Andrés Mejía GallegoNo quiero caer en el juego de los mismos candidatos, de desbaratar en vez de proponer, no voy a entrar a señalar los errores y los escándalos que se han destapado en esta campaña presidencial, yo no lo veo, como muchos de ustedes, como un voto por el menos malo, yo voto en este caso por una propuesta de paz

Por: Andrés Mejía Gallego

Durante muchos años de mi vida he permanecido callado. Se me ha enseñado que para evitar confrontaciones o discusiones que no llevan a ningún sitio es mejor evitar expresar ideas que puedan chocar contra las de otros, y así lo he hecho. En silencio me he tragado ideas, opiniones, preguntas, y he vivido en relativa calma, sin chocar con nadie, sin exponerme al escrutinio de nadie. Creo que me he equivocado bastante. Hoy quiero romper ese silencio y hablar sobre la situación política de mi país.

Desde que nací he vivido en un país en guerra. Los narcotraficantes, la guerrilla, el paramilitarismo, la delincuencia común y el Estado han aportado sus balas, han hecho sangrar al país, nos han llevado al hastío, a la inconformidad y resignación. No he vivido el conflicto de cerca, no he sentido el dolor de perder un familiar en hechos violentos, pero he sufrido en silencio los titulares noticiosos, los encabezados de los periódicos; he visto cómo mi país se sumerge en una espiral de violencia. Nos ha vuelto violentos, nos ha hecho creer que ante la violencia nos toca responder con más violencia, nos ha hecho contradecir nuestros códigos morales.

Personalmente fui parte de este fenómeno; hastiado de la burla en que se convirtió el fallido proceso de paz en el Caguán, apoyé la postura militarista de Uribe y encantado por su personalidad, disfruté cada golpe que durante su gobierno sufrió la guerrilla; enceguecido por sus resultados militares, voté para su reelección. Probablemente lo habría hecho de nuevo para un tercer mandato, aun cuando el que pretendiera acomodar la Constitución a su antojo, me parecía incorrecto. Al sufrir el revés jurídico que significó para él, la inexequibilidad del referendo dictada por la Corte Constitucional de Colombia, empecé a ver los primeros indicios de que mi ídolo, hasta ese entonces, tenía una seria adicción hacia el poder. Puso todas sus fuerzas políticas en apoyar la campaña de nuestro actual presidente, Juan Manuel Santos, prometiendo a diestra y siniestra que sería éste quien llevaría las riendas del país bajo los ideales uribistas. Juan Manuel fue elegido presidente, aun cuando muchos jóvenes apostamos todos nuestros ideales a figuras más nuestras de la política como Antanas Mokus, Gustavo Petro y, en ese entonces, Germán Vargas Lleras.

A los pocos días de iniciado el gobierno de su sucesor se dio la ruptura. Uribe, viendo que Santos (quien es todo un camaleón político, valga decirlo) tenía su propia agenda de gobierno, se convirtió en el peor enemigo del que se suponía iba a cuidar sus huevitos. La figura mediática (y mesiánica para muchos colombianos) utilizó su prolífico Twitter y cuanta oportunidad tuviera para achacarle a la casa de Nariño los mil y un problemas que venían gestándose incluso desde su gobierno. Claro ejemplo de ellos el fallo del litigio por San Andrés, o paro agrario fruto de los TLC firmados por Uribe en su gobierno, fueron usados por este como espadas de guerra que buscaban simbolizar la debilidad del actual Jefe de Estado. Uribe, coloquialmente hablando, peló el cobre.

Siendo Uribe el rey por tanto tiempo, fui ciego a los escándalos que a su alrededor pululaban. Vínculos con el paramilitarismo, las famosas chuzadas, los falsos positivos, fueron hechos que opté ignorar por mucho tiempo; decía yo que el fin justificaba los medios, que para disfrutar de la paz necesitábamos sacrificar algunas libertades personales. Incluso estuve dispuesto a irme a la guerra contra Venezuela en el rifirrafe que entre Chávez y Uribe armaron. ¿Qué tan negra era la venda que tenía cuando por mi cabeza cruzó la idea de matar venezolanos? ¡Enorme! Hoy me aterro ante la idea de pensarlo, dos pueblos hermanos enemistados por las diferencias de sus dirigentes, las manos de miles untadas de sangre por las necesidades de quienes llevan los hilos del poder. La imagen de Uribe Superstar se empezaba a derrumbar en mi interior.

No quiero caer en el juego de los mismos candidatos, de desbaratar en vez de proponer, no voy a entrar a señalar los errores y los escándalos que se han destapado en esta campaña presidencial, yo no lo veo, como muchos de ustedes, como un voto por el menos malo, yo voto en este caso por una propuesta de paz, porque creo que es necesario que bajemos las armas de una vez y, quizás sea muy incauto de mi parte, pero creo que estas negociaciones van por buen camino. Estoy cansado de vivir en un país en guerra, estoy cansado de que nuestro país tenga que comprar armas en vez de comprar libros, estoy cansado de ese sentimiento de violencia y hastío que nos ha llevado a querer acabar por la fuerza con nuestros propios compatriotas. Existen mejores formas de hacer las cosas y la guerrilla parece estar dispuesta a dar el paso definitivo, ¿estamos listos nosotros, los civiles, a darlo? Yo sí. Los invito entonces a creer. A construir país juntos.

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