Vi las reacciones de los marchantes a las pancartas, de casos tan reales como la mermelada santista, pero como los casos no eran de mermelada sino de tamal, la furia les consumía, los insultos no fueron pocos, “traidor” fue quizás la más agresiva fuera del rango de las groserías que cayeron como balas: “¡fuera, fuera, fuera!”, gritaban los marchantes anticorrupción.

 

Por: Azby Rosas

El reciente vídeo de #HolaSoyDanny con el caricaturista Vladdo me dejó una enseñanza algo fría, desafió lo que pensaba, me explico, quizás no soy el único de los que apoya el proceso que ha escuchado el argumento de “ellos no quieren perdonar” en referencia a esos del NO en sus distintas facciones. Nos conmovió ver a las regiones afectadas por el conflicto votar mayoritariamente al Sí, y nos dolió ver las grandes ciudades caer ante el NO, no pudimos sino interpretarlo como una falta de capacidad para perdonar lo actos del conflicto, pero no podíamos estar más equivocados.

El desacuerdo con el acuerdo no fue la única razón para marchar, aunque quizás la más fuerte entre los marchantes, también contra la reforma tributaria, por la defensa de la familia –¿de qué?, aún nos preguntamos–, contra la corrupción “en general”, en fin.

En el vídeo ambos protagonistas explican lo incongruente de las razones de la marcha combinadas con los convocantes de la misma, pero eso ya lo hemos escuchado en decenas de columnas que llovieron tras el anuncio de la marcha. Lo que realmente me caló a tal punto de cambiarme el chip fue el hecho de aprovechar una de las razones con las que se invitaba a la marcha –la corrupción– para sumarse a ella con pancartas que criticando el mismo mal que nos afecta, no correspondían exactamente al público para el que iba dirigida la marcha.

Dos carteles mencionaré, anexaré fotogramas. El primero dice “No + falsos positivos”, más la ilustración de una calavera con un tiro que aún sangra; el segundo, un cartel donde dos personajes: uno con traje de obispo y otro elegante esperando la bendición dicen juntos: “No a la compra de votos”. El obispo se parece a Ordóñez, el feligrés que espera es similar a Uribe, quizás es mera coincidencia, no tiene nada que ver con que el asunto de los falsos positivos –desapariciones forzadas las llaman en otras latitudes– haya sido una forma por la cual los militares de la época de la Seguridad Democrática lograron obtener bonificaciones o días libres, ni tampoco tiene que ver con que tanto Uribe como Ordóñez compraron votos –cada uno a su manera única pero similar– para asegurar su reelección, razón por la que el obispo, perdón Ordóñez, fue destituido de su cargo como Procurador.

Casos de corrupción reprochables, porque uno desangró nuestra gente, y el otro también, motivos completamente razonables para rechazar la corrupción generalizada, una razón para marchar, razón por la que estos dos youtubers de más de 40 salieron este primero de abril a las calles de Bogotá, con sus carteles –hechos a mano, no impresos en litografías, como muchos– y fue ahí en las calles donde encontré la verdad sobre la mentira que me había estado echando durante meses, desapareció de mi esa afirmación que reza: “ellos no quieren perdonar”. Vi las reacciones de los marchantes a las pancartas, de casos tan reales como la mermelada santista, pero como los casos no eran de mermelada sino de tamal, la furia les consumía, los insultos no fueron pocos, “traidor” fue quizás la más agresiva fuera del rango de las groserías que cayeron como balas: “¡fuera, fuera, fuera!”, gritaban los marchantes anticorrupción. Fue necesaria la policía para evitar la agresión física que no hubiera demorado en llegar; al final los sacaron de la marcha, el resto es historia.

Los uribistas que se ofendieron con la realidad me dejaron la reflexión más clara que en mucho tiempo he tenido, me dejaron claro que ellos sí son capaces de perdonar, son capaces de perdonar lo que sea, son capaces de perdonar a quien les dé la gana, mientras esté bajo la bendición de Uribe.

Yo por mi parte les perdonaré la marcha, pero no olvidaré su hipocresía.