“Una zona bendecida con cuatro parques nacionales, diecinueve ríos grandes y docenas pequeños, dos océanos, una selva, cuatro etnias y tres lenguas con treinta y cuatro variedades dialectales”.
Por: Manuel Pascua
Constitución, art. 13: Todas las personas nacen libres e iguales, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades.
Constitución, art. 22: La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento
Desde hace unos días y todavía durante algunos más, un grupo terrorista y subversivo no solamente tiene amenazado a todo un departamento y prohibida la circulación por sus carreteras, sino que además les está impidiendo el abastecimiento natural de bienes y servicios, condenándoles al miedo, al sufrimiento, a la tortura, a la muerte y a la inanición.
El gobierno no hace nada, al menos no desde mi punto de vista. Salir en televisión, en radio y en twitter, que es el último grito en comunicación posh, rasgándose las vestiduras, jurando, perjurando y prometiendo que “se van a tomar medidas” contundentes o que el gobierno no puede permitir que se sojuzgue a la gente, no es suficiente. Ahora el ministro responsable dice que se va a trasladar un día de estos a la zona para… ¿para qué era que era?
Hablo de un territorio con selva ecuatoriana, con la mayor pluviosidad del planeta, con una riqueza mineral e hidrológica que debería hacer de él uno de los más ricos del orbe.
Hablo de un territorio cuyos patrimonios biológico y fluvial representan tesoros en turismo y riqueza hidrológica, sin embargo…
No tiene las infraestructuras mínimas que un área con tanta riqueza merece: apenas tiene dos carreteras llenas de huecos que comunican la capital con Medellín y Pereira. Solamente Quibdó está (mal) comunicada: el 36% de la población y el 7% del territorio. O, lo que es dramáticamente lo mismo, el 64% de la población y el 93% del territorio viven en la inopia.
Hablo de una zona bendecida con cuatro parques nacionales, diecinueve ríos grandes y docenas pequeños, dos océanos, una selva, cuatro etnias y tres lenguas con treinta y cuatro variedades dialectales.
Hablo de la zona con mayor potencial en pesca fluvial y marítima del continente y, por supuesto, del país.
Hablo de una zona abundante en oro, plata, cobre, molibdeno y platino, tanto que el municipio de Condoto es considerado la capital mundial del platino.
De eso hablo.
Pero solo puedo escribir de una tierra olvidada y castigada por hombres que viven lejos.
De eso hablaría.
Pero solo puedo escribir de una tierra con un índice de pobreza del 79’7% (DANE), con el 45% de la población menor de 16 años, con un índice de analfabetismo del 32% y con el Índice de Desarrollo Humano (IDH) más bajo de Colombia.
Hoy escribo del Chocó, donde los terroristas matan a sus ciudadanos y les impiden abastecerse de lo más esencial.
Hoy escribo del Chocó, donde la corrupción institucionalizada ha expoliado a sus gentes de sus recursos naturales y les ha arrebatado los fondos para agua potable, sanidad y educación.
Hoy escribo del Chocó, un territorio ubérrimo donde el estado no existe. Ni la paz. Ni la riqueza. Ni el futuro.
Hoy escribo del Chocó, donde estamos consiguiendo matar lo único que, dicen, nunca se pierde: la esperanza
Hoy escribo del Chocó para avergonzar al ministro Vargas Lleras y al gobierno Santos y a todos los colombianos por permitir que subsista en tan lamentables e inicuas condiciones.
Hoy escribo del Chocó, un territorio desde donde llega un rumor doloroso que retumba en mis oídos y no me deja dormir ni casi pensar.
Hoy escribo del Chocó, donde la climatología casi impide la agricultura pero donde una de sus etnias ancestrales se llama Emberá, La Gente del Maíz.
Hoy escribo del Chocó porque me da vergüenza hacerlo de la Constitución.
Art. 17. Se prohíben la esclavitud, la servidumbre y la trata de seres humanos en todas sus formas.


