MARGARITA CALLE-1El espejo y el tiempo como metáforas han sido unos dispositivos fundamentales para alimentar esta búsqueda de autoafirmación del yo. Así lo ha reconocido la joven artista Georgina Montoya, quien desde el pasado 12 de octubre presenta, en la sala de exposiciones del Centro Colombo Americano, la exposición “Duplicidad de la imagen o la imagen develada. Una apología al espejo”.

Por: Margarita Calle

Develar el mundo íntimo, mirarse a sí-mismo, captar los gestos, poses, rasgos, detenerse en la propia mirada, en el rostro, en el cuerpo, en las marcas que el tiempo le imprime al cuerpo, nos descubre en principio, una preocupación por la identidad. Más allá de la pregunta por quiénes somos o cómo nos ven, aparece la pregunta por el yo, por la imagen de nosotros mismos: ¿cómo nos vemos?, ¿cómo aparecemos?, ¿qué imagen tienen los otros de mí mismo? Son cuestiones recurrentes en el ser humano que en ocasiones derivan en obsesiones y desviaciones del comportamiento.

El espejo y el tiempo como metáforas han sido unos dispositivos fundamentales para alimentar esta búsqueda de autoafirmación del yo. Así lo ha reconocido la joven artista Georgina Montoya, quien desde el pasado 12 de octubre presenta, en la sala de exposiciones del Centro Colombo Americano, la exposición “Duplicidad de la imagen o la imagen develada. Una apología al espejo”. Ampliando el espectro de lo que podría ser la exhibición de un grupo de obras acabadas, lo que aquí se presenta es un proceso, un espacio vivencial en el que aparecen reunidos momentos y motivaciones de una experiencia de largo impulso, que encuentra en la auto-referencialidad y el autorretrato, el pretexto para explorar relaciones conceptuales, afectivas y plásticas sobre la imagen y la autoimagen.

De acuerdo con la artista, el proyecto se afianza en diferentes reflexiones acerca de los objetos, las palabras y las imágenes, y su papel en las relaciones que como sujetos construimos con el mundo. En el fondo se trata de un ejercicio autobiográfico en el que confluyen preocupaciones que comprometen la noción del tiempo como referente de las transformaciones que sufre nuestra identidad. ¿Cómo percibimos la acción del tiempo en nuestro cuerpo?, ¿cómo pasamos de un estado a otro y cómo se refleja esto en nuestro pensamiento? Estas son algunas de las preguntas que movilizan la búsqueda de Georgina, en su esfuerzo por desvelar cómo el cuerpo deviene memoria y cómo, inevitablemente, nuestro cuerpo busca la experiencia en la experiencia del otro, o mejor, coexiste por mediación de otros (cuerpos).

Hoy, cuando la virtualización nos ha permitido experimentar otro de tipo de intercambios y cuando las tecnologías nos posibilitan estar en diferentes partes al mismo tiempo, la idea del cuerpo como residuo y simulacro empieza a ganar terreno. Sin embargo, como bien lo puntualiza Pierre Levy, tal proceso no representa una des-encarnación sino una reinvención, una multiplicación, una heterogénesis de lo humano, situado, digámoslo nosotros mismos, en el contexto de unas socialidades y unas afectividades que así lo reclaman.

En el registro reiterado, en la redundancia y en la fruslería que generan estas búsquedas incesantes, todos nosotros, en tanto cuerpos reencarnados, buscamos reafirmarnos, autorreconocernos y, en últimas, alcanzar el reconocimiento. Eso es lo que nos señala Georgina Montoya con la instalación de este espacio de reflexión al que nos convoca en el Centro Colombo Americano. La exposición estará abierta hasta el 1 de noviembre de 2013.