Inician diciendo que la vida comienza desde la implantación, para luego, cuando ya no pueden soportar ése débil argumento, advierten que el sistema nervioso es quien da la característica del dolor. ¿Y esa vida absolutista dónde queda?

 

SIMON BLAIR (IZQ)Por: Simón Blair

Hace una semana Gloria Inés Escobar, columnista de este sitio, publicó una contundente  columna en la que defendía y aclaraba sus posturas con respecto al movimiento “provida”. Hoy me espaciaré en algo que, a simple vista de los defensores de ese colectivo irracional, puede resultar otro inútil intento para desbaratar sus posturas defendidas por el adoctrinamiento, la mera opinión y la desfachatez de los oídos sordos.  El argumento esencial de los próvida es el siguiente: “la vida comienza desde la concepción y punto” sin importarle, por un segundo, reflexionar al respecto. Es más: ni siquiera la ciencia ha logrado definir concretamente dónde comienza realmente la vida. La unión de dos personas –y en esto no hay duda- puede desencadenar el proceso para finalmente darle un comienzo, pero de ahí a asegurar que un espermatozoide clavado en el óvulo es una forma de vida concreta es rotundamente precipitado.  O incluso ellos pueden plantear un problema más serio: el desarrollo del sistema nervioso es cuando definitivamente se puede sentir dolor.  Una falacia más: inician diciendo que la vida comienza desde la implantación, para luego, cuando ya no pueden soportar ése débil argumento, advierten que el sistema nervioso es quien da la característica del dolor. ¿Y esa vida absolutista dónde queda?

La realidad, sin duda es otra. ¿Qué logran las presiones del movimiento provida a través –y principalmente- de entidades políticas como el Partido Conservador? Hacer de sus políticas el flamante espejismo de toda una sociedad. Sabemos hasta el cansancio que la penalización no funciona: sólo en Colombia, más de cuatrocientos mil mujeres abortaron clandestinamente, según un estudio del Instituto Guttmacher y según el Ministerio de la Protección Social esta práctica es la tercera causa de muerte materna en el país.  Sólo en España, según el mismo instituto Guttmacher, son setenta mil mujeres las que mueren en un año por recurrir a esta actividad ilegal. ¿Es eso, acaso, “provida”? Sin duda que no. Es irracionalismo puro: sacrificar vidas de miles de mujeres que sienten necesidades, sufren como cualquier ser humano y tienen emociones por un feto que, en últimas, no podemos saber si llegará a ser igual. Es sacrificar impíamente lo real por lo que podría ser.

Además -y no hace falta repetirlo ya que Gloria Inés Escobar lo dijo- la vida no es solamente salir del cuerpo de la madre. Implica demasiadas cosas que los militantes provida no pueden dar. Vivir desamparado, sin las condiciones mínimas de supervivencia, sin amor, sin los medios necesarios para lograr una buena educación, apartado del mundo; eso puede ser cualquier cosa menos una verdadera vida.

¿Y qué dicen ellos de las seiscientas mil mujeres (por supuesto hay muchísimas más, sólo imaginemos las regiones apartadas, olvidadas y de difícil acceso de África donde es imposible realizar censos) que mueren alrededor del mundo por practicarse abortos clandestinos?

Nada, no dicen nada. Están demasiado ocupados en defender posturas religiosas y moralistas como para prestarle atención a la realidad.