Lo mucho que se hace haciendo nada

SIMON BLAIRLos oponentes a la propaganda rebelde y de apoyo al paro agrario doméstico no se dieron cuenta que fue gracias al –no sé qué tan bien llamado- periodismo ciudadano que el país se enteró de los abusos del ESMAD

Por: Simón Blair

Tal vez entre en tema aislado de la actualidad, donde la información corre de aquí para allá y la última noticia sofoca la primera o la penúltima o cualquiera que no figure en primera plana; casos no sobran, pues nuestra gloriosa Selección Colombia fue desparramada en medios informativos y las últimas -qué gracioso- sobre el paro agrario se ahogaron en piscina de bajo fondo.

Después de la mítica victoria frente a Ecuador, los noticieros bombardearon más de lo debido y a primeras horas toda la información –ya sabida, por cierto- sobre los pormenores de la ganancia: pormenores que no pasan de ser más que un gol. Lo más gracioso es que al día siguiente de la derrota frente a Uruguay –país, éste sí mítico-  casi no se dijo nada o lo que es casi que nada; culparon, culparon, culparon: que la derrota fue causada por el director técnico, que Fulano no estuvo en sus días, que Tángano venía de sufrir por la muerte de su abuelita.

Y así, una tras otra, se van yendo las palabras de las noticias o artículos, hablando lo más borgeano posible, hacia el olvido total. Pero me salí del tema que aún no he propuesto.

Pasan tantas cosas y el mundo globalizado permite que la información llegue más rápido que hace unas décadas cuando solo se nos permitía entendernos con la prensa local y que, en caso de guerra, solo periódicas interferencias radiales de Radio Canadá, Radio de Londres, Moscú y Francia. Pero el tiempo, ése sí, inmodificable, no nos ha cambiado el tiempo límite de vigilia y entonces llega la cuestión de si debemos leer sobre el paro agrario o sobre la modelo que come mucha fruta y se engorda.

Y ahora que veo un atavismo en las últimas palabras pasaré a hablar del tema que sí creo central: la relación del paro agrario con las nuevas tecnologías. Me encontraba en clase, se tocó el tema y yo me dediqué a escuchar; es verdad que no recuerdo cómo surgió el debate en una clase de idiomas, pero uno de los interventores declaró que la gente que se dedicaba a publicar estados como Viva el paro agrario, abajo el presidente o Yo estoy con el paro, etc no significaba en últimas ninguna ventaja al nombrado paro que venían presionando los campesinos al gobierno de Juan Manuel Santos. Qué cuál es la relevancia de publicar un Estado cuando no se está en viva carne y sudor con los reprimidos en las calles alegando contra el poder estatal. ¿Qué beneficio y qué necesidad hay de sentirse coartado cuando no es uno mismo el que está combatiendo por sus derechos como ciudadano?

Ignoro en su totalidad si los interlocutores de dichos argumentos usan o no redes sociales, o si tal vez ellos saben diferenciar entre lo que deben hacer o no. Quizá se pasen el tiempo chateando con sus comadres o compadres sobre la nueva moda musical o la raquítica modelo que entró en coma…comprenden, los mencionados, que el Facebook solo está hecho para llevar viva la vida.

Y sí, tienen razón, las redes sociales sirven para lo mencionado, pero no solo para eso y me aburre este discurso del pragmatismo que mejor lo dejo.  Mis argumentos contra los interventores los resumo en lo que llamo suposiciones, es decir, oraciones construidas sobre la base de quizá, tal vez, o uno nunca sabe.

Quizá los oponentes a la propaganda rebelde y de apoyo al paro agrario doméstico no se dieron cuenta que fue gracias al –no sé qué tan bien llamado- periodismo ciudadano que el país se enteró de los abusos del ESMAD (qué horror escribir esta palabra con mayúsculas) contra la población civil, alegando contraataques de revoltosos. Y para ellos, revoltoso es un viejo en víspera de muerte que pela papas. ¡Qué peligro, no vayan a ser papas bomba!  También nos enteramos de los vándalos encapuchados que son felices tirando piedra y de los ¡oh, sí, gloriosos! infiltrados héroes de Colombia disfrazados como talibanes armando barullo bajo el comprometedor seudónimo de terroristas.

Y todo esto, no siendo más ni menos, con un solo click llamado Compartir archivo. ¿Entonces, no sirve que la nimiedad individual se multiplique hasta formar el conglomerado de indignados contra las políticas del gobierno? Y sobre este caso hay decenas de moralejas y metáforas que como gotas de agua hacen el mar. Pero no las digo porque me aburren y, además, páginas de Facebook las han reproducido hasta el cansancio.

Pero otra cosa me interesa menos: ¿cuál será la vigencia de este artículo?