HUGO-ANDRÉS-ARÉVALO-G-columnaLa verdadera liberación es por tanto la de aquellas reflexivas que dan todo de sí mismas, para entender que su liberación no parte solamente desde ellas sino también con ayuda de los hombres que las comprenden y las apoyan en sus justas luchas

Por: Hugo Andrés Arévalo González

La imagen de la mujer y el discurso de su liberación, los usan como carne de cañón para continuar con las estrategias de dominación, por ejemplo, el caso de algunas mujeres consideradas “poderosas” que no hacen nada distinto a lo que hace un hombre con poder y que en la mayoría de las veces corrompe a través de él.

Un ejemplo real yace en la publicación de la revista Hola de España en el 2011, cuando exhibieron en una de sus versiones, una fotografía donde aparecen las mujeres “más poderosas del Valle del Cauca”, y se evidencia el racismo latente en las prácticas sociales (Ver fotografía). Como respuesta incorrecta y  violenta, la revista Soho, a cargo de Daniel Samper, decidió publicar una fotografía, según él, para mostrar de “manera irónica” lo sucedido (ver fotografía). La contestación de Samper es del tipo: “ojo por ojo y diente por diente”, que pese a su uso por medio de la sátira, sólo acentúa más la violencia. Al respecto, diría en su momento Belky Arizala, directora de la Fundación El alma no tiene color: “Nunca he tenido la necesidad de desnudarme para generar polémica. Creo que las expresiones artísticas deben tener como meta y compromiso dejar un mensaje de equidad y respeto” (ver más).

El 8 de marzo, llamado el “Día de la mujer”, no debería servir como sustitución de características humanas como: una sonrisa, un abrazo y el compartir, por un objeto material. Hay una gran tendencia en las mujeres a sentirse incluso ofendidas si no se les felicita o se les hace entrega de obsequios, lo cual demuestra el arraigo profundo que hay dentro de esta práctica considerada ya como algo social y tradicional y digno de celebración, cuando debería ser un día más de reflexión sobre la problemática.

Un ejemplo de esa cosificación de la mujer a través de supuestos discursos de liberación, que la encadenan, aparte del 8 de marzo, es el que había mencionado en mi columna ‘la crisis de las ciencias sociales y humanas’ (ver columna completa): “Tal es el caso, por ejemplo, del sobrino de  Sigmund Freud,  Edward Berrnays, quien se convirtió en el padre de las relaciones públicas modernas (RRPP) ,particularmente en los Estados Unidos. Uno de sus principales aportes, fue hacer una campaña a las mujeres en las que las invitaba a obtener clase, poder y libertad por medio del cigarrillo. Las mujeres que se sentían liberadas, eran entonces las que aparecían fumando en comerciales: todas con poses de grandeza, exhalando el humo con suavidad y elegancia. Ahora las mujeres estaban atadas a un nuevo mercado destructivo e igual de violento y represivo que antes”.

Hablo entonces del 8 de marzo como un día en que tanto la mujer como el hombre, entiendan que en la medida en que uno da y el otro recibe el discurso violento del comercio de la amistad y el amor, se profundiza más la debacle de la civilización.

Para mí, uno de los mejores casos desde la historia, y aunque es una obra de dramaturgia, que pueda darnos algunas luces para superar este conflicto, es el de Lisístrata de Aristófanes (ver obra): hay una guerra entre laconios y atenienses y las mujeres de los guerreros abogan para que el conflicto termine. La lucha continúa, por lo que las mujeres deciden hacer una huelga sexual y no tener relaciones con sus esposos sino es con la condición de que finalice la guerra. Finalmente, la iniciativa femenina gana.

Este ejemplo, que podría parecer que si no es porque se prohíbe una necesidad cultural tan fuerte como el sexo, no puede hacer cambiar de opinión a los hombres y culminar con la guerra, pareciera dejar a la deriva otras posibilidades de frenar el rumbo de los deseos insaciables del ser humano, sobre todo del hombre. Sin embargo, algo se podrá hacer. Cuando hablo de una falsa liberación de la mujer; hablo por tanto que debe haber una verdadera: la falsa es la de las mujeres y hombres que se dejan llevar y lavar el cerebro por la dinámica del sistema y permiten que celebraciones como las del 8 de marzo sean una razón de discusión o pelea si no se les dice “feliz día” o se les da un regalo; la verdadera liberación, es por tanto la de aquellas reflexivas que dan todo de sí mismas, para entender que su liberación no parte solamente desde ellas sino también con ayuda de los hombres que las comprenden y las apoyan en sus justas luchas, donde al final no se trata de si somos hombres o mujeres, sino de que necesitamos ser reconocidos simplemente como seres humanos  con nuestros derechos y deberes, y que si algo ha demostrado la historia, es que hemos llegado a sobrevivir debido al trabajo colectivo.