Naturaleza y Migración

Las catástrofes naturales que ocurren frecuentemente en el mundo, con los impactos que nos atemorizan, evidencian que la humanidad se enfrentará cada vez más a migraciones o desplazamientos forzados por factores medioambientales.

Por: Wooldy Edson Louidor

Terremotos, erupciones volcánicas, huracanes, tsunamis, inundaciones,  etc., figuran entre estos eventos que dan miedo no solamente por su furia y los entornos de alto riesgo (debido a la poca capacidad de respuesta, los altos niveles de vulnerabilidad socio-económica y la exposición a altos riesgos naturales y humanos en algunos países), sino también por la imposibilidad de controlar de manera absoluta sus efectos sobre el ser humano.

Si bien se puede reducir los riesgos y la vulnerabilidad de las sociedades con programas de prevención, entre otros, para impedir que se conviertan en catástrofes; sin embargo,  siempre hay unos “imponderables”, relacionados por ejemplo con el desplazamiento forzado. Uno de los factores que dificultan la prevención y –sobre todo- la atención a tales migraciones forzadas es justamente la existencia de un gran plexo de vacíos, es decir, un conjunto de obstáculos, dificultades y carencias de todo tipo que impiden el acceso de migrantes/desplazados/refugiados ambientales a sus derechos.

De hecho, el primer vacío –que es conceptual- es que ni siquiera se ha nombrado o categorizado de manera formal a las víctimas de tales eventos: ¿son “migrantes medioambientales”, “desplazados medioambientales”, “eco-refugiados”, etc.? Tampoco hay claridad sobre cómo identificar y analizar las necesidades de estas víctimas: en un contexto de desastres o catástrofes naturales, ¿las víctimas solamente necesitan asistencia humanitaria o también precisan de la protección de sus derechos humanos como grupos específicos -por ejemplo, como niños, niñas y adolescente, como mujeres, como indígenas o afro, etc.- y también en el mediano y largo plazo? Por ejemplo, los contextos de desastres son propicios para la perpetración de violaciones sexuales por parte de delincuentes inescrupulosos. Además, seis meses después (o incluso antes), se suele olvidar a estas víctimas medioambientales en la prensa y en la agenda gubernamental o mundial. Existe un vacío analítico.   

Tampoco disponemos de un instrumento de protección internacional para garantizar el acceso de tales víctimas a servicios básicos (sobre todo, cuando éstas cruzan una frontera internacional). Las víctimas no sólo ven afectadas sus capacidades para conseguir alimentación, acceso a salud, educación, vivienda, etc., sino que –en muchos casos- pierden las condiciones sociales, políticas y económicas (pauperización) que hacen posible el acceso a estos bienes o servicios: es decir, se les vulneran sus derechos humanos fundamentales. Se evidencia un vacío de derechos. Finalmente, en algunos países no existen suficientes fondos y muy poca capacidad administrativa e institucional para atender a las víctimas en el mediano, corto y largo plazo. Se trata de un vacío administrativo e institucional.

Paralelamente a estos diferentes vacíos, siguen creciendo los desplazamientos forzados internos por desastres (superando de lejos las cifras de desplazamiento forzado interno por conflicto o violencia).  Solamente el año pasado, en el mundo hubo 24.2 millones de nuevos desplazados forzados internos a causa de fenómenos naturales –en particular, huracanes- en China, Filipinas, la India, Indonesia, Estados Unidos, Cuba, Bangladesh, Myanmar y Sri Lanka; contra 6.9 millones de nuevos desplazados forzados internos debido a conflictos y a la violencia, según los datos del Consejo Noruego para los Refugiados (http://www.internal-displacement.org/global-report/grid2017/ ).

La protección de los derechos humanos de las víctimas del desplazamiento forzado a causa de catástrofes naturales constituye indudablemente un gran reto para el mundo de hoy.