DIEGO FIRMIANO«Un hombre con poder es un hombre que esconde algo y hay que descubrirlo.
Hay que descubrir el delito. ¿Qué delito?
No se sabe qué delito, pero hay que descubrirlo.
La filo­sofía de la transparencia se ha convertido en la vergüenza de nues­tra profesión»

Jean Daniel en Le Nouvel Observateur

Por: Diego Firmiano

Si se entiende que la intención de un periódico debería ser la de poner en guardia el espíritu crítico de las personas, en vez de pretender facilitarle la vida, solo informando, la nota del periódico El Tiempo hecha por María Isabel Rueda sobre el científico Raúl Cuero cumplió su objetivo: la reacción del exprofesor de la nacional Rodrigo Bernal y otros científicos afines. La entrevista, que fue todo un suceso, pasó a ser importante, no tanto por su significación científica o social, como por su carácter novedoso, sorprendente, espectacular (no todos los días un hombre dice que ha inventado o patentado algo). En este contexto se entiende el artículo del ex profesor de la Universidad Nacional,  Los dudosos honores del científico colombiano Raúl Cuero, refutando en tono personal los alcances científicos del doctor Cuero.

Y es algo extraordinario que haya sucedido esto (que una persona refute una entrevista casi que primicia en otro periódico) porque eso demuestra que el aparato crítico de los lectores no tiene una función específica. Ningún lector común pudo despertar a tales aseveraciones del científico, a excepción de los comentarios alusivos al impacto noticioso. Pero ¿acaso la crítica no se encuentra suspendida por la sugestión de los medios tradicionales, que se arrojan veracidad y seriedad por el solo hecho de ser los oficiales? En este triste caso, hasta hace unos días, era popular escuchar sobre la gloria nacional de tener un científico negro que estuviera haciendo cosas importantes en Estados Unidos, dejando el buen nombre del país en alto; pocos días después, del artículo del profesor Bernal, se rumoreaba: “¿Oyó lo del científico?. “Que man tan falso”, “Negro tenía que ser…”.

Es evidente que la mayor falla del doctor Cuero fue ser lo que en Colombia se  llama en términos chabacanos “casposo”. Habló más de la cuenta. Pero los periodistas, que son los que saben más, incluso aventajando al entrevistado, deberían haber sopesado los evidencias, antes de dar veracidad a los datos. Aunque se alega que María Isabel Rueda leyó tres libros sobre el científico, antes de abordarlo y entrevistarlo. Por otro lado, también es inverosímil que se haya dado crédito fidedigno al sugestivo artículo del profesor Bernal,  que como él mismo dice: “la investigación para este artículo debería haberla hecho un periodista, no yo”.

Esto ya lo afirmaba Tomas Eloy Martínez: «De todas las vocaciones del hombre, el periodismo es aquella en la que hay menos lu­gar para las verdades absolutas. La llama sagra­da del periodismo es la duda, la verificación de los datos, la interrogación constante».

Este polémico caso del “desenmascaramiento” del doctor Cuero, que ni buscaba ser el centro de un meollo mediático, ni de un desprestigio atroz, sino que estaba invitado por el Sena y el Gobierno a dar charlas y conferencias sobre creatividad, deja al descubierto la superficialidad en la que ha caído los medios de comunicación. Porque el asunto, tiene un tema de fondo que tiene que ver con una lección periodística para futuras investigaciones biográficas o científicas. Ante este y ante cualquier acontecimiento noticioso, los lectores (de medios impresos) esperan que el medio de comunicación cumpla con su deber de:

1-    Decir la verdad

2-    Decirla según unos criterios de importancia y proporción

3-    Sopesar y valorar dicha información

4-    Y separar la información de los comentarios

La pregunta a conciencia que se hace es: ¿De qué se trata el periodismo hoy día en Colombia? ¿Del escándalo? ¿De informar antes que de verificar? Ya que con las prisa, la cólera o el delirio de comunicar, los periódicos en Colombia pueden incurrir en la grave falta de la pereza. Y el perezoso, trabaja doble. Con el afán de comunicar de prisa (primicia) en vez de comunicar bien, la verdad pierde y la seriedad noticiosa se convierte en comidilla del escándalo y el show. Jean Daniel, el director eterno de Le Nouvel Observateur, amigo de Camus, decía:

 «A los periodistas les aporta el gusto por la velocidad. La posibili­dad de que cualquiera pueda contestar a cualquiera. El hecho de que todo el mundo pueda ser un periodista y, en este caso, que los propios periodistas ya no crean en ellos mismos, porque se les cues­tiona en todo momento. Se está produciendo un descrédito de la función del periodista».

¿Qué lección extraemos del caso Cuero? Sencillamente que si no se sopesa la dialéctica de entrevistar, comunicar, refutar, se puede perder mucha claridad y seriedad a la hora de pretender hacer noticia. Sabemos que el caso Bernal vs Cuero es un caso esporádico, que no es un caso común, pero de los errores se aprende, porque de lo contrario, correríamos el error de que la prensa se convierta en chisme informativo y de una manera indirecta contribuya al bullying periodístico, al matoneo mediático. La pregunta final que puede hacer del periodismo arena movediza es: ¿qué pasaría si mañana se descubre que el profesor Bernal también tergiversó datos y mintió en su polémica nota de El Espectador?