible que podría parecer que es escaso en la medición; pero que por alguna razón se transformará en un argumento de peso si se sabe justificar como rentable.

Desde las horas que tienen que trabajar los periodistas, hasta su preparación en la elaboración de un ejercicio enmarcado en valores, principios y prácticas que buscan la imparcialidad. Todo ello compromete la ética.

Sin embargo, si no se puede vender la ética, desde el punto de vista comercial se tiene que sustentar la falta de ética en estos tiempos, algo que se puede describir mucho con el sinnúmero de plataformas en internet que a través de un periodismo aficionado abogan por realidades utilizando técnicas poco profesionales.

En esa misma línea, aludir también a la cantidad de nuevos periodistas que surgen a diario para generar el asombro en las audiencias sobre cómo el ejercicio del comunicador ha crecido. Pero ojo, no todo el que informa es periodista. Y eso también lo deben conocer los clientes.

La ética en la práctica del periodismo se enmarca en cuatro componentes esenciales:

  1. La responsabilidad manifiesta del periodista a la hora de asumir un abordaje con criterios alejados de las perspectivas personales; es decir, la definición de un objeto de estudio que cumpla con criterios comunes y que sea de interés de las audiencias.
  2. El conocimiento del periodista para la realización del respectivo abordaje, entendiéndose esto como que conozca sobre géneros periodísticos, nuevas narrativas y todo lo que compromete a su campo profesional en relación al trabajo que asumirá.
  3. Las prácticas elaboradas del periodista para llegar a la información, el qué se quiere buscar y el cómo se busca se relacionan para generar una dinámica de trabajo que cumpla con elementos básicos en el ejercicio. Por ejemplo, la relación periodista-fuente y la relación periodista-información. No siempre el periodista respeta la información que tiene.
  4. El tiempo que el periodista o medio le dedica al material informativo, sea del género que sea. El factor tiempo influirá sustancialmente en el producto final que conocerán las audiencias. Dedicarle dos días a una investigación que supone demanda cinco también corresponde a una falta de ética. Escribir un artículo de opinión en 20 minutos, cuando su investigación requiere de una semana también lo es.

Si lo anterior no se tiene en cuenta, o si se falla en uno de los cuatro aspectos, se podría estar incurriendo en faltas claras a la ética en el periodismo. ¿Cómo vender esto?

Los medios tradicionales todavía no encuentran la manera de sustentar el negocio porque no han sabido cómo vender un valor intangible como la ética, se cree que el fin es más importante que el medio, restando importancia al medio, y el medio para llegar a la información es ineludiblemente el periodista.

El comunicador es ese medio que interviene por encontrar esa información final que llegará a las audiencias y de su preparación, de su ética, dependerá la iluminación con la que se presente la producción final.

En los medios donde los periodistas deben trabajar entre 10 y 12 horas diarias, constantemente se atenta contra la calidad de la información. Así mismo los periodistas independientes que después de una ardua jornada laboral terminan en la redacción de un texto, sin pensar si es el momento adecuado para producir una pieza que llegará a decenas de personas. Compromete la ética este tipo de situaciones. Peor aún, compromete el ejercicio global del periodista, un ejercicio ya desprestigiado.

Los editores que constriñen a sus periodistas al exigir la publicación de un producto a determinada hora sin tener en cuenta la exigencia en la investigación que requiere, no es solo un atentado contra su propio medio, es un atentado contra su periodista y la reputación que lo antecede. Otra falta de ética periodística.

La pasión debe estar acompañada del profesionalismo, y el profesionalismo no siempre lo confiere la academia; lo permite la práctica responsable, la manera de ejecutar la labor ceñida a los principios que comprometen el deber ser. Un profesional preparado en la academia, obligado a frecuentar prácticas dudosas en su manera de hacer periodismo, se convierte en un ejercicio poco rentable, y en un mal ejemplo para el ejercicio fundamentado en la academia.

Es por eso que la ética en el periodismo es rentable, como lo sustentó Javier Darío Restrepo en el reciente Premio y Festival Gabriel García Márquez de Periodismo. Entonces ahora, ¿qué vendemos?, la ética o la falta de ética. Dependerá de la habilidad de su comercial para transmitir que todavía se hace periodismo de calidad.