MIGUEL ÁNGEL RUBIO OSPINAEl no saber si a la campaña política del doctor Samper entraron o no dineros del narcotráfico, “era igual a si un elefante se mete  tu casa y no te enteras”

Por: Miguel Ángel Rubio

En la década de los noventas los animales circenses deambularon por el palacio Liévano y por la casa de Nariño, respectivamente; cada uno a su debido momento y en su debida medida. El primero, fue testigo presencial de un matrimonio,  pues para toda Colombia fue  algo extraño y cómico ver cómo el alcalde de Bogotá, el profe Mockus, se casaba con su actual esposa hoy veedora del distrito capital (el mismo en el que manda una perrita de nombre Bacatá y que carga a un alcalde acariciándole el lomo),  sobre un elefante, acompañando el rito con algunos tigres de bengala, y un notario, este último era quizá el más normal de todos los animales asistentes al rito conyugal.

Por esa misma época, antes o después, para el caso no importa, pues viene siendo lo mismo,  monseñor Rubiano, máximo prelado (no pelado, eso es otro tema)  de la iglesia católica colombiana, interpelaba al entonces presidente Samper por sus nexos probados con el narcotráfico, dada su financiación en la campaña política, en los siguientes términos. El no saber si a la campaña política del doctor Samper entraron o no dineros del narcotráfico, “era igual a si un elefante se mete  tu casa y no te enteras”. Así que el elefante salto del palacio de Liévano como testigo de matrimonio burgomaestre, a ser cómplice de un delito político.

En el congreso de la república son muy comunes los micos, cada rato por las cámaras de la televisión vemos congresistas diciendo que tal ley tiene tantos micos, etc., en ese sentido, empezamos a entender por qué tenemos las leyes que tenemos, eso sucede cuando un grupo de primates son los que firman y legislan en Colombia.

Hace pocos días, se viene hablando en el país de la aprobación de la iniciativa faunolegislativa, que propone prohibir en el país los circos con animales salvajes para espectáculos. La ley 224 de 2012 contempla la prohibición solo para animales del tipo elefantes, tigres de bengala,  cebras, entre otros, y solo permitiría el uso de animales domésticos. Sin embargo, la ley no dice nada sobre congresistas ni ministros. Eso es muy grave. Veremos por qué.

Ustedes se imaginan, ¿qué vamos a hacer los pereiranos con el senador Soto, otra vez haciendo sus necesidades en las calles de la ciudad? Si ya de por sí desde Bogotá la tiene como la tiene, ¿qué podemos esperar si esta especie, que estaba allá en cautiverio en su celda, tranquila,  regresa ya del todo a Pereira? En Caldas, por ejemplo, la cosa ya empezó a ponerse peluda, los dinosaurios están volviendo al poder desde que la ley empezó a calar por los medios.  Omar Yepes, uno de los de la llamada “coalición”, ha vuelto a la escena circense, quise decir política, al tomar las riendas del circo azul llamado Partido Conservador.

Podremos los colombianos calmar la sed de burocracia de Roy Barreras por ejemplo. Alcanzarán todas las procuradurías del país para mantener esta especie a raya. ¿Y qué solución propone la ley para animales de condición trepadora como Benedetti, o para animales cuyo estado de ánimo es voluble como Navas Talero?

Las leyes en Colombia siguen teniendo baches, no es justo que solo los hermanos Gasca se puedan quejar en medios y tengan que cambiar de espectáculo, ellos por lo menos mantienen  a los animales en cautiverio y sus dietas son razonables; no es justo insisto, que solo ellos puedan mojar medios, los colombianos tenemos derechos a que los animales sueltos a partir de este momento no nos sigan mojando y otras cosas que no digo.

Hay algo que me preocupa: la dieta excrementicia de Gerlein, eso sí va a generar un problema de salud pública, en momentos donde ningún colombiano tiene salud.

Creo que es momento de que alguien demande esta ley, aunque para monseñor Rubiano montar un circo con elefantes de ese corte, puede ser más rentable que el negocio religioso.