Aunque el TLC ha sido presentado como la panacea para exportar más productos colombianos a Estados Unidos, lo cierto es que con él ocurrirá como en la época de la apertura económica de Gaviria en los años 90.

Por: Humberto Gutiérrez Peláez

Si algo enseña America Latina es que los pueblos no podrán forjar su ventura sin tener en cuenta el concierto mundial y la época histórica con las cuales se enmarca ineludiblemente el desenvolvimiento de cualquier país quienes desafíen las tendencias universales del desarrollo, hagan una evaluación errada en dichas materias, o busquen sustraer sus cabezas de avestruz de las tormentas internacionales, no evitaran que las repercusiones internas de la refriega externa los golpeen a la larga o a la corta.

El TLC en Colombia indiscutiblemente llevará a la ruina a grandes sectores no solo agrícolas sino industriales, solo desde el plebiscito del 1 de diciembre de 1957 que protocolizara esa dulce armonía en torno al poder instaurado sin la menor oposición, no habíamos asistido a un entreacto como el presente, la firma del Tratado de Libre Comercio, veamos:

Aunque el TLC ha sido presentado como la panacea para exportar más productos colombianos a Estados Unidos, lo cierto es que con él ocurrirá como en la época de la apertura económica de Gaviria en los años 90, que se presentó con el mismo discurso, y lo que pasó fue el incremento en las importaciones agrarias e industriales, lo que propició el desastre social que estallo en esos años. Estudios ya hechos señalan que las exportaciones de Estados Unidos crecerán el doble que la exportaciones de nuestro país, porque la capacidad económica de los EE.UU., que es mucho más amplia, se quedará con todos los instrumentos de protección a su economía en tanto nosostros perderemos casi todo.

Ocurre lo mismo con la Propiedad Intelectual, poner todo el peso de las leyes y del poder del Estado para negar la competencia y fortalecer el monopolio de las trasnacionales y los altos costos que vienen con este, en detrimento de la salud de los compatriotas y del progreso científico y tecnológico en todos los campos de la producción, el TLC tiene entre otros propósitos arrebatarle al país la posibilidad de recorrer los caminos de la producción compleja y los desarrollos científicos y tecnológicos avanzados.

Para tal fin eso muestra a la larga que los procesos de privatización seguirán adelante, pues la idea es que los grupos financieros especulativos internacionales al fin tendrán la oportunidad de apoderarse de nuestros recursos, tanto hídricos como energéticas.

Es esta la demostración de que el consenso de Washington se aplica porque se aplica por encima de los intereses más sentido de la población, que sin lugar a dudas ampliara la brecha entre pobre y ricos, a si el Gobierno Nacional diga lo contrario y muestre cifras totalmente contraria a la verdad de los desposeídos del territorio nacional

Las gabelas al capital extranjero, la flexibilización laboral, es decir, la puesta en marcha de la “maquila”, las Leyes 100 de salud y la 142 de 1994 de los Servicios Públicos Domiciliarios, son entre otras los obstáculos que deberán sortear los trabajadores y los usuarios respectivamente para sobrevivir al más desigual enfrentamiento a este tratado.

El TLC significa otorgarle a los inversionistas estadunidenses en Colombia una en extremo leonina gabela de condiciones favorables, tan descomunales que les permiten explotar el mercado interno y, no solo eso, no podremos controlar la importaciones y la entrada y salida de los capitales gringos.

Al final la lápida dirá: “Aquí existió un país otrora próspero”.

Gracias a la postura entreguista y arrodillada de un Congreso pusilánime y un gobierno arrodillado.