Juan-manuel-toroLos rojos, cayeron de para arriba. Samper, Serpa y otros dinosaurios políticos fueron reencauchados. Grave para el escenario de la democracia que pide a gritos la renovación y la frescura.

Por: Juan Manuel Toro Monsalve              

Las toldas rojas andaban recogidas. Divagaban tiradas en el más recóndito de los cajones de la política colombiana. Nadie se acordaba de ellas, se sentían extrañadas, pero a decir verdad, la realidad era otra. Naufragaron desde 1998 hasta 2010 afrentando un establecimiento que hoy asumen como de su propiedad. Por eso, en las regiones vuelve y se habla de viejos cacicazgos que quitan y ponen. Maquinarias que hacen sus apariciones cada cuatro años al momento de soplar los vientos electorales.

Todo un oportunista, así es el famoso Partido Liberal Colombiano. Viudo de poder durante doce años, se pegó del presidente Juan Manuel Santos con el fin de volver a degustar los deliciosos banquetes que ofrece la burocracia colombiana. ¿Doctrina liberal? Eso no existe, desapareció. Su ideología terminó al igual que su “rival” político de toda la vida: en los puestos y los contratos.

Es irrisorio escuchar hablar congresistas tales como Simón Gaviria (el mismo que no lee ni estudia las leyes que firma) y a un tipo como Juan Fernando Cristo. Llenan sus bocas parloteando de un gobierno que asumen como de su propiedad pero que en el fondo lo sienten como cuerpo ajeno. Las famosas ideas liberales pregonadas a los cuatro vientos revivieron solo por la gracia de un presidente de dar contentillo a todo el mundo; la mermelada que llaman.

Pero hay que ser claros, los liberales sin la volteada de Santos a sus electores seguirían siendo un partido más del montón. Pregúntenle a Rafael Pardo que con una votación de 638.302 terminó relegado a un quinto puesto, lejos del lote de punta. Y pensar que ese partido perdedor y desgastado, es hoy el que gobierna con sus “ideas”. Como buen amante del presidente, también sabe ganarse sus privilegios. Será por eso que cacarean ante cualquier guiño presidencial.

Pero al igual que los azules, han salido perdedores de las últimas jornadas presidenciables. Todo un fracaso rotundo para el tradicionalismo en el país. Con eso y todo, Santos consagrado como el “milord” los levantó y los encumbró como buenos contendores que son. Los rojos, cayeron de para arriba. Samper, Serpa y otros dinosaurios políticos fueron reencauchados. Grave para el escenario de la democracia que pide a gritos la renovación y la frescura.

No es de extrañarse que Juan Manuel Santos, como buen echador de bandazos, los ascienda de amante política a ser su amor verdadero. Así los celos de Roy Barreras terminarían por materializarse. En últimas su procedencia es de allí; y de los azules; y del Uribismo; ¿y mañana?

En eso terminó la política colombiana. De los debates de ideas, posturas y argumentación poco queda. Las famosas alianzas partidistas o unidad nacional que llaman, no son más que un fácil atajo para acceder al poder. Eso a costillas de un electorado que a la final no sabe por quién votó; o que ideología escogió. La maquinaria en definitiva, lo arrastró. En el país los partidos políticos no existen, se extinguieron. Ojalá que para 2014, una tercera vía sea la opción.