No, la respuesta no está en Google, colegas. La respuesta está en nuestras manos, en estos mismos dedos que escriben ahora. Esperemos que cuando esté presentando en unos años los resúmenes de las telenovelas de la noche anterior después del noticiero del medio día, nadie recuerde mis palabras.

Por: Miguel Ángel López

Ya  que se le cantaron los 30 años a Semana, los periodistas bebieron, fumaron cigarrillos, rieron, lloraron y siguieron escribiendo. No se puede negar la importancia de la revista en el periodismo colombiano, la calidad de sus artículos, de sus columnas, de sus títulos, y sobre todo que es el comodín en el país para hacerse sonar medianamente informado. Pero valdría la pena tomar esta fecha y ver cómo se encuentran los medios colombianos.

Partamos del hecho que, si bien la muerte de Guillermo Cano y el cierre de la revista Cambio fueron noticias en su momento, ya nadie recuerda estas fechas; tan poca es la importancia que le dan a los medios y a los periodistas en el país que hasta se atreven a demandar a dos columnistas por lo que dijeron en sus artículos.

Ahora bien, ¿qué le brindamos al colombiano común? El Tiempo es el único periódico que llega a todo el país, y El Tiempo miente, mas no porque Uribe lo dijo un domingo en la mañana incontables veces en su Twitter.

Canales, pues canales hay ¿no? Está RCN y Caracol y  luego… RCN telenovelas y Caracol internacional, que es al fin y al cabo telenovelas. No me malinterpreten, pues no se niega la existencia de Canal Capital, Señal Institucional,  Canal Congreso, Teleantioquia, Canal U, Arquidiócesis de Tunja… ¿qué? En fin, hay canales, ¿pero cuáles se ven?

Sí, solo se ve uno que se resume en un calvito en camisa negra que habla en las mañanas, y unos jóvenes en camiseta negra que pelean en las noches. Y el otro, pues, si no contamos un par de programas que solo dan los domingos en la noche después de la película de acción que llevamos viendo 10 años, pues digamos que todavía nos reímos con También Caerás y por eso lo dan en la madrugada.

Y la radio, claro, pues tenemos La W que nos mantiene súper informados siempre y cuando Julito no me cuelgue. Mentiras, la gente solo escucha la W en el momento de tener visitas, de resto planchamos a ritmo de Olímpica, La Mega, Oxigeno, y demás aglomeraciones de periodistas mal hablados que de alguna forma creen que poner a un enano a contar chistes es un ejemplo de radio.

Sin embargo, ha habido y hay muchos ejemplos de buen periodismo en el país, recordemos la revista La Hoja de Medellín en los años 90 o un periódico que circula ahora mismo en Medellín que se llama Universo Centro, más la abundante camada de medios virtuales que tenemos a un click de distancia; el problema es que nadie los lee. El problema es que, los mismos periodistas, no los hacen.

¿Cómo llegó un periódico como El Espectador a su actual posición? Muy bien sabemos que no fue un éxito mediático tipo Pirry o La Cosa Política, no, para que un medio salga adelante hay que ser verraco. Solo que es entendible que es muy duro pasar años sin comprar zapatos nuevos o cambiar de celular, que lo más sencillo es conseguir trabajo en un medio donde todos nos vean entrevistando el último eliminado de la casa estudio, y que los padres crean que por el hecho de salir en televisión no estamos ganando menos que los 100 administradores de empresas de la universidad privadas más cercana. De nuevo, es entendible, yo también he cedido frente a una chaqueta de cuero o un forrito de BlackBerry que alumbra.

Entonces, en cuanto a medios nos quedamos a medias, y más que señalar a los pobres consumidores, hay que tocar con el dedo a los productores. ¿Qué producimos los periodistas en Colombia? ¿Qué tanto perseveramos en el sueño romántico del periodismo que todo estudiante tiene? No, la respuesta no está en Google, colegas. La respuesta está en nuestras manos, en estos mismos dedos que escriben ahora. Esperemos que cuando esté presentando en unos años los resúmenes de las telenovelas de la noche anterior después del noticiero del medio día, nadie recuerde mis palabras.