Memorando a los futuros comunicadores sociales

Por último, les digo que no dejen que nadie sueñe por ustedes.  Claven sus pies en la tierra y sueñen cosas imposibles, inalcanzables. Soñar no produce dinero, pero los va obligar a caminar.  

 

juan-alejandro-jaramillo-colPor: Juan Alejandro Echeverri

Yo también estudio una carrera que según sus egresados –y las personas en general– no da plata. Yo también he pensado que la sociedad no me necesita. Yo también me he preguntado por qué no elegí ser carnicero, astrólogo, bibliotecario o cualquier otra cosa. Yo también soy víctima del estereotipo que asegura que mi carrera es una fábrica de maniquíes y mártires a gran escala. Yo también quisiera saber si nos parecemos a quienes nosotros decimos ser, o si nos parecemos a quienes dicen que somos.

Soy uno de ustedes –uno más– uno de tantos. Como no soy vidente, me niego a pronosticarles tiempos prósperos; como tampoco soy farmaceuta, me siento incapaz de recetarles la cura contra sus angustias prelaborales. Simplemente, como parte del problema que soy, me siento incapaz de dejar morir, sin intentarlo todo, algo que he querido mucho.

Primero quiero decirles que crean en ustedes, nadie más lo va hacer.

No se rasguen las vestiduras cuando escuchen que la comunicación –quintaesencia de la vida en sociedad– no es importante.  

Además de acumular riquezas y engrosar una hoja de vida, trasciendan.

No deje que los califique una nota.

Pregúntense si lo que están haciendo sirve de algo o si simplemente es basura cibernética.

A donde vayan dejen algo: es mucho más valioso, y difícil, dibujar una sonrisa en el rostro de un niño wayuú que levantar una torre en una ranchería de La Guajira: para lo primero no existen manuales, para lo segundo basta seguir las instrucciones.

No vayan a la universidad con la intención de aprender a redactar un objetivo, diseñar un logo, o aprender a escribir una noticia. Si eso es lo que realmente quieren, lo pueden lograr acostados comiendo crispetas en el sofá de sus casas.

Desconfíen del sentido común.

Obedézcanle a Leila Guerriero: “Acepten trabajos que estén seguros de no poder hacer, y háganlos bien”.

Si van a cubrir un evento no sean los últimos en llegar y los primeros en irse.

Olvídense de ser la estrella sin la cual el medio, la empresa o la junta comunal no pueden brillar. Dejen que sean los resultados quienes hablen por ustedes, dejen que sean ellos quienes expliquen su razón de ser en el mundo.

Equivóquense ahora, ahora que los errores solo cuestan una nota.

Recuerden que la mejor forma de honrar la verdad es buscándola con los propios ojos.

Nunca olviden que su materia prima son vidas humanas.

Escuchen mucho y hablen poco.

Y los que van a caminar por las pantanosas aguas del periodismo –aunque todos digan lo contrario– demuéstrenle al mundo que ni el tendero, ni el empresario, ni el físico cuántico pueden hacer lo que ustedes hacen: salven su profesión, nadie más puede hacerlo por ustedes.

Sean eternos aprendices.

Deseen ser los mejores, pero nunca crean serlo ni aun siéndolo.

Coleccionen palabras, olores, miradas, lugares, y entrénense en el arte del desapego.

Sean sus jefes más implacables.

No lo digan primero, díganlo mejor.

Viajen, todo lo que puedan, para que no se ahoguen en sus propias verdades.

No van a cambiar el mundo, pero peor es no intentarlo –o no quererlo cambiar.

Encuentren una pasión que arda hasta que los consuma.

Tatúense este credo: “Sean curiosos: miren donde nadie mira, hurguen donde nadie ve. No permitan que la miseria del mundo les lleno el corazón de ñoñería y de piedad”.

Por último, les digo que no dejen que nadie sueñe por ustedes. Claven sus pies en la tierra y sueñen cosas imposibles, inalcanzables. Soñar no produce dinero, pero los obligará a caminar.  

@j_alejo16