Gloria Inés Escobar (Columna)Así se repartiera la descomunal riqueza acumulada por los Buffett, Gates, Slim, Ortega, Arnault…, entre los pobres del mundo, nada cambiaría a largo plazo pues la estructura económica y política que garantiza y genera la desigualdad, quedaría incólume, de tal modo que más temprano que tarde la miseria retornaría para muchos, y la acumulación y concentración de riqueza, para otros.

 

Por: Gloria Inés Escobar

Las marchas que se están promoviendo muy activamente desde los medios de comunicación, desde el púlpito y desde los organismos del estado, en apoyo de la paz o del proceso de negociación con las Farc, no dejan de ser más que burda y barata demagogia.

La paz, si la entendemos como la cesación del conflicto armado, no se va a lograr ni aún en el supuesto de que la negociación que adelanta el gobierno con las Farc llegue a un acuerdo, y no se alcanzará por la simple razón que este grupo armado no es el único culpable de la violencia armada en nuestro país, puede que sea el más poderoso o más numeroso o más dañino o más antiguo pero están los otros grupos, por mencionar solo uno: los paramilitares en su nominación pasada o las Bacrim, en la presente.

Si de otro lado entendemos por la paz como el equilibrio social, como la estabilidad de la sociedad, si que menos vamos a lograrla con la “pacificación” del país a partir del potencial acuerdo al que se llegue en los diálogos que se adelantan en Cuba. Y no se logrará porque la causa del desequilibrio, del conflicto social, no es otro que la desigualdad entre los seres humanos, desigualdad que surge y se sustenta en la propiedad privada. Y aunque esto suene mal, incómodo, vetusto o anacrónico, es real. Ni la caridad, ni la beneficencia, ni la filantropía, ni la redistribución, ni el asistencialismo o paternalismo, pueden solucionar el problema de la pobreza o mejor, de la miseria, en que se hunden millones de seres humanos en el mundo.

Así se repartiera la descomunal riqueza acumulada por los Buffett, Gates, Slim, Ortega, Arnault…, entre los pobres del mundo, nada cambiaría a largo plazo pues la estructura económica y política que garantiza y genera la desigualdad, quedaría incólume, de tal modo que más temprano que tarde la miseria retornaría para muchos, y la acumulación y concentración de riqueza, para otros.

Así qué no basta la ausencia de conflicto armado, no bastan las buenas intenciones de quienes desean realmente la negociación con la guerrilla, no bastan los esfuerzos sinceros o fingidos por acabar con la miseria, germen de los conflictos sociales en toda cultura y época; de igual modo de nada sirven las oraciones, rogativas y demás para que por fin vivamos en paz. No, La Paz, solo se logrará cuando todas las relaciones entre los seres humanos dejen de estar mediadas por la propiedad privada, cuando la sociedad se sustente en la propiedad comunal al servicio de todos los seres humanos.