No es de poca monta la discusión que hoy plantean los Países Bajos, como no lo es decidir sobre el tiempo que tenemos y queramos transitar por este mundo. La vida no es obligatoria, decir lo contrario es una premisa falsa en un mundo laico, válida en terrenos religiosos, pero incorrecta en el marco del derecho que regula de manera general las conductas sociales sin atravesar los distintos credos que profesen los ciudadanos(as).

 

Por / Adriana González Correa

Ya conocemos que, en Colombia, la eutanasia es una práctica médica legal en virtud a una sentencia de la Corte Constitucional de 1997 que despenalizó la conducta para el personal médico que la realizara.

Valga la pena aclarar que la penalización de la eutanasia en nuestro ordenamiento jurídico estaba enfocada solo en el personal médico (sujeto activo de la conducta), toda vez que disponer de la propia vida no puede constituir un delito bajo ninguna circunstancia. En ese sentido, el suicidio tampoco es una conducta punible.

La eutanasia, para ser legal, debe estar inmersa en ciertas situaciones. La primera de ellas es la existencia de una enfermedad de carácter terminal, cuyo diagnóstico médico sea claro, no se requiere que la expectativa de vida del paciente sea corta o larga, pues ya sabemos que la ciencia médica hasta el momento no puede predecirla, por ello se requiere que sea una enfermedad terminal, esto es que al paciente solo le quede un tratamiento paliativo.

El segundo elemento es la voluntad del paciente. Es éste, en pleno uso de sus facultades mentales, quien tiene únicamente el derecho a decidir sobre su vida y la terminación de la misma. Significa que solo y exclusivamente al paciente terminal le corresponde decidir si solicita la eutanasia.

El consentimiento no solo se tiene en el momento de la enfermedad; valga la pena aclarar que puede ser “anticipado”, es decir, que cualquier ciudadano(a) puede expresar libremente sin la latencia de una enfermedad, que está de acuerdo con la eutanasia en caso tal de no poder decidir en el momento determinado.

En el año 2015, por orden de la Corte Constitucional, el Ministro de Salud Alejandro Gaviria suscribió la Resolución No. 1216 por medio de la cual creó el protocolo para la práctica de la eutanasia, acto administrativo que le dio vía libre al personal médico en Colombia. Al mismo tiempo nos puso en un avance significativo frente a este derecho, resultando Colombia ser el primer país latinoamericano, e incluso frente a otros Estados desarrollados, en la legalización de la eutanasia.

El pasado año, un senador del Partido Liberal presentó proyecto de ley al respecto, el que fue derrotado por las mayorías legislativas con pensamiento conservador para el ejercicio de este tipo de derechos, legisladores que le ponen coto ético o religioso a las conductas sociales que implican disposición de derechos tales como el aborto o la eutanasia; pero sin duda esas mismas premisas no son aplicadas y alegadas frente a hechos deplorables como la corrupción, por lo que es claro que sus tesis moralistas no son más que argucias argumentativas para esconder su pacatería y doble moral.

En Países Bajos, el primer Estado en el mundo que legalizó la eutanasia, se discute hoy la ampliación de la práctica en los mayores de 70 de años que estén cansados de vivir.

Desde mi perspectiva creo que la disposición de la vida es un derecho de todos y todas y que la única excepción no puede ser la existencia de una enfermedad terminal, para que la muerte digna –que verdaderamente lo es– pueda ser garantizada.

Creo que cuando el deseo de vivir se termina –sin importar el motivo– todas las personas tenemos el derecho a tener una muerte asistida en condiciones de dignidad. La discusión moral y ética le corresponde exclusivamente al ciudadano(a), no al Estado. La visión religiosa frente a la vida es tan respetable como la de los no creyentes, es por ello que el Estado laico solo debe garantizar el respeto de ambas posiciones.

No es de poca monta la discusión que hoy plantean los Países Bajos, como no lo es decidir sobre el tiempo que tenemos y queramos transitar por este mundo. La vida no es obligatoria, lo contrario es una premisa falsa en un mundo laico, válida en terrenos religiosos, pero incorrecta en el marco del derecho que regula de manera general las conductas sociales sin atravesar los distintos credos que profesen los ciudadanos(as).

@adrigonco