La locomotora minero-energética de la mano con las multinacionales consumen el 22 por ciento del territorio del país, afectando pequeños mineros e indígenas.

Por: Valentina Ruiz Posada

Es más que evidente el plan de corrupción que por estos últimos años ha manejado el gobierno nacional con el modelo de extracción minera trasnacional, acaparando distintos bienes colombianos, como los pequeños mineros, la minería informal, desplazamiento de indígenas, campesinos y profundos impactos ambientales.

¿Qué beneficios le trae al país?, pregunta presentada ante las marchas de distintos estudiantes e indígenas; la cual produce una profunda burla en sus rostros. El beneficio para la nación es inexistente, esta acción desgarradora de la tierra solo produce miseria, desplazamiento, alteraciones, explotación, y simbólicamente la muerte del país dejándolo en olvido. Las trasnacionales y el capital de los accionistas que están involucradas son los únicos favorecidos; así ellos ganan y nosotros lo perdemos todo.

La locomotora sólo dejará pobreza, término que según el gobierno de Santos y economistas a favor, especulan ser abatido. Pero en realidad la explotación minera da paso a una muerte súbita de nuestro pulmón y único recurso natural que nos mantiene con vida.  La extorsión del régimen es evidente, sólo figuramos un gordo consumidor obsesivo de la tierra, desechándola como un aperitivo instantáneo lleno de soledad.

Teniendo claro que lo único que trae el plan de minería es muerte, veamos la cara oculta del hecho. La reforma a las regalías que deja esta exploración (llamándolo términos retóricos) está generando una re-distribución de plan de manejo que llegan por los recursos de la explotación minera, siendo en realidad estás nada más que un residuo de las inmensas ganancias que se están llevando las mineras,  lo único que produce como resultado es una competencia por parte de las regiones tras las absurdas regalías que dejan como migajas.

La paradoja se encuentra cuando esta realidad es destapada y cada ciudadano queda desnudo antes los demás, ya que, el gobierno está vendiendo nuestros recursos  a otros países y pocos dan cuenta de ello, por el contrario quienes sacan sus espadas de guerra, quedan débiles ante el código de minas el cual declara: “cualquier particular puede ser expropiado de sus predios si en su tierra se encuentra una mina”, generando polémica sobre si esto debe ser así. Las marchas generadas por los pensadores del mañana forman un movimiento que retumba en las calles de muchas ciudades, así los que están en sus casas viendo la realidad manipuladora de la “comunicación” luchan contra ese chip controlador para darse cuenta del riesgo que estamos corriendo.

Santos, en su gobierno ha reservado para su país minero 25 millones hectáreas del territorio nacional para la exploración, siendo esto el  22% del área del país, que hoy por hoy está siendo entregado a empresas extranjeras;  en un territorio que es la tercera potencial mundial en biodiversidad.

Un ejemplo claro se muestra en lugares vecinos. El Cerrejón, para obtener más carbón, tiene como estrategia el desvío del río Ranchería en 28 km de su cauce natural, lo que dejaría a todo el departamento de la Guajira sin un río, afectando directamente al resguardo indígena provincial Wayuu y su inevitable desalojo. También mencionando departamentos como el Cauca, Boyacá, Santander, Caldas, Magdalena, entre otros.

Estos territorios autónomos están siendo alterados por los modelos capitalistas que construyen cada día las sanguijuelas que se hacen llamar gobierno. Cada uno de nosotros como protectores de la madre tierra debemos descarriar o estrellar su locomotora bioenergética y su proyecto minero, empezando con las marchas de los sectores sociales quienes se unen en las calles, dejando desnudos los partidarios del poder.

La tierra al final contará la historia verdadera.