Ellos, y tantos otros, intentan refundar el periodismo argumentando que “los tiempos han cambiado”. El resultado de tan generosa iniciativa es un periodismo holgazán que confunde informar con leer tuits y compartir videos.

 

juan-alejandro-jaramillo-colPor: Juan Alejandro Echeverri

Cada día escucho más voces decir que la gente ya no lee, que los periódicos –y los libros- van a desaparecer, que no hay una forma rentable de financiar el periodismo. Muchas de esas voces son de periodistas (y personas que enseñan periodismo), su diagnóstico del apocalíptico estado de las cosas está hecho con una soberbia digna de un selecto grupo que lee 15 libros por año, que ha dignificado la profesión con su rigor, que labura sin preocuparse por la quincena.

Lo particular es que no les escucho decir a esas personas que la información ya no es un bien social sino una mercancía como cualquier otra; que ya no hay tiempo –ni responsabilidad- para verificar si lo que pasa (o lo que las agencias de noticias dicen que pasa) sí pasó realmente; que cada vez hay más periodistas haciendo de todo, menos periodismo.

Y para la muestra un botón: el 29 de octubre, como si de un líder de opinión se tratara, Semana publicó una nota sobre Jhon Jairo Velásquez, alias ´Popeye´. “Al quitar seguridad a Ordóñez, Colombia va rumbo a un magnicidio”, ese era el titular de la noticia que citaba las palabras del otrora sicario al servicio de Pablo Escobar.

Todos tienen la autoridad de decir las barbaridades que quieran, la libertad de expresión les da esa potestad. Por ende, los medios de comunicación están en todo su derecho de ser el atril del personaje que ellos consideren más atractivo para su audiencia. No debería extrañarme entonces que el buscador de Semana arroje un sinfín de publicaciones al escribir la palabra “Popeye”, y que solo arroje una al escribir Rafael Jairo Vides –nombre del estudiante del Sena que inventó un dron capaz de detectar y detonar minas antipersonales.

Ellos, y tantos otros, intentan refundar el periodismo argumentando que “los tiempos han cambiado”. El resultado de tan generosa iniciativa es un periodismo holgazán que confunde informar con leer tuits y compartir videos

Quizás haya llegado la hora de pararnos frente al espejo, mirarnos de la misma forma implacable que miramos a otros, y darnos cuenta de lo que somos: una especie de profesionales que ha pervertido su profesión; una secta gitana, como la de Melquiades, que no trafica lupas sino desgracias ajenas; una comunidad que autoevalúa su cantidad de likes y nunca su dominio del lenguaje; periodistas que se empeñan en hacer de su oficio el más universal y fácil del mundo.

Llegó la hora de preguntarnos si en realidad queremos ser eso. En cuanto a los que somos ya lo tenemos claro, por si tienen dudas, pregúntenle a los editores de Semana que prefieren subir al atril a un sicario que ahora dice ser YouTuber, y no a un joven que pasa sus días pensando cómo puede salvar vidas cuando la sociedad le dice que la única vida que tiene que salvar es la suya.

@j_alejo16