Vasos plásticos verdes y transparentes de todos los tamaños; botellas de Ron Viejo de Caldas, de agua, de gaseosas; empaques de bocadillo, de chiclets Adams; bolsas plásticas y de papas Margarita de limón. Todo esto tirado por la carretera y hasta guantes y gorros lanzados a la ribera de la Laguna Negra. ¡Todo un basural!

 

DIANA CAROLINA GOMEZPor: Diana Carolina Gómez Aguilar

Todos, o casi todos, sabemos que Colombia posee una perla con las siguientes y magníficas características: 58.300 hectáreas, una altura entre los 2.600 y 5.321 msnm, temperaturas entre los 14 °C y los -3° y que, desde el 30 de abril de 1974 se denomina Parque Nacional Natural Los Nevados, una maravilla natural sin duda alguna.

Las fuentes fluviales que provienen de sus cumbres nevadas y sus páramos abastecen los acueductos de todas las comunidades del país a través de su  particular, bella y frágil flora.

Visitarlo es aún más sorprendente, puede uno sentirse en otro planeta; todo depende de la capacidad de asombro de cada quien. La vegetación va cambiando notoriamente a medida que se asciende en el camino y como también ya ustedes saben, disminuye la temperatura de manera abrupta; la niebla va apoderándose poco a poco de nuestra capacidad de visión y respiración y el rocío sobre las plantas va ilustrándonos de forma específica cómo es que funciona ese ecosistema tan importante para nuestra supervivencia y la de todas las especies.

Esta corta descripción de tan increíble regalo de la naturaleza sobre nuestro territorio, es ya un motivo suficientemente fuerte como para que cada habitante del país piense en protegerlo y respetarlo. Pensaría uno, o más bien pensaba yo, que las personas que deciden vivir la experiencia de visitar una de estas zonas son de esas que quieren respirar aire puro, que conocen el valor de tales áreas del país y que de antemano tienen clarísimo que son áreas frágiles y de inminente cuidado.

¡Sorprendentemente no es así! La semana pasada el universo anunciaba un espectáculo asombroso, para el viernes 12 de agosto se avecinaba una lluvia de estrellas que nosotros podríamos contemplar, y qué mejor lugar para mirar hacia el cielo que uno de los páramos del PNNN, una posibilidad gratuita de vivir una experiencia extraordinaria. Un cúmulo de gente llegó al lugar donde me encontraba y al cabo de un par de horas todo era caos. Bebieron ron como si no hubiese un mañana; gritaron, cantaron, hicieron fogata, quemaron pólvora. Sí, en un páramo quemaron pólvora, todo muy razonable y sensato.

Lo más absurdo de todo se vio al otro día. Era 13 de agosto a eso de las 6:30 a.m, cuando la zona se iluminaba con la no muy generosa luz solar que alcanza a bañar al páramo Cumanday; los variados colores de las basuras arrojadas por los visitantes de la noche anterior resaltaban entre el amarillento color de la hierba paramuna.

Vasos plásticos verdes y transparentes de todos los tamaños; botellas de Ron Viejo de Caldas, de agua, de gaseosas; empaques de bocadillo, de chiclets Adams; bolsas plásticas y de papas Margarita de limón. Todo esto tirado por la carretera y hasta guantes y gorros lanzados a la ribera de la Laguna Negra. ¡Todo un basural! A eso quedó reducido el sector, una zona del corregimiento Laguna Negra que fue declarada como protegida en el año 2012, pero que al parecer a los “turistas” poco les importa el concepto.

¿Por qué siempre con los humanos son así las cosas? ¿Por qué cuidamos los bienes naturales solo cuando están a punto de perderse? ¿Por qué nos preocupamos por el ecosistema únicamente cuando un río se seca y ya no hay nada por hacer? Si usted es uno de esos que arroja las basuras y desperdicios a la calle, o es usted uno de esos personajes que visita una zona tan frágil como lo es un páramo y se dedica a quemar pólvora, y dejar empaques de comida por todas partes, lo invito a que haga consciencia, a que aprecie la magnitud de la maravilla natural que tiene ante sus ojos, que tal vez en unos pocos años desaparezca o se transforme como resultado del impacto de la contaminación que usted está dejando en su suelo. Véalo como suyo. ¿O es que usted en su casa no arroja las basuras en los recipientes correspondientes? ¡No sea basura para el páramo, ni para el país, ni para usted mismo! Valore el aire que respira, no vaya a ser que le toque usar tapabocas en poco tiempo.