MEDIOS DE COMUNICACIÓN, ¿AL SERVICIO DE QUIÉNES? (I)

Es así como desde hace varios años el poder político y los medios de comunicación no tienen una simple relación, sino que parece un matrimonio muy sólido.

 

Por / Fabián Morales

Los medios de comunicación han sido uno de los vehículos más importantes del poder para transmitir sus mensajes hegemónicos y, tanto a nivel nacional como regional,  los partidos políticos tradicionales han creado o se han aliado con ellos para difundir  discursos a la medida de sus  intereses.

Por ende, la información en Colombia en buena medida está controlada por grandes empresas privadas o por las mismas familias que gobiernan desde hace más de 100 años como intermediarios de intereses de potencias extranjeras, dejando poco espacio para las opiniones contrarias y los temas relevantes para la ciudadanía, e imperando la antidemocracia, la parcialidad, la desinformación, la mentira y su interpretación de la realidad.

Sin embargo, dicen periodistas como Daniel Coronell, que antes, cuando había más participación del sector público en los grandes medios, era mayor la oportunidad de control, especialmente en la política,  dado que,  según él,  en aquel entonces –antes de la entrada de los canales privados de televisión en 1998– cada expresidente o familia presidencial eran propietarios o tenían influencia en los noticieros más importantes y esto permitía cierto control en las más altas esferas del poder, sin ser ese el escenario ideal. Y como en Colombia todo puede ser peor, ahora tenemos un panorama más adverso que el descrito por Daniel: la información está más concentrada en pocas fábricas de información privadas .

Ómar Rincón y Ana Lucía Magrini dicen  sobre esta relación de política y medios que: “…. a finales del siglo 20 se rompe la comunión medios-gobierno: el proceso de globalización y el capitalismo financiero llevan a un paradigma mediático  de paulatina mercantilización; los medios pierden su conciencia de ser perros guardianes de la democracia y se convierten en negocios enamorados con el lucro, la opinión pública como mercado y el poder sobre la toma de decisiones de los gobiernos y la política …” tratándose entonces  de empresas en un alto porcentaje con fines de lucro, sus contenidos no van a ser emitidos con imparcialidad y veracidad sin antes ser revisados por los propietarios y mirar su conveniencia.

Es así como desde hace varios años el poder político y los medios de comunicación no tienen una simple relación, sino que parece un matrimonio muy sólido, pues saben que juntos tienen una gran capacidad de influencia sobre la población. El trabajo de los medios de comunicación no es una simple labor instrumental, han dejado de ser un espacio de representación de la política, especialmente en los medios privados, para ser el lugar  de la política;  también son  actores del poder y tienen intereses económicos e ideológicos, se han atribuido la autoridad de decir, de no decir e inventar; se encargan de producir percepciones, representaciones, juegos de sentidos y entregar e inducir a la población a marcos de interpretación de la realidad.

¿Qué han dejado?, ¿cómo trabajan en la actualidad?, ¿qué papel ha jugado el periodismo?, ¿qué pasa en los grandes medios de Risaralda y los medios alternativos?, ¿qué esperanzas existen en este escenario donde las élites se juegan tantos intereses? En los próximos artículos se dará una opinión general sobre este asunto de gran relevancia para la ciudadanía.

Las ruinas que viene dejando durante décadas el sistema político económico en el país, son cada vez más evidentes. Diversos sectores manifiestan su inconformismo en contra de las medidas gubernamentales y los grandes medios han tomado partida ante esta realidad. Lamentablemente su participación sigue siendo la misma, pero cada vez más marcada y descarada a favor de los gobiernos de turno, los partidos tradicionales y los grandes capitales nacionales y extranjeros.

En su matrimonio con el poder, los grandes medios nacionales exhiben más las agendas que benefician esta relación, qué temas se hacen visibles, cuáles no, cómo se narran o cómo se interpretan. Responden a su lógica empresarial y a su línea ideológica, claro está, en buena medida como lo expresa Ómar Rincón, este trabajo se hace dentro de un gran macrorrelato de entretenimiento.

Así gran parte de la política y de los temas que orientan el destino de la población van presentados en relatos melodramáticos, historias cinematográficas, imágenes amarillistas e impactantes, espacios de confrontaciones venenosas, entre otra variedad de sazones para inducir al ciudadano a seleccionarlas. Cada medio con su goce narrativo, explica Rincón, permitiendo así que imperen más los relatos de su mercadotecnia que la veracidad.

Ante esto, se aíslan los argumentos, el sano debate, la democracia y la ideología diversa, mientras los medios y los partidos tradicionales imponen un escenario de política emocional, el cual les facilita influenciar a la población en la toma de decisiones.

 

¿Periodistas? “Virreyes” de la comunicación

Los virreyes en la época de la Colonia eran los representantes del rey en territorio americano, encargados de aplicar sus órdenes y mantener el control en vastos territorios, actualmente bajo dominio estadounidense. Una de sus herramientas es poner líderes de opinión en un papel con semejanzas a la de los virreyes de la Colonia, pero esta vez no controlando territorios directamente, sino influenciando a grandes sectores de la población con la línea de pensamiento neoliberal. Debido a esto, sus comunicadores públicos son bastante cuestionados por la opinión y en los últimos años su trabajo ha pasado de ser de baja calidad a ser grotesco e irrespetuoso.

Las mesas de trabajo de noticias o  programas de análisis  han llegado a ser lugares de difusión oficial de sus alianzas políticas. Personajes como Enrique Peñalosa, uno de los políticos más desastrosos presentado como un gran administrador y urbanista, o Iván Duque, político de ultraderecha mostrado como un académico moderado, han sido algunos de sus embutidos más grandes.

En cuanto a sus comunicadores en medios radiales, encontramos personajes con claro carácter de ubicación social y también claros conflictos de intereses. Hasta hace poco tiempo el ya retirado Darío Arizmendi, persona con capital en paraísos fiscales; o Darcy Quinn, esposa de uno de los hombre más poderosos del país con una fortuna creada en parte con negocios parasitarios en empresas de servicios públicos; o el clasista y antimovilizaciones  Julio Sánchez Cristo, quien actúa como un viceministro de comunicaciones de diversos gobiernos; Alberto Casas, exministro conservador, progobiernista y proestadounidense, y el no tan “democrático” Gustavo Gómez, son algunas de las voces  que  millones de colombianos escuchan  para “informarse”  sobre la realidad nacional.

Si bien es  verdad que  existen otras alternativas para hacerlo, la infraestructura y capacidad que manejan como grandes medios, les permiten imponer comunicadores de estas características a un grupo muy importante de colombianos.

También, no muy lejos de los ya mencionados, hallamos estilos más rastreros aún, capaces de cualquier tipo de señalamiento o silenciamiento mediático.  Personajes como las María Isabel Rueda, los Luis Carlos Vélez, las Salud Hernández, los Hassam Nasar, entre otros “virreyes”, expulsan un nivel de vociferación venenoso,  por su actuar pareciera que fuesen hasta capaces de avalar un genocidio, su trabajo da una tonada más oscura a la antidemocrática comunicación que opera en el país.

Por otra parte y de forma breve,  las noticias en  televisión –actualmente el medio más consumido– han acoplado el formato de informativo. La información allí es superficial y menos detallada, a su vez poco imparciales, su periodismo en búsqueda de la verdad queda determinado muchas veces por la legalidad y no en los hechos ni las investigaciones.

De otro lado, en la prensa nacional, donde acuden las audiencias más alfabetizadas, las unidades investigativas han sido reducidas a su mínima expresión. En  el periódico con más influencia en Colombia  su accionista mayoritario es el hombre más poderoso del país, y  aunque sale más información que la que sus dueños desean publicar, es un medio que a lo largo de su historia ha vetado al periodismo investigativo, como lo denuncia Alberto  Donadío, experiodista de El Tiempo y exmiembro de las unidad investigativa de dicho periódico.

En general,  la prensa  ha venido  cerrando y vetando  los pocos  espacios periodísticos. Uno de los motivos, el choque de los periodistas con la línea de pensamiento de los propietarios y  aunque aún en algunos periódicos hay espacios para ejercerlo, la crisis es notable. A esto se le suma la situación económica de varios medios escritos que ha conllevado a drásticos recortes de personal.

Como resultado, el común de los grandes medios son “acríticos” y complacientes con el poder, muchas veces transmiten mecánicamente los discursos del gobierno, difunden falsos y eternos relatos como por ejemplo el de la lucha antidrogas, una de las farsas mediáticas más grandes de las últimas décadas.

No subrayan las mentiras con las que cínicamente los más poderosos bombardean y hasta se burlan de la gente, se obsesionan con perseguir los delitos de los más pobres, ya que les produce alto rating, no tienen que torturar tanto los sinónimos, ni mortificar el idioma  y no los mete en problemas con las castas de más altos pesajes  del país.

Algunos hechos graves primero son investigados por medios de comunicación internacionales o salen a la luz después de escándalos por intenciones de censura, incluso de los mismos medios donde trabajan los periodistas que hacen las investigaciones; cuando intentan irse a fondo en una investigación importante para el país, dejan que la verdad se diluya en todas las opiniones como dice Alberto Donadío, versión a, versión  b , versión c… juzgado tal,  Corte tal  etc , quedando la población sin elementos precisos para dictaminar sobre lo sucedido.

En el caso de los grandes medios como RCN, Caracol, El Tiempo o noticieros importantes como  Cm&, más allá de sus diferencias, en algún momento cada uno ha actuado como oficina de comunicaciones de los inquilinos de la Casa de Nariño.

Para finalizar esta entrega, el periodismo que respeta la verdad y le da elementos a la población para ilustrarla sobre temas vitales, es uno de los grandes perjudicados. Le han venido quitando mucho terreno, su labor cada día se la dificultan más, pandillas de abogados mirando cada palabra en los informes periodísticos, censuras y una labor asfixiada por el poco patrocinio y los bajos ingresos hacen que actualmente el periodismo –una labor que requiere buen tiempo y dinero– sea una labor de verdaderos titanes y patriotas. Mientras esto ocurre,  a los “virreyes” de la comunicación los falsifican como los profesionales del periodismo que por ningún lado  son.

@edisono85