SIMON BLAIRHemos eliminado la mayoría de problemas que afectaban a nuestros ancestros y hemos avanzado muchísimo en la carrera histórica. ¿Cuántos de los que idealizan el pasado tienen en cuenta el dato de muertes y el nivel de vida de hace 200 años o más?

Por: Simón Blair

Hace unas cuantas semanas publiqué la que quizá sea la columna más criticada y admirada de todas las que he escrito (La vuelta del bobo o de la madre Laura). Fue reseñada o mencionada en muchas páginas ateas, tanto en Facebook, como en la web.  Me di cuenta, por una mención en Twitter, porque de lo contrario hubiera sido imposible.

Las críticas que recibió me las hizo saber un amigo, y creo que se podrían resumir en la frase que me quedó sonando en la cabeza por varios días: que yo, al pronunciarme sobre las creencias místicas de los nativos, y considerarlas ridículas, estaba faltando al reconocimiento de mi “ser histórico”.

Estuve, de igual manera, reflexionando sobre el sentido exacto del “ser histórico” y llegue a las siguientes conclusiones:

No creo que porque “algo” o “alguien” me precedieran en el tiempo merece mi respeto, sino que es un asunto que no reconoce su ubicación en una cadena histórica (es tan ridículo como decir que Stalin o Lenin eran malos porque eran ateos).  Creo que esta conclusión lo dice todo, pero como lo prometí en plural, entonces continuemos:

Respetar las creencias o costumbres que son degradantes, y seguir como si nada, simplemente aludiendo a  la “identidad de los pueblos” o a quedarme callado simplemente porque “es su cultura”, me parece de igual forma perverso. ¿Quién, hoy, puede estar de acuerdo con la cruel extirpación del clítoris que hacen los indígenas a sus niñas? ¡Qué persona normal puede aceptar esto!  Y sin embargo, son muchas…

Yo soy de los que pienso que uno no debería llamar padre o madre o hermano (en el sentido idealista de la palabra) a quien no se lo merece.  ¿Llamar padre a quien simplemente tiene una relación de sangre y genes? Uno debe ganarse ese derecho de ser llamado como este o aquel…Me parece que esta es una buena analogía porque no se estarían rechazando nuestros orígenes indígenas, pero sí estaríamos teniendo en cuenta toda la cantidad de barbaridades que estos pueblos cometen. ¿En qué momento yo no me reconocí como “Ser histórico”? Nunca lo hice, pero critiqué a los nativos, del mismo modo que puedo criticar a mi padre sin dejar de ser su hijo.

Yo creo que todo el problema radica en ese romanticismo por el pasado, por las lejanías de lo que fue y nunca más volverá. Yo, incluso, a veces tengo arrebatos idealistas por él, como imaginarme cartas escritas a puño letra llegadas desde países lejanos y sellados con un beso o un abrazo. O cuando la mayoría de la población mundial vivía en el campo, o las máquinas de escribir, etc. Sin embargo, comprendo que todo no es más que bonitos recuerdos, pero que no pasa de ahí. ¿Para qué esperar una carta durante semanas cuando a través del correo electrónico está al instante?

Carl Sagan se sentía afortunando de haber nacido en una época en la que ya se viajaba a otros planetas, pero decía que hubiera sido más feliz si su nacimiento se hubiera postergado cien años.  Hemos eliminado la mayoría de problemas que afectaban a nuestros ancestros y hemos avanzado muchísimo en la carrera histórica. ¿Cuántos de los que idealizan el pasado tienen en cuenta el dato de muertes y el nivel de vida de hace 200 años o más?

Tampoco reniego del valor cultural de estos pueblos indígenas, pero sería tan absurdo empecinarme en defenderlos; es como si un español rompiera en lágrimas porque sus ancestros hicieron a diestra y siniestra con los nativos de América.

Y vuelvo a afirmar: Yo no reniego mis orígenes, pero me niego a defender las actividades y creencias perversas que ellos mantienen.