CARLOS MARÍNLograr más de 13 mil millones con el dolor y la sensibilidad de los discapacitados es tan lamentable como ver en  un semáforo a personas que  se infligen dolor a sí mismas para generar lástima.

Por. Carlos Marín

Los semáforos en el país  se están convirtiendo en locales simbólicos para los que quieren ganarse la vida vendiendo comestibles, haciendo malabares o lo que es más triste, vendiendo drama con sus cuerpos auto mutilados; pero ojo, al ver la ‘Teletón Colombia’, un aire de dramatismo sin límites, bañado de historias sublimes, de cientos de lágrimas y miles de millones, puede ser comparado también con la lástima que se vende en las calles.

“Estoy llorando, las historias de la Teletón son muy bonitas, me escribió. –No te preocupes, como tú, miles de colombianos están llorando ahora mismo,  para eso está diseñada la jornada, respondí”

Pensando un poco en el asunto del semáforo y el drama que allí se vive, no es difícil encontrar como resultado  un espacio simbólico, representativo, de un valor atractivo para el desempleado discapacitado. Su oportunidad, los 30 segundos que tardan en cambiar a verde. Allí convergen los carros de la clase media, de la clase media-alta y de la clase alta como espectadores, cual show en vivo; el anciano en silla de ruedas, el hombre sin miembros inferiores, el señor al que le supura el brazo; muchos de ellos fingiendo, otros padeciendo el error de auto mutilarse.

La Teletón Colombia no es la excepción, y aunque no exista la regla; el show puede ser confortable en el sentido que toca el corazón de miles de colombianos, pero no de la manera como algunas marcas aprovechan el espacio para difundir  su nombre a costa de los más necesitados. Esto, sería entonces una doble mutilación, la discapacidad burlada por los bancos y las grandes compañías. En el semáforo, se suele fingir dolor; en la Teletón, fingir solidaridad.

Si las grandes marcas fueran tan solidarias como se muestran en los 30 segundos que suele tardar su tiempo en el evento benéfico, no tendrían que esperar para exponer el sentido social cada año.

La Teletón, como el semáforo, adquiere un aspecto simbólico, de forma como los bancos, las grandes compañías y hasta los mismos canales de televisión, se muestran ante la sociedad. Un banco, que por su funcionalidad y dinámica trabaja con dinero ajeno, termina siendo un voluntario de dimensiones caritativas. Una compañía de telefonía celular, que está hoy en el ojo del huracán, es vista como compasiva y aportante. Los canales de televisión, que siendo mutiladores de la información, terminan con respaldo de sus audiencias por tan noble labor.

El resultado de la Teletón Colombia, más allá de los 13 mil millones, no es otro que el resultado que se da en los semáforos, algunos donan por compasión, otros lo evitan por conocimiento y otros, como yo, por confusión.

Finalmente es lindo saber que el 70% de las donaciones, según lo dice Emilia Ruiz, Presidenta de la Fundación Teletón, es por parte de la gente; gesto que genera aún más dudas. En esta sociedad tan indiferente a la política, a la educación, a la salud; ¿le cabe tanta solidaridad para los discapacitados? No sé, es un tema de formato, es un tema de manipulación de la lástima.