Miguel angel lopezDe nuevo nos encontramos con la doble moral de los colombianos. Está mal un poco de tinta en la piel, pero no tener ese manía tatuada al corazón. Porque la mayoría prefiere un procedimiento ya que va más acorde con la “belleza colombiana”

Por: Miguel Ángel López

Esta semana estuve viendo el trabajo del francés Morgan Dubois. Antes de que entren a Google, les aviso que no es ningún escritor, pintor, diseñador o arquitecto. Dubois es un francés que en el local Empreinte Bodyart en Lyon realiza perforaciones y modificaciones corporales o body  morb.  Para ver un video de su trabajo, dé click aquí. Pero advierto que  a muchos les incomodará verlo.

Para los que no conocen el body morb, son modificaciones corporales más allá de las típicas perforaciones. Expansiones, escarificación, dermal punch, bificación de lengua e incrustaciones. En fin, la cantidad de procedimientos en realidad se limitan a la imaginación de quienes trabajan en esto.

Sé de primera mano lo que piensan muchos colombianos sobre las perforaciones y los tatuajes. Pero más allá del estigma social, muchos se asustan al ver que una persona es capaz de pasar por ese dolor físico para cambiar su apariencia. Si se asustan por una perforación en la nariz, ya se imaginarán sus expresiones al ver estos procedimientos que comprometen más el cuerpo.

¿Cómo es posible que usted se pase agujas por el cuerpo? ¿Cómo se abre esos huecos tan grandes en la oreja? Que yo no sé cómo la gente se aguanta ese dolor de tatuarse. En fin, conozco personas que incluso afirman que aquellos que modifican su cuerpo de esta manera son masoquistas.

Bueno, pero al parecer no tiene nada de macabro que una mujer deje que le corten sus senos y le introduzcan dos bolas de silicona líquida. Es completamente normal que una persona se deje introducir una mini aspiradora en su abdomen para que le succione toda la grasa. Y bueno, qué niña de 15 años no quiere que un médico le parta la nariz con un martillo, para luego volverla a armar. Ellos no son masoquistas.

De nuevo nos encontramos con la doble moral de los colombianos. Esta mal un poco de tinta en la piel, pero no tener ese manía tatuada al corazón. Porque la mayoría prefiere un procedimiento ya que va más acorde con la “belleza colombiana”, no cambia el hecho que todos somos capaces de aguantar una cantidad de sufrimiento por vernos como queremos.

Ya muchos dirán que estas operaciones las realizan con anestesia y es muy distinto. Primero, el daño al cuerpo es el mismo, esté usted drogado o no. Segundo, ¿por qué no hablamos de los post operatorios? Ji Yeo, es una fotógrafa coreana que se prestó  a cuidar mujeres en sus post operatorios con la condición que se dejaran fotografiar. Su trabajo retrata dicha realidad.

No estoy en contra de ninguna de las dos prácticas, por el contrario, me parece hermoso que cada quien tenga la oportunidad de modificar su cuerpo y llevarlo a su propio ideal de belleza. Como dicen los ingleses: “Beauty is in the eye of the beholder”, la belleza está en los ojos de cada quien. A diferencia de lo que muchos piensan, no considero que un procedimiento estético esté directamente relacionado con un bajo autoestima. Que habrá gente que lo haga por esta razón, sí; pero pienso que muchos también piensan distinto a los demás y repercuten su pensamiento en su apariencia.

Unos prefieren gastar millonadas en ropa, otros van al gimnasio todos los días. Hay mujeres con cabello largo y otras con cabello corto. Hay hombres con panza y otros bien delgados. De esta misma manera, hay quienes se ponen tetas, otros prefieren un expansor en su labio. Mi cuerpo, mi belleza. Al final, el único que se ve al espejo soy yo.