Gloria Inés Escobar (Columna)Si algo ha caracterizado a buena parte de nuestra fauna política es su inmensa capacidad camaleónica, hoy se visten de un color y mañana de otro, hoy son de izquierda mañana liberales; hoy son liberales radicales y mañana liberales moderados; hoy son conservadores y mañana del puro centro (¿alguien entiende que significa el puro centro?); hoy son de aquí, mañana de allá.

Por: Gloria Inés Escobar Toro

Mucho se ha dicho y se dirá por largo rato más sobre la destitución de Petro como Alcalde Mayor de Bogotá. Sus detractores, que no son pocos ni débiles, se solazan repitiendo sus errores, su falta de capacidad administrativa, su arrogancia; sus defensores, menos poderosos, resaltan en cambio su labor en favor de los más pobres, por ejemplo los recicladores, los más olvidados, los que menos importan. Unos y otros tienen largos listados de “evidencias” para defender su respectiva posición, pero lo incuestionable es su destitución que no tendrá reverso a pesar de… y lo peor y más grave para él, la muerte política a la que ha sido condenado por el poder omnímodo del procurador Ordoñez.

Lo más curioso, pero no extraño, es que fue precisamente Gustavo Petro, en contravía de sus copartidarios polistas en un diciembre también, de 2008, quien dio su apoyo para la elección de Ordóñez como Procurador General de la Nación. Es decir, alguien que está amparado bajo las toldas de la izquierda vota a favor de un candidato ultraconservador representante de la derecha más radical del país. Una lógica difícil de defender pero con resultado obvio, bien dicen por ahí que mal paga el diablo a quien bien le sirve.

El hecho, repito, no es para nada extraño, pues si algo ha caracterizado a buena parte de nuestra fauna política es su inmensa capacidad camaleónica, hoy se visten de un color y mañana de otro, hoy son de izquierda mañana liberales; hoy son liberales radicales y mañana liberales moderados; hoy son conservadores y mañana del puro centro (¿alguien entiende que significa el puro centro?); hoy son de aquí, mañana de allá. Y claro, para camuflar todos estos virajes que no demuestran otra cosa que el afán de poder y la ausencia de principios, se inventan todos los nombres posibles que como el de puro centro, los verdes, los opción ciudadana, los cambio radical, los de la U, los polistas, etc., nombres también camaleónicos para confundir incautos.

En el caso de Petro, por ejemplo, que venía de un movimiento de izquierda, el M-19, hoy se define a sí mismo como un demócrata radical, tal vez el calificativo radical le sirva para demarcarse y crear distancia de los demás demócratas que fecundan nuestro suelo, o tal vez para reafirmar que en verdad sí es un demócrata y no el más radical de los de la coalición del Polo, es decir, de la izquierda oficial, como alguna vez se dijera de él.

Recapitulando, Petro representante de un partido de izquierda –el Polo–, vota por Alejandro Ordóñez representante de un partido de derecha –Conservador-, porque de acuerdo a sus declaraciones, apoyaba el interés del candidato a procurador de enfrentar a las mafias y a los poderes corruptos. Pues bien, ese mismo Ordóñez, a pesar de que en sus cinco razones para destituir e imposibilitar la continuidad de la carrera política de Petro, no le imputó ningún acto de corrupción ni de mafia, no tuvo ningún inconveniente en herirlo con su espada divina porque él sí muy consistente con su ideario y su filiación política, no admite pluralidad alguna en ningún sentido: ni ex­-guerrilleros en la política, ni defensores de comunidades LGBTI, ni adalides de políticas que toquen los intereses particulares de la clase dominante. El pluralismo como política a la que acudió Petro para defender su voto al procurador, no le funcionó en su caso.

No hay que ser ingenuos, este país avasallado por la politiquería y en manos de los defensores de los intereses privados no va a permitir que ningún ex-guerrillero ejerza el Poder -el grande-, no aquel que tuvo y puede volver a tener en cabeza de gobierno o alcaldía de departamentos como Nariño, para mencionar un ejemplo; sí, tal vez en regiones periféricas donde no se decide nada de vital importancia para la economía, no se tocan los intereses de los dueños del país y donde no hay grandes riquezas de las cuales sacar provecho, puedan tener los ex-militantes de la guerrilla, cualquiera sea ella, alguna “palomita” (como la de Navarro Wolf) que servirá siempre como evidencia para demostrar ante el mundo y nuestros propios ojos, que Colombia vive en una verdadera democracia y que el pluralismo es su esencia. Lo demás es delirio.