La frase se repite hoy en todas las manifestaciones de mucha parte del extenso territorio norteamericano, como una consigna premonitoria frente al cansancio generalizado de la población debido a la desigualdad que se manifiesta en el racismo, en el machismo, en la homofobia, en la misoginia, la desigualdad social y demás penurias que vivimos los pobladores de este tiempo.

 

Por / Adriana González Correa

No puedo respirar, fue la última frase que pronunció George Floyd en Minneapolis, mientras un ‘pequeño’ policía blanco aplastaba el cuello de este hombre ‘gigante’ afroamericano. Las paradojas de la historia.

La frase se repite hoy en todas las manifestaciones de mucha parte del extenso territorio norteamericano, como una consigna premonitoria frente al cansancio generalizado de la población debido a la desigualdad que se manifiesta en el racismo, en el machismo, en la homofobia, en la misoginia, la desigualdad social y demás penurias que vivimos los pobladores de este tiempo.

La semana pasada pudimos ver un horroroso programa de la costa caribe colombiana, en el que un tal humorista Fabio Zuleta entrevistaba a un ‘supuesto palabrero wayuu’ y sin sonrojo alguno degradaban a las mujeres de esta etnia a un simple objeto sexual que se compra y se vende.

Hoy la conversación jocosa es un escándalo al que se le ha dado la calificación correcta de conducta delictiva con el nombre de trata de personas y que se afirmó está siendo investigada.

Puedo dar fe, porque durante muchos años acompañé a las mujeres y la comunidad wayuu de Bahía Portete en la búsqueda de justicia frente a la masacre cometida en su territorio y ordenada por Jorge 40 –padre del hoy, ratificado por una mujer ministra, en el cargo de “Coordinador del grupo de víctimas” del Ministerio del Interior–. Paradojas de la historia.

Esa masacre es un atentado a la dignidad de la mujer wayuu. Comunidad matrilineal –no matriarcal– en la que la mujer juega un rol muy importante, porque es en quien descansa la línea de sucesión familiar. Tienen poder político casi igual que los hombres, pueden ser palabreras (la figura que equivale al abogado conciliador que busca resolver los conflictos interfamiliares o entre clanes), en sus asambleas las mujeres tienen tanta capacidad de intervención como de decisión y definición.

Por eso, creo que debe ser un farsante que se autodesignó palabrero (valga aclarar que los y las que conozco son personas mayores, diría, de 50 años), miente al decir que las niñas y las mujeres wayuu se pueden comprar a buenos precios dependiendo de su edad y virginidad. En mi experiencia y tiempo vivido con ellas y ellos, esa afirmación me parece impensable e ignominiosa contra la cultura wayuu. Pero es un típico caso de violencia machista que convierte a la mujer en un objeto sexual. Un palabrero wayuu que desconoce su cultura matrilineal. Las paradojas de la historia.

“No podemos respirar” las mujeres… y mientras escribo esta columna llegó el mensaje del asesinato de Paula González, una estudiante de la UTP desaparecida el sábado y encontrada muerta en el Parque del Oso o parque de la PAZ, el domingo 31 de mayo, sin signos de violencia física y a la espera del dictamen de medicina legal que informe si hubo violación y si es un feminicidio. Otra paradoja de la historia con el parque de la paz.

Como George Floyd, no podemos respirar… las mujeres, l@s indígenas, l@s afrocolombian@s, l@s campesin@s, l@s líderes(as) sociales, l@s defensor@s de derechos humanos, los trabajadores y trabajadoras de este país y demás sectores sociales asfixiados por la exclusión y la marginalidad.

Pero sin duda, la violencia machista, el racismo, la xenofobia, la homofobia, la pobreza, la desigualdad y todos sus estereotipos, son las situaciones que ya no dejan respirar a gran parte de las almas que vivimos en este inmenso planeta. Y, aunque el temor por el coronavirus puebla nuestras mentes, las injusticias pueblan nuestros corazones y son las que han desatado las grandes manifestaciones en USA que se están extendiendo a Alemania, Reino Unido y con una pertinente y dolorosa consigna: NO PODEMOS RESPIRAR.

@adrigonco